EN BUSCA DE ALEJANDRO

(Historia y arqueología)

Gonzalo Pulido Castillo

"La inmortalidad que le negó la naturaleza se la concedió la posteridad. La figura del joven rey que murió en Babilonia en la flor de su vida ha dado siempre de nuevo alas a la fantasía de los hombres... y el nombre de Alejandro seguirá viviendo en tanto exista la cultura europea que en buena parte es consecuencia de la obra de su vida"

(H. Bengtson) (1)

"Dejó grandeza en todo lo que hacía, conquistó un mundo desconocido en unos pocos años y creyó que era más dios que hombre. Al morir dejó atrás imperios en guerra, una base común de cultura griega y un recuerdo que fascinó a los hombres desde entonces."

(E. Weber) (2)

INTRODUCCIÓN

El nombre de Alejandro Magno evoca aún una época heroica y legendaria en la que él fue figura principal. La estela de su gloria ha sobrevivido al tiempo y al olvido y lo ha colocado en ese paraíso inmortal donde sólo habitan los seres privilegiados que, como él, han dejado huella perdurable en los caminos de la historia.

Alejandro es, lo fue siempre, un mito. Su personalidad real, con sus luces y sus sombras, y su peripecia vital, llena de grandes aciertos, pero también con algunos errores, se han visto desdibujadas, primero por sus contemporáneos, amigos o enemigos, y luego por la posteridad, que ha hecho de él un símbolo, un paradigma del hombre que cree en su propio destino y se enfrenta audazmente contra los obstáculos que le impiden alcanzar su ideal.

Alejandro creía ser descendiente de Aquiles y, como él, prefería una vida corta, pero gloriosa, en lugar de una existencia dilatada y mediocre. Como los elegidos de los dioses, murió joven, antes de cumplir los treinta y tres años, pero fue el conquistador de un imperio que llegaba desde Macedonia hasta la India, incluyendo Egipto, Asia Menor y Persia. Los tres siglos siguientes a su muerte, el llamado período helenístico, recogieron el fruto de su inquietud espiritual: unir a todos los pueblos del mundo con el lazo común de la cultura griega.

La sombra de Alejandro recorrió la Edad Media cristiana y musulmana. Fue modelo para héroes y gobernantes y motivo de meditación para filósofos y escritores. Hoy los arqueólogos creen haber encontrado su sepulcro o, por lo menos, imaginan estar sobre la pista correcta. El futuro lo dirá. Pero aunque nunca encontremos su rastro físico, su recuerdo permanecerá vivo mientras existan sobre la tierra seres que luchen por alcanzar sus ideales.

BREVE BIOGRAFÍA DE ALEJANDRO

Nació en Pela, capital de Macedonia, en el año 356 antes de Cristo. Era hijo del rey Filipo y de su esposa Olimpia. Recibió educación griega y fue alumno del filósofo Aristóteles. Era muy aficionado a la literatura y a la música. Recitaba fragmentos de las obras de Eurípides y de otros poetas. Siempre llevó consigo un ejemplar de La Ilíada, que leía con frecuencia. Desde muy joven practicaba los más duros ejercicios físicos y soportaba valientemente el cansancio, el hambre y la sed. A los dieciséis años acompañó a su padre en la batalla de Queronea contra la coalición tebano-ateniense. La caballería macedonia, mandada por Alejandro, derrotó al "batallón sagrado" de Tebas, lo que permitió la victoria de Filipo.

Cuando su padre murió asesinado, Alejandro ocupó el trono de Macedonia. Tenía entonces veinte años. Se hizo nombrar stratgós por la Liga griega y se dispuso a combatir al tradicional enemigo de la Hélade: el Imperio Persa. En el año 334 derrotó a los persas en Gránico y al año siguiente en Isos. En diciembre del 332 conquistó Egipto y fue consagrado faraón. Un mes después fundó Alejandría. En octubre del 331 venció nuevamente a los persas en Gaugamela, y se apoderó de Babilonia y Susa. Incendió el palacio real de Persépolis como venganza de las destrucciones persas en Atenas siglo y medio antes.

