IN MEMORIAM

D. RAFAEL CARAYOL GOR (1941-2001)


DON RAFAEL CARAYOL GOR nació en Huéscar el día 3 de abril de 1941, hijo primogénito del matrimonio formado por D. Manuel Carayol Irigaray y Dª Antonia Gor Puentes. Vino al mundo en la calle Noguera, pero posteriormente la familia se trasladó a una casa en la carretera de Castilléjar, frente a las Eras de San Juan. Allí pasó Rafael su infancia y primera adolescencia, acompañado de sus tres hermanos: Mercedes, María Dolores y Manuel. Más tarde vivieron en la calle Mayor.

Siendo aún pequeño acudía diariamente a la iglesia de Santa María para ayudar a Misa como acólito.

Alguna vez contó una anécdota reveladora de su vocación: acompañaba a D. Antonio Motos, coadjutor de Santa María, a la parroquia de Castilléjar; y el bueno de D. Antonio se lamentaba de que cuando murieran los sacerdotes mayores, nuestros pueblos quedarían sin nadie que les predicara la palabra de Dios. Rafael se dijo a sí mismo que haría lo posible para que, en lo que de él dependiera, ese vaticinio no se cumpliera. Por eso dijo y escribió en alguna ocasión que su vocación nació en Castilléjar. Quiso la Providencia que su último trabajo publicado versara sobre la historia castillejarana.

Antes de cumplir 12 años marchó a Toledo y superó el examen de Ingreso. En 1953 empezó estudios de Bachillerato en el Seminario Menor de San Joaquín, en Talavera de la Reina (Toledo), donde pasó un año. Cuando en 1954 las parroquias de Huéscar, Castilléjar y Puebla de Don Fadrique pasaron a formar parte de la diócesis de Guadix, el pequeño Rafael ingresó en el Seminario Conciliar de San Torcuato, de Guadix, en 2º del bachillerato de Latín y Humanidades. Era el curso 1954-55 y ya demostraba su afición por la Historia de España, asignatura en la que obtuvo la calificación de Matrícula de Honor (Meritissimus cum laude).

Acabado el Bachillerato en 1958, pasó al Colegio Máximo del Sagrado Corazón de la Compañía de Jesús (Facultad de Teología), en Granada, donde cursó Filosofía y Teología. El 25 de marzo de 1965 fue ordenado sacerdote en la catedral de Granada por el entonces obispo de la diócesis D. Rafael Álvarez Lara. Celebró su primera misa en Santa María de Huéscar el 27 del mismo mes. Y tres días después, el 30, participó, ya como sacerdote, en la fiesta de la toma de hábito de su hermana María Dolores, en Tortosa, con las religiosas de Nuestra Señora de la Consolación.

La primera parroquia a la que sirvió fue la de Ferreira. Pocos meses después fue enviado de párroco a Almaciles, al mismo tiempo que ejercía de coadjutor de las parroquias de Puebla de Don Fadrique y de las Santas Mártires del Monte y encargado de la del Santo Cristo de la Toscana. En este puesto múltiple permaneció cerca de 11 años.

El 8 de septiembre de 1977, el Obispo de Guadix, D. Ignacio Noguer Carmona, le propuso ocupar el puesto de Formador en el Seminario Menor de San Torcuato de Guadix, formando equipo con su buen amigo el Rector D. José Calvo López (cuya súbita muerte en 1986 le causaría una profunda y duradera impresión). En 1978, fue nombrado, además, Administrador de los seminarios de la diócesis. En 1982 le fue renovado el nombramiento de Formador. Mientras permaneció en el seminario accitano, impartió clases de Religión (y algunos años, de Música) en el Instituto de Bachillerato "Padre Poveda". Pero ya sus años accitanos estaban llegando a su fin. Sentía la necesidad de llevar de nuevo las riendas espirituales de una parroquia y dejar a otros la ardua formación de seminaristas adolescentes. Por otra parte, quería estar un poco más cerca de su familia, en especial de sus padres.

La parroquia de Orce (más las de Fuente Nueva y Venta Micena) fue su siguiente destino, en octubre de 1985. También impartió clases de Religión en el colegio público orcense. En las largas noches de invierno pudo leer detenidamente libros y legajos del bien conservado archivo parroquial de Orce. Y así nació su interés por los temas históricos de nuestra comarca.

Con motivo de la celebración del X aniversario de la firma de la Paz entre Huéscar y Dinamarca, presentó en el Salón de Actos del Ayuntamiento oscense, en noviembre de 1991, un reportaje audiovisual sobre aquel evento que había catapultado el nombre de nuestra ciudad a las cabeceras de los principales periódicos europeos. La muy documentada conferencia fue después publicada en el número 7-8 de la revista accitana "Pedro Suárez".

