LOS RELIGIOSOS DOMINICOS Y CASTILLÉJAR (GRANADA)

Gonzalo Pulido Castillo

Miembro del Instituto de Estudios "Pedro Suárez" de Guadix

Tras la rendición del reino nazarí de Granada a las tropas cristianas, los frailes dominicos, que habían acompañado a los Reyes Católicos en su última campaña militar, como lo habían hecho con otros monarcas castellanos (1) a lo largo y a lo ancho de los últimos siglos de la Reconquista, empiezan a levantar conventos en las ciudades arrebatadas al dominio musulmán.

Se erigen cinco conventos de realengo: Santa Cruz la Real, en Granada (5 de abril de 1492), tres con el común título de Santo Domingo el Real, en Málaga, Almería y Guadix, y el de La Vera Cruz y San Pedro Mártir, en Ronda. A esos cinco conventos de fundación real, siguieron otros de señorío, el primero de los cuales fue el de Santo Domingo, en Huéscar.

No tenemos certeza absoluta en cuanto a la fecha de fundación del convento oscense. El dominico dálmata Cristianópulo, que lo visitó en la primavera de 1763, afirma en sus escritos que había oído decir que en 1525 vinieron a Huéscar dos frailes dominicos a predicar y que la gente del pueblo les cedió una casa para hospedería. Vicente González Barberán, la máxima autoridad en temas de nuestra historia local, señala el año 1547 como fecha de la fundación. En 1553 se erigió el convento de Baza y al acto acudió el Padre Vicario del de Huéscar, fray Francisco de Santo Domingo. La comunidad oscense de dominicos ejerció su influencia sobre la comarca, sin que nadie le hiciera sombra hasta la fundación del convento de San Francisco en 1602. Fue más de medio siglo de supremacía de la Orden de Predicadores, que contaba, además, con el apoyo de la Corona, del Duque de Alba y del Arzobispado de Toledo.

Al mismo tiempo que se erigían conventos, se propagaban las devociones propias de la orden: a la Virgen del Rosario, la divina protectora de los dominicos (2), a su fundador Santo Domingo (1171-1221), y a otros santos: Santa Catalina de Siena, Santo Tomás de Aquino, etc.

La vinculación de la orden dominicana con la villa de Castilléjar debió de ser muy temprana y, desde luego, fue muy profunda. No es aventurado suponer que tuvo su inicio en los años centrales del siglo XVI, si es que no fue antes, recién concluida la Reconquista. En el libro de cuentas de la cofradía de la Virgen del Rosario de Castilléjar aparece una primera acta correspondiente al día 1 de diciembre de 1565 (página 48) y la da como existente y ya organizada completamente (3). Y el rosario es la devoción típica de los dominicos. El rezo del Santo Rosario era entonces señal segura del paso de los frailes predicadores.

Otro signo importante, y perdurable, de identidad religiosa aportado por los dominicos a la villa, es el hecho, no muy habitual, de que los dos patronos de la villa (la Virgen del Rosario y Santo Domingo de Guzmán (4)) pertenezcan al ámbito dominicano. Eso indica algo más que una buena relación entre el pueblo y la orden religiosa, es tal vez un reconocimiento de que esas devociones están en las mismas raíces de Castilléjar como comunidad cristiana, tras los largos siglos de dominación musulmana.

Y por último, quedan también, visibles aún, dos pruebas materiales del arraigo dominicano en Castilléjar: las ermitas de Santo Domingo (5) y de Santa Catalina (6),

Para demostrar la estrecha vinculación del convento de Huéscar con Castilléjar, doy a continuación una pequeña lista de nombres de frailes dominicos, tomados del Archivo Parroquial, que acudieron a la parroquia de la villa, en su mayor parte en calidad de tenientes de curas y beneficiados, para la administración de sacramentos en ausencia de los sacerdotes titulares:

- Fray Felipe de Mendoza, 1622.

- Fray Jacinto de Almarza, 1624.

- Fray Antonio de Viedma, 1666.

- Fray Francisco de Seto, 1685.

- Fray Juan Moreno, 1687.

- Fray Pedro Cano, 1712.

- Fray Manuel Porcel, 1720-30

- Fray Martín Troyano, 1724.