Alejandro prosiguió incansable sus expediciones: atravesó la cadena montañosa del Hindu-Kush (por el paso de Salang, a 3.660 metros de altura), conquistó la Roca Sogdiana (y se casó con Roxana, la hija del rey), cruzó el río Indo, llegó a Taxila (en el actual Pakistán, a unos 30 km. al norte de Islamabad), luchó contra el rey Poro en el río Hidaspes (Jhelum), y en el Hífasis (actual Beas) sus tropas se amotinaron, asustadas de encontrarse tan lejos de sus hogares en aquellos territorios inmensos y desconocidos. Regresaron por el desierto de Gedrosia, donde estuvieron a punto de perecer de sed y de cansancio. En noviembre del año 324, en Ecbatana, murió su amigo Hefestión, compañero desde los días de la infancia, confidente y general en jefe de su ejército, el único que hubiera podido mantener unido aquel imperio fabuloso. Alejandro sufrió profundamente su pérdida. Llegó a Babilonia para celebrar los funerales y preparar una nueva expedición que le hubiera llevado a Arabia y a las orillas del Mediterráneo. Un mes después enfermó de gravedad y murió, tal vez de paludismo (malaria tropica), aunque no se descartan otras causas, incluso el envenenamiento (3). Algún historiador moderno ha hablado de leucemia.

Una descripción de la personalidad de Alejandro nos la ofrece Arriano: "Fue el hombre de más bello cuerpo, más amante del esfuerzo y de mente más aguda, el más valeroso y amante de la gloria y de los peligros, así como el más piadoso con los dioses. El de mayor templanza con los placeres del cuerpo y, respecto a los placeres del espíritu, jamás se saciaba su afán de gloria. El más capaz de comprender lo necesario en medio de la mayor oscuridad y el más feliz en conjeturar lo verosímil cuando todo era meridianamente claro. Era también el más experto en organizar, equipar y ordenar un ejército. Como nadie sabía levantar el ánimo de sus soldados y colmarlos de buenas esperanzas, así como eliminar la sensación de miedo en los peligros por su propio desconocimiento de lo que es el miedo; el más noble hombre en todos los asuntos. Cualquier cosa que hubiera que hacer en situaciones difíciles, él lo realizaba con el mayor arrojo; y cuando había que arrebatar algo, adelantándose al enemigo, era el más capaz en anticiparse, antes de que nadie temiera que esto fuera a ocurrirle. De total fiabilidad en guardar lo pactado y convenido, el más astuto en no caer en las trampas de los embaucadores; económico al máximo con el dinero invertido en su propio placer, y muy generoso en beneficiar a los demás". (4)

Tras la muerte de Alejandro su imperio se desmoronó. Su hermanastro Filipo Arrideo, deficiente mental, fue nombrado sucesor conjuntamente con el hijo póstumo del conquistador y Roxana, Alejandro IV. En el año 317 Arrideo fue asesinado por orden de Olimpia, que a su vez fue mandada matar por Casandro. En el 311, finalmente, el mismo Casandro asesinó a Roxana y a su hijo. Así acabó, envuelta en sangre, la familia de Alejandro.

Sus generales (diadocos, sucesores) se repartieron su herencia de conquistas. Después de una primera división en satrapías y de múltiples querellas, el antiguo reino de Alejandro quedó disuelto en cinco monarquías: Seleuco quedó en Babilonia, Antígono en el resto de Asia, Ptolomeo en Egipto, Lisímaco en Tracia, y Casandro en Macedonia.

FAMA PÓSTUMA DE ALEJANDRO

La muerte de Alejandro no supuso el ocaso de su fama. Al contrario, el enorme prestigio que su nombre despertaba ya en vida se acrecentó hasta alcanzar las proporciones de una leyenda o, más bien, de un mito que brilla a lo largo de los siglos.

La Biblia habla de Alejandro en los siguientes términos: "Alejandro, hijo de Filipo, macedonio, y el primero que reinó en Grecia, partiendo del país de Macedonia, venció a Darío, rey de los persas y los medos, y reinó en lugar suyo. Luego de esto combatió muchas batallas, expugnó muchas fortalezas y dio muerte a reyes de la tierra. Atravesándola hasta sus confines, se apoderó de los despojos de muchas naciones, y la tierra se le rindió. Su corazón se engrió y se llenó de orgullo. Juntó poderosos ejércitos, sometió a su imperio regiones y pueblos y los soberanos le pagaron tributo." (5)

A pesar de la hostilidad del texto anterior, los judíos no olvidaron nunca que Alejandro les había permitido instalarse en Alejandría, ciudad próspera en la que se tradujo la Biblia al griego. Flavio Josefo nos transmite la leyenda de que cuando Alejandro pasó por Jerusalén ofreció un sacrificio al dios de los judíos. (6)

Entre los romanos, el recuerdo de Alejandro contó con la admiración de Pompeyo, de César, de Augusto, de Germánico, de Calígula, de Nerón, de Trajano, de Caracalla, de Constantino, de Juliano, entre otros. Para todos ellos Alejandro fue un referente personal y político de gobernante modelo, un ejemplo de valor, talento y capacidad.