La muerte de su padre, al que se sentía muy unido, el 5 de junio de 1994, día de Corpus Christi, fue un duro golpe para él. A partir de entonces se hizo un poco más introvertido.

En septiembre de 1995, tras 10 años de permanencia en Orce, fue designado para regir la parroquia de Galera, a la que dedicó sus últimos esfuerzos, tanto en lo humano como en lo sacerdotal. Y donde recibió la llamada de la muerte.

Fue un hombre entregado con afán a la causa del desarrollo cultural y social de las gentes de nuestros pueblos. Siempre estaba dispuesto para ayudar a elevar la vida de los demás. Participó con auténtico entusiasmo en dos proyectos culturales a los que se sentía muy vinculado: la Revista del Instituto de Estudios "Pedro Suárez" de Guadix y esta Revista "Úskar", con la que colaboró desde su fundación. Mientras fue párroco de Orce, escribió algunos artículos para la revista local "Alcazaba".

En 1993 publicó su primer libro: "Orce. Apuntes de su historia", que incluía algunos temas novedosos para la historiografía comarcal como la repoblación de Orce tras la expulsión de los moriscos, la construcción de la iglesia parroquial y la relación detallada de gobernadores de la villa. El éxito de este libro fue inmediato. Aportaba datos desconocidos, tomados del rico archivo parroquial orcense, que tan bien conocía. Se le solicitaban ejemplares de los lugares más insospechados y lejanos, casi siempre por estudiosos de la historia de nuestra comarca o por emigrantes que añoraban la tierra de sus padres.

Tras este primer libro, apareció "Santas Mártires del Monte Alodía y Nunilón, patronas de Huéscar y Puebla de Don Fadrique" en 1994. Un libro menor en número de páginas, pero importantísimo por dos razones: porque recogía todo lo que se conocía hasta entonces de la historia de las Santas y del amplio crecimiento de su devoción entre Navarra, Huéscar, Puebla, Murcia, Cataluña, Madrid...; y porque era la culminación de uno de los proyectos que más acariciaba su corazón. Era un gran devoto de las mártires desde su infancia, y había recogido con amoroso cuidado noticias, recortes de periódico, datos, folletos, etc. que trataran sobre el tema.

Tras la muerte de D. Andrés Gea Arias, uno de sus mejores amigos, inquieto como él por la cultura y la historia, fue designado por el Obispo Presidente de la Comisión Histórica para la beatificación de Sor Isabel Sánchez, religiosa dominica martirizada en 1936, tarea que llevó a cabo con solvencia y rigor. Junto con los miembros de dicha comisión recopiló los borradores de D. Andrés sobre la historia de Castril y editó el volumen "Castril de la Peña" en 1998.

En 1999, siendo ya párroco de Galera, apareció "Galera. Moriscos y cristianos", una nueva aportación a lo que se estaba convirtiendo en su tema favorito y en el que se estaba convirtiendo en un auténtico experto: los moriscos. Escribió artículos sobre los de Huéscar y, últimamente, sobre los de Castilléjar. Tenía pensado continuar con este tema para cerrar la comarca, pero la muerte se lo impidió. Como en el caso del libro de Orce, el de Galera aportó datos desconocidos hasta entonces en la historia de la población, lo que lo popularizó rápidamente en los ambientes culturales granadinos.

Como párroco de Galera, presidió la comisión encargada de organizar los actos del Vía Crucis que se celebró el 1 de enero de 2001 con motivo del comienzo del siglo XXI. Fruto de aquella efeméride fue el libro "Galera y su tradición", entrañable recopilación de textos y fotos para el recuerdo.

Durante el otoño del año pasado, el último de su vida, preparaba la tercera edición, muy ampliada, de "Santas Mártires del Monte Alodía y Nunilón...", que ya estaba agotada y era pedida con insistencia, sobre todo por los emigrantes oscenses y poblenses. Puedo decir que casi diariamente me contaba los apartados que pensaba incluir, las fotos que quería añadir, los nuevos documentos que veía conveniente transcribir. Estaba entusiasmado con esa tercera edición. La noche del 18 de diciembre me telefoneó para que le solucionara un problema del procesador de su ordenador, porque quería seguir corrigiendo textos. Arreglado el asunto, estuvo escribiendo hasta más de la una de la madrugada. Seis horas después le sobrevino un infarto. A las cuatro de aquella misma tarde, en el hospital de Baza, sufrió un segundo infarto que lo sumió en estado de coma, del que ya no despertaría.

