ESCLAVOS EN SALOBREÑA

 

Gonzalo Pulido Castillo

Uno de los más graves defectos que pueden aquejar al estudioso o al aficionado a la investigación histórica es el intento de juzgar los hechos pasados a la luz de la mentalidad actual. Aunque la naturaleza humana es siempre la misma, las formas de vida varían a lo largo del tiempo de un modo tan radical que hoy nos parece monstruoso lo que antaño era natural, e incluso bueno. La Historia no puede ser juzgada desde nuestro punto de vista, sino a partir del enfoque de los contemporáneos del hecho histórico, inmersos en el mismo ambiente.

Durante varios siglos hubo esclavos en Salobreña, antes y después del final de la Reconquista, y poco importa ya que algunos de nuestros antepasados fueran esclavizados o esclavizadores. Todo pasó para siempre. Aunque es conveniente no perder de vista la Historia, no sólo por el placer de conocer, sino para evitar que se repitan la equivocaciones pasadas.

El presente artículo se refiere exclusivamente a los datos que sobre los esclavos de Salobreña, Lobres y Pataura nos proporcionan los libros del archivo parroquial, el único archivo histórico de la villa, desaparecido el municipal. A lo largo de los años se van bautizando algunos esclavos, y de las correspondientes partidas se obtienen datos, algunos sumamente curiosos e interesantes.

Se conoce un total de 69 bautismos de esclavos, distribuidos del modo siguiente: 45 en Salobreña, desde 1604 hasta 1730, de ellos 19 de adultos; 16 en Lobres, desde 1599 hasta 1697, con 5 de adultos; y 8 en Pataura (curiosamente el mismo número de personas juzgadas por la Inquisición en ese lugar, hoy desaparecido), desde 1596 hasta 1656, de ellos 2 de adultos.

¿De dónde procedían? No hay suficientes datos. Uno (Francisco, negro, bautizado en diciembre de 1615, esclavo de Sebastián López) provenía de Orán, dos mujeres eran berberiscas (una de ellas se bautizó a los 60 años, cuando estaba en peligro de muerte). Debió de ser triste la vida de estos seres, arrancados a la fuerza de su tierra y de su familia y obligados a vivir, a sufrir e incluso a morir lejos de los suyos. Algunos había que conseguían la libertad, un casamiento relativamente ventajoso o simplemente la amistad de sus amos. En Salobreña tenemos el caso de Francisco, que había sido esclavo del escribano Juan de Tovar y que en la fecha de su bautismo (abril de 1632) era libre. No sabemos si compró su libertad, como era frecuente, o se la regaló su amo.

Veamos ahora algo sobre los dueños de estos esclavos: Padro Gómez, señor de tres esclavos, era regidor por los años 1623-42; D. Luis de Toledo, con dos esclavos, fue alcaide del castillo y gobernador de la gente de guerra allá por 1651; D. Juan de Tovar, con otros dos esclavos, fue escribano entre 1626 y 1634 y posteriormente alcalde mayor entre 1659 y 1662; Jerónimo Díaz, sacristán (1629-43), poseía una esclava, llamada María de Santa Ana; D. Matías Muñoz, alférez mayor y regidor en 1611, era dueño de dos esclavos: un varón y una hembra, que le dio dos hijos, sin que, naturalmente, se supiera quién había sido el padre, por lo menos no lo sabía el cura que rellenó la partida; D. Juan de la Peña Negrete, escribano (1650-55) y regidor durante 20 años (1651-71), era también propietario de una esclava, madre durante su esclavitud de tres hijos; dos beneficiados, distantes entre sí cerca de cien años, tuvieron un esclavo cada uno; D. Martín de Casanova, regidor entre 1635 y 1649 y verdugo en 1650, tenía una esclava, Agustina de Ortega. Sirvan de ejemplo estos personajes, para no alargar excesivamente este artículo.

Desde luego, el bautismo de estos esclavos se celebraba con el ceremonial solemne que requería la ocasión. Asomémonos, aunque sea someramente, a aquellos hechos lejanos: Ana María (1610), esclava de Dª Catalina de Toledo, tuvo un buen bautizo: le echó el agua el doctor D. Jerónimo de Montoya, canónigo granadino y visitador general del Arzobispado, su padrino fue el beneficiado D. Luis Basco de Cuenca, y testigos el también beneficiado, y vicario años después, D. Marcos de Mendoza (que en 1615 bautizaría a su esclavo Pedro con similar ilustre compañía) y el alcalde mayor de Salobreña, D. Alonso Pérez de Vargas; Andrea Antonia (1679), esclava del capitán D. Pedro de Palencia, después de haber sido catequizada en los misterios de la Fe, dijo que "daría mil veces la vida antes de ir contra ellos, y que renunciaba a la ley de Mahoma", porque era descendiente de moros; Francisco (1681), esclavo del regidor D. Domingo García Chicharro, dijo antes del bautismo que "de su libre voluntad lo quería recibir, sin ser forzado ni apremiado de sus amos, ni de otra persona alguna, y que aborrecía la secta mahometana".

En Lobres, en diciembre de 1673, se celebró una boda en la que los contrayentes eran esclavos: Francisco de la Cruz, de Juan de Silva, vecino de Motril, y María de la Concepción, sierva de Dª Agustina de Negri, perteneciente a una de las mejores familias lobreñas.

Poco a poco, desde principios del siglo XVIII, Salobreña vio desaparecer la institución esclavista, último resto visible de una época dura y batalladora. A pesar de todo, nuestra sociedad no ha desterrado aún la esclavitud, la ha hecho más sutil, más encubierta, y la dominación del hombre se realiza con otros medios, pero eso ya es otra historia

(Publicado en el periódico Ideal. Septiembre de 1981)


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