No se puede pasar por alto la leyenda negra de Alejandro, que nos lo presenta como bebedor, tirano, irascible y ambicioso de gloria y de poder, y que ve en él el origen de la divinización de los reyes, que tanto se prodigó en épocas posteriores. Sin embargo su figura, aun sacándola del contexto de su época, despierta más simpatías que antipatías y, en algunos casos, verdadera pasión.

Durante la Edad Media, en el mundo cristiano, Alejandro fue recordado como héroe y caballero (recordemos entre muchas obras el español "Libro de Alexandre"); y para los musulmanes Alejandro (Iskander) es, en el Corán, el mensajero divino, el ángel de la justicia divina que prepara el juicio final. (7)

Para acabar este apartado, diremos que Alejandro es uno de los reyes de la baraja, junto a David, Arturo y Carlomagno.

¿DÓNDE FUE ENTERRADO ALEJANDRO?

Tras la muerte del héroe, los embalsamadores egipcios de Babilonia prepararon su cuerpo para ser trasladado a su enterramiento (tal vez Vergina, en Macedonia, donde reposaban sus antepasados (8)). Pero su general y amigo Ptolomeo interceptó el paso de la carroza fúnebre y la desvió hacia Menfis.

Posteriormente, la momia real, en su sarcófago de oro, con la cabeza hacia el sol poniente, fue depositada en un hipogeo en el centro de Alejandría. Un colegio de sacerdotes se encargaba de su culto. Se celebraban fiestas en su honor tres veces al año. Ptolomeo IV construyó un grandioso mausoleo para los cuerpos de sus antepasados y de Alejandro y cambió el sarcófago de oro por otro de alabastro translúcido (más tarde volvería a cambiarse por otro de cristal), para que los fieles pudieran ver el cuerpo del rey.

César, Augusto y Caracalla, entre otros, acudieron al mausoleo para rezarle y pedir su protección. El santuario estuvo abierto por lo menos hasta el siglo V, varios años después de que el emperador cristiano Teodosio mandara cerrar los templos paganos.

Los musulmanes no destruyeron las tumbas, pero éstas posiblemente fueron sepultadas bajo los escombros de varias construcciones antiguas en tiempos del califa Omar, a mediados del siglo VII.

Siempre se creyó que Alejandro dormía en Alejandría, la ciudad fundada por él, pero ninguna excavación había podido sacar a la luz su cuerpo incorruptible.

Y de pronto, una noticia revolucionó a historiadores y arqueólogos.

¡HEMOS ENCONTRADO LA TUMBA DE ALEJANDRO!

El día 1 de febrero de 1995, los periódicos de todo el mundo comunicaban que dos días antes, a 25 kilómetros del oasis egipcio de Siwa, cerca de la frontera con Libia, la arqueóloga griega Liana Souvaltzi había hallado el lugar donde reposaba la momia de Alejandro.

El yacimiento tiene una extensión de unos 10 kilómetros cuadrados, y en él se encuentra el templo de Amón, construido un milenio antes de Cristo y visitado asiduamente hasta los últimos días del mundo antiguo. Su peristilo lleva adornos que recuerdan la Acrópolis de Atenas y hay una pareja de leones de mármol, de estilo alejandrino, a la entrada de un corredor de 35 metros de largo, al final del cual podría encontrarse la tumba real.