El día de Nochebuena, mientras salía el sol, un tercer y definitivo infarto puso punto final a su existencia. Como sacerdote y como ser humano la muerte le llegó demasiado pronto; la Iglesia y la sociedad podían haberse beneficiado durante todavía muchos años de sus conocimientos, de su experiencia y de su cultura. Fue un hombre bueno, incapaz de hacer daño a nadie, preocupado por los demás, interesado por el saber y, sobre todo, fiel siempre a Dios y a su vocación sacerdotal.

Con toda justicia pueden decirse por él las palabras que el propio Rafael escribió a la muerte de D. José Calvo:

¿Por qué, oh Dios, tan pronto?

¿Por qué, oh Dios, tan temprano?

¿Por qué, oh Dios, nos dejas en el dolor?

Porque recojo la cosecha en su sazón.

Uno de sus amigos, con el que compartió cursillo de ordenador en Guadix días antes de su muerte, escribió la siguiente elegía:

 

Surgieron amapolas

antes de tiempo,

pues la espiga granaba

en pleno invierno.


La hoz llegó en diciembre,

cuando los hielos

dejaban ateridos

todos los miembros.

 

Sin embargo, la tierra

de tus adentros

había ya producido

ciento por ciento.

 

Estabas ya maduro,

y el gran granjero

decidió de llevarte

a su granero.

 

¡Que goces, Rafael,

del bien eterno!

No te olvides de los que

bien te queremos.

 

Fray Tobías.


Por último, quiero recoger aquí un texto autobiográfico de D. Rafael Carayol en el que relata algunas de sus vivencias infantiles. Apareció entre sus papeles y nos ha parecido interesante su publicación porque nos habla de un tiempo pasado que parece lejanísimo en el recuerdo, pero que realmente es un fragmento de un ayer reciente que no debe quedar en el olvido, porque forma parte de la vida de un gran número de los actuales oscenses.

 

RECUERDOS DE MI INFANCIA

Dos años después de acabar la Guerra Civil de 1936-39 nací en la calle de la Noguera, en una mañana primaveral del mes de abril. Por aquellos años las madres parían en sus casas, asistidas por mujeres llamadas parteras o comadronas. Las conocimientos los daba la experiencia, que era poca. Además, había poca higiene, y por eso morían algunos niños y algunas madres. Esto lo he sabido muchos años después, pero entonces era lo normal.

Cuando tuve uso de razón, que así se decía, mis padres vivían en el Carrerón, que era la prolongación de la calle Morote, también llamada calle Castilléjar, porque por aquí se iba a ese pueblo. Vivíamos en las afueras, más allá de la ermita de la Soledad, en un caserón grande y largo, que tenía dos viviendas: una era del tío Isaac y la tía María, los propietarios, que vivían en el cortijo Cerro Negro; y en la otra vivíamos en régimen de alquiler. Cuando llegaba el jueves, el tío Isaac, al que le faltaba un ojo por la coz de un asno, según decían, venía con su mujer y una yegua o un mulo para hacer el mercado, que se hacía en la plaza. Esta plaza era la que hay junto al Ayuntamiento, porque entonces era la única del pueblo.

Mi calle, el Carrerón, acababa en la calle Morote. La partía la carretera que venía de Castril. A continuación estaban la ermita de la Soledad y unas casas donde vivían la tía Joaquina "la Gaspala" y la tía Ramona "la Guitera", llamada así, según creo, porque ella, o su familia, hacía guita o cordel de esparto o cáñamo. Después seguían unos bancales, hasta llegar a unas casas donde vivían Juana, la de Fajardo, y María "la Corremozas".

Al otro lado de la carretera estaban la casa y huerta cercada con tapias de mis bisabuelos. Por la huerta de esta casa pasaba una acequia que atravesaba dicha carretera de Castril mediante unos sifones. Junto a la acequia, y en la esquina final, había un frondoso peral de rico fruto. Cuando echaban el agua para regar, tirábamos piedras al peral, y las peras que caían al agua las recogíamos por el puente que había. Cuando cortaban el agua, nos arrastrábamos bajo el puente para recoger las que habían quedado junto al árbol.

Del agua de esta acequia se llenaba un pilar grande, que estaba un poco más abajo, construido con bloques de piedra. Alló abrevaban los animales que venían de las tierras y los ganados. También pusieron un caño de agua potable para el consumo de los vecinos. A continuación del pilar seguían la acequia y unos bancales donde se sembraba trigo y cebada, y algunos años, remolacha, y en los caballones, garbanzos, habas y panizo.