- Fray Juan de Torres, 1730.

- Fray Benito Blasco de Villalón, prior del convento de Huéscar (tan distinguido religioso bautizó, acompañado por los dos sacerdotes de Castilléjar, D. José de Fuentes y D. José del Pino, a José Joaquín, hijo de D. José Troyano y de Juana Leonés, el 28 de marzo de 1733).

- Fray Antonio González, 1739.

- Fray Juan Toral, prior del convento de Huéscar, 1743.

- Fray Vicente Morientes, 1748.

- Fray Juan de la Cámara, 1753.

- Fray Manuel Bueno Serrano, 1756.

A partir de mediados del siglo XVIII, la influencia de los dominicos va cediendo a la de los franciscanos, debido a que el convento de Santo Domingo se iba despoblando mientras el de San Francisco seguía pujante. En el momento de la Desamortización de Mendizábal ejercía como sustituto del párroco de Castilléjar un fraile franciscano, fray Pascual Cayuela, que, exclaustrado de su convento, siguió como cura ecónomo hasta 1846.

En resumen, la huella de la espiritualidad dominicana, especialmente de los miembros del convento de Huéscar, en la historia religiosa de Castilléjar, arranca en el siglo XVI y cuaja en realizaciones tan duraderas como la cofradía de la Virgen del Rosario, el patronazgo de la misma Virgen y de Santo Domingo y la creación de dos ermitas. Buena prueba de esa huella de los dominicos son estas fiestas en honor del santo de Caleruega, que han pervivido durante siglos y que deseo que estén llenas de alegría y de felicidad para todos los habitantes y los visitantes de Castilléjar.

BIBLIOGRAFÍA

- ARCHIVO PARROQUIAL DE CASTILLÉJAR.

- GONZÁLEZ BARBERÁN, Vicente. "Datos históricos del antiguo Convento e Iglesia de Santo Domingo, de los frailes predicadores, en la ciudad de Huéscar (Granada)". Úskar nº 3. Huéscar 2000.

- HUERGA, ÁLVARO. Los dominicos en Andalucía. Sevilla 1992.

1. La Santa Sede aconsejó a los reyes cristianos que favorecieran la predicación de los dominicos. Dos ejemplos señeros de protección a la Orden de Predicadores fueron San Fernando y su hijo Alfonso X el Sabio. Desde el Rey Santo hasta el siglo XVIII, los confesores reales fueron dominicos.

2. El gran momento de auge de la devoción a la Virgen del Rosario vino cuando, tras la batalla de Lepanto (7 de octubre de 1571), el papa dominico San Pío V declaró su día como fiesta para toda la Iglesia Católica.

3. Las constituciones de esta cofradía fueron aprobadas por el Arzobispo de Toledo, el cardenal D. Bernardo de Rojas y Sandoval, en 1599 (según dato del informe "Cofradías y hermandades de la vicaría de Huéscar en el año 1854", escrito por José Pío Abellán, que se conserva en el Archivo Diocesano de Toledo. Transcrito en el libro "Al aire de la Sagra"). La cofradía del Rosario ha sido la encargada de custodiar y organizar durante siglos la religiosidad popular castillejarana: Misas de Gozos y de Alba, Inocentes, novenas, rondalla de despertadores, fiesta de la Candelaria, salve en el día de la Purísima, Virgen de Agosto, etc.

4. Santo Domingo se veneraba en su ermita y también en la iglesia parroquial, como lo demuestra el hecho de que en el testamento del licenciado D. Blas Rosillo Muñoz, cura y beneficiado de Castilléjar, muerto el 8 de abril de 1685, se menciona el regalo de un velo de tafetán doble (del color que les pareciere a los albaceas) para el adorno del altar de Santo Domingo "en la iglesia".

5. La actual ermita de Santo Domingo de Guzmán, posiblemente levantada en el mismo solar de otra anterior bastante más antigua, fue inaugurada el día 5 de agosto de 1928 y, aunque deteriorada, aún permanece en pie. Esperemos que no haya que lamentar su ruina definitiva.

6. En la finca que desde antiguo recibe el nombre de la santa dominica italiana, dedicada desde la Desamortización a usos agrícolas, pero que conserva aún su estampa de edificio religioso.


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