Habían aparecido algunas inscripciones que parecían corroborar el descubrimiento. Una de ellas decía: "Por amor a Alejandro, el honorable, presento estas ofrendas". Otra: "Soy el que ha transportado el cuerpo, que era tan leve como mi escudo, cuando era comandante de Egipto", lo que parecía referirse a un cuerpo momificado, vaciado de sus vísceras, transportado allí por Ptolomeo, comandante de Egipto y luego rey. Otra inscripción en griego hace saber que los emperadores Nerva y Trajano "construyeron este templo para el Dios Zeus en forma de Amón y para el Zeus eterno". (9)

Los servicios arqueológicos griegos enviaron inmediatamente a la zona un equipo de investigadores (la arqueóloga descubridora de la tumba utilizaba sus propios recursos económicos y no representaba al Estado griego). Pero dicho equipo puso en duda el hallazgo, lo que provocó que veinticinco expertos egipcios reunidos en El Cairo decidieran enviar a Siwa un nuevo grupo de técnicos para examinar in situ el yacimiento, evaluar el trabajo y reexaminar las inscripciones.

Los medios de comunicación españoles se hicieron eco del apasionante hallazgo. El día 5 del mismo mes el académico y helenista Francisco Rodríguez Adrados publicaba en dos páginas de ABC un magnífico resumen de la trayectoria vital y política de Alejandro y de su estela en la historia posterior. Los arqueólogos españoles recordaban que ya desde 1989 habían participado con la señora Souvaltzi en las excavaciones de Siwa.

La delegación griega no se mostró muy convencida de que se hubiera encontrado la tumba de Alejandro, y aseguró que las inscripciones databan del siglo II d. C., quinientos años después de la muerte del conquistador. En algunos artículos se recordaba que es incuestionable que Alejandro reposó durante varios siglos en Alejandría, lo que está documentado por escritores e historiadores de la época romana.

A finales de diciembre de 1995, la misma arqueóloga Liana Souvaltzi financió una nueva excavación en Siwa. El equipo de técnicos estaba formado por siete arqueólogos griegos y seis egipcios y estuvieron trabajando allí durante varios meses. Intentaban localizar alguna prueba epigráfica que pudiera demostrar sin ninguna duda que allí descansaba el rey.

El interés por Alejandro era evidente en todo el mundo. Una gran exposición en el palacio Ruspoli de Roma reunió durante el primer semestre de 1996 ciento cuarenta y cuatro piezas entre pinturas, esculturas, mosaicos etc., procedentes de cuarenta museos y colecciones. En julio del mismo año, en España, la Universidad Complutense organizó en El Escorial un curso sobre Alejandro, a una de cuyas conferencias y a una mesa redonda posterior sobre el mismo tema asistió la Reina doña Sofía. El mundo cultural estaba entusiasmado con el descubrimiento, pero el paso de los meses trajo consigo un profundo desengaño.

SUSPENDIDAS LAS EXCAVACIONES

La delegación griega que había visitado el oasis de Siwa en febrero del año 95 llevaba razón: no había ninguna prueba de que allí estuviera el cuerpo de Alejandro. Los trabajos llevados a cabo no habían aportado ninguna certeza mínimamente razonable. Y a finales de 1996, el Consejo Superior de Antigüedades Egipcias acordó por unanimidad suspender definitivamente las excavaciones. Lejos quedaba el entusiasmo de dos años antes, cuando el ministro egipcio de Cultura decía: "El descubrimiento de la venerable momia será aún más importante que el de la tumba de Tutankamon, en el Valle de los Reyes de Luxor". (10)

LA ESPERANZA SIGUE VIVA

Pero el fracaso de las excavaciones en Siwa no ha desmoralizado a los arqueólogos. En otro lugar de Egipto la sepultura de Alejandro nos aguarda con sus secretos y con sus misterios. Hay que seguir buscando. ¿Dónde? En donde siempre se dijo que estaba: en Alejandría.

En los primeros días de octubre de 1997, el director del Museo de dicha ciudad, comunicó a la comunidad científica internacional que "se ha encontrado en este lugar (Bab Charqui, en el centro de Alejandría) parte de una tumba en mármol, grabada en su interior y que data del siglo III a. C.". (11) Un equipo de arqueólogos griegos y egipcios utilizarán sondas de alta tecnología para rastrear el suelo alejandrino. La sepultura puede encontrarse en cualquier lugar de un amplio terreno de casi un kilómetro cuadrado de extensión, cubierto de edificios modernos. Y por si fuera poco, el nivel de sedimentos de la época ptolemaica se halla ahora diez metros debajo de la actual superficie. Todo un reto para la ciencia y para la perseverancia humana. Hoy, 2321 años después de su muerte, todavía hay hombres que, guiados por su ideal, persiguen lo que parece imposible y, en medio de sombras y dificultades, siguen la voz de sus sueños en busca de Alejandro.   