Seguían otros bancales y otras casas, donde vivían la tía Josefa "la Grilla", que siempre vistió de negro, porque a su marido lo mataron después de la guerra. Con ella vivía una mujer muy vieja, que le decían la tía Mauricia. En el invierno tomaba el sol junto a la acequia y siempre estaba contando cosas de hambre y otras miserias que no recuerdo bien.

Al lado, y pegada a esta casa, había otra donde vivían el tío José "el Calero" y su mujer. Eran muy viejos y estaban solos, porque los hijos se habían ido a Barcelona. Eran muy pobres, aunque habían tenido una calera para hacer yeso, pero esto tenía mucho trabajo y daba muy poco, y por eso los hijos habían emigrado.

Hasta llegar a la ermita de San Juan, junto a la acequia, había unos árboles muy grandes que llamaban "llorones". Cuando soplaba el viento, hacían un ruido que nos daba mucho miedo, y las ramas que se caían, las recogíamos para alimento de conejos y para la lumbre. Bajo estos árboles llorones formaba la carretera que iba a Castilléjar un gran badén que, cuando llovía o se salía la acequia, formaba una pequeña laguna y un barrizal, y al pasar las bestias, no sé por qué, pero así lo hacían, se paraban a mear, con lo que aumentaba el charco. Cuando el agua se iba secando y se formaba barro, los carros hacían porra y se atrancaban, y los hombres tenían que empujar para salir.

Al hombre que vivía en la casa de la ermita de San Juan, que era viudo, lo llamaban "el tío Sanjuanero", y a su hijas, "las Sanjuaneras". Sus nombres eran: Clotilde, Tomasa, Ascensión y Maruja.

Enfrente de mi casa estaban las eras.

 

BIBLIOGRAFÍA DE D. RAFAEL CARAYOL

LIBROS

- Orce. Apuntes de su historia. Baza, junio de 1993 (1ª ed.), Caravaca, 1994 (2ª reimpresión).

- Santas Mártires del Monte Alodía y Nunilón, patronas de Huéscar y Puebla de Don Fadrique. Baza, abril de 1994 (1ª ed.). Caravaca de la Cruz, diciembre de 1994 (2ª ed.). Guadix, 2002 (3ª ed., en prensa).

- Galera. Moriscos y cristianos. Guadix, marzo de 1999

 

ARTÍCULOS

* En la revista del Instituto de Estudios "Pedro Suárez" de Guadix:

- Guerra y paz de Huéscar con Dinamarca. Nº 7-8, 1994-95.

- Moriscos y repobladores de Galera. Nº 10, 1997.

- La iglesia parroquial de Galera. Nº 12, 1999.

- Responsorio de los curas de Puebla de Don Fadrique al Cardenal Lorenzana, Arzobispo de Toledo 1782. Nº 13, 2000.

-  Ermitas, oratorios y capillas en la diócesis de Guadix-Baza. Artículo inconcluso de D. Andrés Gea que completó D. Rafael. Nº 15, 2003.

 

* En "Úskar", revista histórica y cultural de la comarca oscense, que publica el Ayuntamiento de Huéscar:

- Ordenanzas del Señorío para Orce y Galera. Nº 1, 1998.

- Huéscar: la Guerra de la Independencia y el coronel Villalobos. Nº 2, 1999.

- Huéscar: moriscos y cristianos. 1488-1570. Señorío del Conde de Lerín y del Duque de Alba. Nº 3, 2000.

- Castilléjar: moriscos y cristianos. 1488-1570. Señorío de los Abduladines, del Conde de Lerín y del Duque de Alba. Nº 4, 2001.

 

* En la revista informativa local "Alcazaba", de Orce, fue publicando diversos artículos históricos, borradores de lo que luego serían capítulos de su libro "Orce. Apuntes de su historia".


OTROS

* Edición del libro de D. Andrés Gea Arias "Castril de la Peña". Guadix, mayo de 1998.

* Edición del libro recordatorio "Galera y su tradición. Via Crucis, 1-enero-2001". Guadix, julio de 2001.

* Conferencia y montaje audiovisual en los actos conmemorativos organizados por el Ayuntamiento de Huéscar, noviembre de 1991, en el X aniversario de la Paz de Huéscar con Dinamarca.

* "Moriscos y cristianos de Castilléjar entre 1488 y 1570". Pregón de las fiestas de la Candelaria en Castilléjar. Febrero de 2002. Obra póstuma (encontrado el borrador entre sus papeles, fue leído en su memoria por D. Jesús María García Rodríguez).

 

Gonzalo Pulido Castillo

(publicado en la revista Úskar, nº 5, marzo de 2003)


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