                        

CRONOLOGÍA DE ALEJANDRO

382 Nacimiento de Filipo II de Macedonia, padre de Alejandro.

367 Filipo es llevado a Tebas como rehén.

359 Filipo domina Macedonia.

357? Boda de Filipo y Olimpia, padres de Alejandro.

356 (20 de julio)? (Octubre)? Nacimiento de Alejandro en Pela. Según la leyenda, la noche de su nacimiento Eróstrato incendió el templo de Artemisa en Éfeso.

353-352 Victorias de Filipo en Tesalia.

352? Filipo es nombrado arconte vitalicio de Tesalia.

350? Publicación de la primera Filípica de Demóstenes.

348 Olinto cae en manos de Filipo.

346 Final de la Tercera Guerra Sagrada.

Isócrates incita en su Filipo al caudillo macedonio a encabezar la lucha contra los persas.

344 Segunda Filípica de Demóstenes.

343-342 Aristóteles pasa a la corte como preceptor de Alejandro.

342 Tracia se convierte en provincia de Macedonia.

Alejandro, hermano de Olimpia, se convierte en rey del Epiro.

341 Tercera Filípica de Demóstenes.

340 Atenas declara expresamente la guerra a Macedonia.

Expediciones de Filipo fuera de su patria, mientras en Pela queda Alejandro como regente.

339 Filipo continúa sus campañas, ahora en Escitia.

338 Batalla de Queronea. Alejandro dirigió el contingente que aniquiló el "batallón sagrado" de Tebas.

Muere Artajerjes III.

337 Primera reunión del Consejo de la Liga de Corinto. Filipo es elegido stratgós autokrátr.

Filipo se divorcia de Olimpia y se casa con Cleopatra. Alejandro y su madre parten al exilio.

336 Darío III accede al trono persa.

Boda de Alejandro el Epirota con Cleopatra, hija de Filipo.

(Agosto). Filipo es asesinado por Pausanias.

Alejandro es nombrado rey, con el nombre de Alejandro III. Se hace denominar stratgós autokrátr de la Liga, como su padre.

335 Derrotas de los tribalos e ilirios.

(Otoño). Alejandro sofoca una revuelta de ciudades griegas. Destrucción de Tebas.

334 En primavera, Alejandro cruza el Asia Menor, quedando Antípatro encargado de los asuntos de Macedonia y Grecia.

Batalla y derrota de los persas en Gránico (mayo). Las ciudades del Asia Menor comienzan a ponerse de parte de Alejandro.

Alejandro despide a su flota.

334-333 Alejandro en Gordio. Leyenda del carro y su nudo.

333 (Primavera). Toma de Halicarnaso.

(Mayo) Muerte de Memnón, jefe de los ejércitos persas.

Alejandro llega a Tarso. (Julio) Sufre una hidrocución.

Batalla de Isos (1 de noviembre).

332 De enero a agosto, asedio y toma de Tiro. Toma de Gaza.

Agis continúa preparando la campaña antimacedónica.

(Principios de diciembre) Egipto se rinde a Alejandro, que es coronado en Menfis faraón, "Puerta Sublime", Rey del Bajo y del Alto Egipto, Bienamado de Amón y Preferido de Ra, Hijo de Ra..

331 Fundación de la ciudad de Alejandría en el delta del Nilo (20 de enero).

(Febrero) Expedición al santuario de Amón en el oasis de Siwa, desierto de Egipto.

Noticias de la revuelta del espartano Agis.

(1 de octubre) Batalla de Gaugamela, nueva victoria de Alejandro sobre los persas.

Los macedonios llegan a Babilonia y Susa.

330 Saqueo de Persépolis. Incendio del palacio real (25 de abril).

Alejandro persigue a Darío.

Darío es hecho prisionero y muerto por Besos, sátrapa de Bactriana (julio).

Conspiración de Filotas. Asesinato de Parmenión.

329 (Primavera) Alejandro se adentra por el Hindu-Kush hacia Bactriana.

Llegada al río Oxo (Amu Daria). Besos (autollamado Artajerjes IV) es capturado por los macedonios.

Alejandro en Maracanda. Revuelta de Espitámenes.

329-328 Alejandro pasa parte del invierno en Zariaspa. Campaña de Sogdiana.

328 Ejecución de Besos, juzgado según la costumbre persa.

Episodio de la proskinesis. Alejandro da muerte a Clito.

327 Alejandro captura la Roca Sogdiana. Boda de Alejandro con Roxana.

Captura de la Roca Coriena.

La revuelta de los Pajes. Ejecución de Calístenes.

Alejandro llega a Nisa y captura la Roca de Aornos.

326 Alejandro en Taxila. Batalla en el río Hidaspes (Jhelum), cerca de Djalalpur, contra el rey Poro, al que derrota y deja como sátrapa en su mismo reino (25 de junio).

Alejandro llega al río Hífasis, límite de su expedición.

Motín en el ejército de Alejandro: se decide el regreso.

Preparativos para iniciar la vuelta a casa.

325 Duros combates con los malios. Alejandro, herido, está a punto de morir.

Alejandro alcanza Pátala.

(Septiembre-noviembre) Desastres del ejército al atravesar los desiertos de Gedrosia (Beluchistán) y Maka.

Nearco inicia su periplo en la desembocadura del Indo.

Discrepancias de parte de los oficiales.

324 (Enero) Alejandro llega a Pasargada. La tumba de Ciro está expoliada. La restaura.

(Febrero/marzo) Boda múltiple entre los principales macedonios y jóvenes de la nobleza persa, en Susa.

Incorporación de los "Epígonos".

Proclamación del decreto de Exiliados.

(Primavera) Motín de las tropas de Alejandro en la ciudad de Opis.

Los veteranos, dispuestos para regresar a casa con Crátero.

(10 de noviembre) Muerte de Hefestión en Ecbatana.

(De diciembre a febrero) Campaña contra los coseos (o kasitos) del Luristán.

323 (Primavera) Regreso de Alejandro a Babilonia. Embajadas de diversas ciudades griegas que tributan a Alejandro Magno honores divinos.

(Mayo) Funerales por Hefestión.

Excursión de Alejandro por el Palácopas.

Planes para una futura expedición a la península arábiga.

Alejandro asiste en la tarde del 30 de mayo a una fiesta en casa de su amigo Medeio, príncipe de Larisa, soldado, escritor y hombre de confianza.

Alejandro enferma gravemente (3 de junio) y, al cabo de pocos días (10 de junio), muere.

En cuanto conoce la muerte de Alejandro, la reina Sisigambis, madre de Darío, se despide de sus familiares y se deja morir de hambre.

317 Asesinato de Filipo Arrideo, hermanastro de Alejandro, por orden de Olimpia.

316 Muerte de Olimpia, asesinada por los parientes de sus víctimas, incitados por Casandro.

311 Casandro manda asesinar a Roxana, viuda de Alejandro, y a su hijo, Alejandro IV.


BIBLIOGRAFÍA MÍNIMA SOBRE ALEJANDRO MAGNO:

FUENTES ANTIGUAS:

- Arriano, Anábasis de Alejandro Magno, Biblioteca Clásica Gredos, (2 tomos), Madrid, 1982. La mejor y más documentada obra conservada. Interesante y amena, fundamental para conocer la vida de Alejandro y sus circunstancias.

- Diodoro Sículo, Alejandro Magno, Akal, Madrid, 1986. Libro XVII de su Biblioteca Histórica.

- Justino, Epítome de las "Historias filípicas" de Pompeyo Trogo, Biblioteca Clásica Gredos, Madrid, 1995. Es un resumen del libro de Trogo, que no se ha conservado.

- Plutarco, Vidas paralelas: Alejandro, Aguilar, Madrid, 1964. Plutarco compara las biografías de Alejandro y de Julio César. Obra entretenida, que recoge numerosas anécdotas (y más de un chisme) de la vida del rey macedonio.

- Pseudo-Calístenes, Vida y hazañas de Alejandro de Macedonia, Biblioteca Clásica Gredos, Madrid, 1977. Biografía novelada, de autor anónimo que se pretendió identificar con Calístenes, pariente de Aristóteles que acompañó a Alejandro en sus conquistas.

- Quinto Curcio, Historia de Alejandro Magno, Biblioteca Clásica Gredos, Madrid, 1986. Biografía que refleja el punto de vista romano sobre la vida y la trayectoria de Alejandro.


OBRAS ACTUALES:

- Benoist-Méchin, J., Alejandro Magno, Luis de Caralt, Barcelona, 1982. Estudio admirativo de la obra de Alejandro, al que considera "el sueño más grande de la Historia".

- Bosworth, A. B., Alejandro Magno, Cambridge University Press, 1996. Profundo y detallado estudio sobre la actividad política y militar de Alejandro.

- Briant, P., Alejandro Magno, de Grecia al Oriente, Aguilar, Madrid, 1990. Libro pequeño, pero admirable, cuajado de ilustraciones y con texto sencillo y ameno.

- Faure, P., Alejandro. Vida y leyenda del hijo de los dioses, EDAF, Madrid, 1990. Entusiasta estudio sobre la vida del rey y sobre la influencia posterior, y hasta nuestros días, de su figura, considerada como un símbolo en diversas épocas, religiones y culturas.

- Guzmán Guerra, A. y Gómez Espelosín, F. J., Alejandro Magno de la historia al mito, Alianza Editorial, Madrid, 1997. Buen resumen actualizado y comentado de cuanto se sabe de la vida y la obra de Alejandro.

- Hammond, N. G. L., Alejandro Magno. Rey, general y estadista, Alianza Editorial, Madrid, 1992. Uno de los mejores libros sobre Alejandro escritos en estos últimos años.

- Renault, M., Alejandro Magno, EDHASA, Barcelona, 1991. Magnífica biografía que resalta el perfil humano del héroe.

 

NOVELAS HISTÓRICAS SOBRE ALEJANDRO:

- Haefs, G., Alejandro (2 tomos), EDHASA, Barcelona, 1994. Buena interpretación de la vida y de las hazañas del conquistador.

- Mann, K., Alejandro, Juventud, Barcelona, 1994. Interpretación un tanto onírica e irreal de un Alejandro que refleja más bien las inquietudes existenciales de su autor, que acabó suicidándose.

- Renault, M., Fuego del paraíso, Grijalbo, Barcelona, 1984.

- " " El muchacho persa, Grijalbo, Barcelona, 1974.

- " " Juegos funerarios, EDHASA, Barcelona, 1983. Esta trilogía sobre la vida de Alejandro, escrita cada parte con distinta técnica literaria y con diversos puntos de vista, es de lo más interesante. La autora, especialista en novelas de tema griego, presenta con cálida sensibilidad el lado humano del rey macedonio.

- Manfredi, V. M. Alexandros. Grijalbo, Barcelona 1999. Trilogía novelada sobre la vida de Alejandro (El hijo del sueño, Las arenas de Amón y El confín del mundo) que ha alcanzado un gran éxito editorial y sucesivas ediciones en muy poco tiempo. El profesor Manfredi ha recreado con viveza la legendaria existencia del protagonista con, en general, gran rigor histórico. Alejandro es presentado como un héroe humano y casi de nuestro tiempo.  

1. En Historia de Grecia, Gredos, Madrid, 1986, pág. 267.

2. Introducción al programa número 7 para televisión de la serie divulgativa The Western Tradition, UCLA, 1995.

3. Arriano nos transmite el rumor de su envenenamiento por Casandro, aunque a continuación afirma que no cree que ésa fuera la causa de su muerte.

4. Anábasis de Alejandro Magno, VII, 28.

5. 1 Mac 1, 1-5. Versión Nácar-Colunga, BAC, 1963.

6. Antigüedades judaicas, XI, 326.

7. Véase Faure, P. Alejandro, EDAF, 1990, págs. 287-294.

8. Justino, en su Epítome XII, 15, 7, dice: "Finalmente (Alejandro) ordena enterrar su cuerpo en el templo de Amón". Es decir, en el oasis de Siwa, donde se alzaba el templo (y el oráculo) del supremo dios de los egipcios en el Imperio Medio, que Alejandro visitó en 332 a. C., y cuyo sacerdote lo saludó con las palabras "Salud, hijo de Amón", que todos consideraron como señal de la filiación divina del rey.

9. Los textos de las inscripciones están tomadas de la noticia dada por la agencia COLPISA y que fue publicada en esos días por el periódico IDEAL.

10. Declaraciones a la agencia EFE, publicadas por EL MUNDO el 1-2-95.

11. ABC, 6-10-97.


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