Fragmentos de historia oscense

 

LOS FRANCISCANOS EN HUÉSCAR (GRANADA) (II)

Gonzalo Pulido Castillo

 

FRAY GREGORIO ROMERO

El padre fray Gregorio Romero fue nombrado por el Capítulo General de la Orden, celebrado en Loja, Guardián del convento de Huéscar en 1681. En 1687 pasó a serlo del de San Diego, de Cartagena. Volvió a Huéscar en 1690. Ese año participó, junto con el Prior de los dominicos, en el asunto de una monja dominica que vivió varios años loca o poseída del demonio. Pasó a otro convento y regresó en 1703. Fue tres veces maestro en la Cátedra de Prima de Sagrada Teología, dos en la de Filosofía, una en la de Vísperas, otra en la de Teología Moral, y otra en la de Mística. Además fue Definidor habitual de la provincia de San Pedro de Alcántara.

Fue el último confesor de la célebre terciaria franciscana oscense Dª Francisca María de la Jara (1), muerta en 1682. Cuando fray Juan de Monreal preparó su biografía, publicada en 1724, Romero le entregó unos cuadernos en los que había anotado sus impresiones. También fue confesor de la beata Lorenza de San Pascual, muerta en 1721, y de ella escribió al año siguiente una documentada biografía. (2) Con ellas y con otras muchas personas ejerció una provechosa dirección espiritual. Debió de ser, además de piadoso, inteligente y con gran prestigio dentro de su orden. Amaba la pobreza y la austeridad de tal manera que no consintió en poseer sino un solo hábito, usar las sandalias más viejas, comer lo menos apetecible...

Sufrió varias enfermedades a lo largo de su vida. Posiblemente a causa de una caída tenía los huesos de la cadera fuera de su sitio, lo que lo molestaba bastante, a pesar de lo cual celebraba misa cada día y acudía al confesionario con gran paciencia. Cuando le preguntaban si necesitaba o le apetecía alguna cosa, respondía: "Nada me falta. Estoy más asistido que el Rey. Mejor que al mayor señor se me asiste". En 1708 estuvo a las puertas de la muerte. Los achaques de la edad y las múltiples penalidades estaban acabando con sus energías. Todo Huéscar estaba conmovido por la inminente desaparición de aquel religioso tan estimado. En la estrechez de su celda, desahuciado por los médicos, aguardaban los frailes su último momento. Cuando de pronto se le oyó decir con voz clara: "Tiran de arriba, y de abajo tiran". Se incorporó, completamente sano, con el semblante alegre, y se puso a bromear con el médico y con los asombrados testigos de tan súbita recuperación.

Poseía un gran sentido del humor, una "graciosidad graciosísima", como dijo su panegirista fray Blas García. También era aficionado a la poesía. Tenía costumbre de enviar a los amigos ausente unos cuadernillos con poemas breves en los que desarrollaba temas religiosos. Para los preliminares de la biografía de Francisca María de la Jara escribió fray Gregorio Romero un epigrama latino que comienza:

Laudibus astra colant, victrix Francisca triumphos,

devictis mundo, daemone, carne, tuos... (3)

Aquí, en el convento de Huéscar, tras una dilatada vida, murió el 13 de diciembre de 1722 y fue enterrado al lado de su buena amiga Lorenza de San Pascual. Antes de ser inhumado, su cuerpo fue depositado un rato a los pies de la imagen de la Virgen del Carmen, (petición expresada muchas veces en sus últimos días) por la que sentía gran devoción, y de cuya capilla había sido sacristán. Se cuenta que, estando de cuerpo presente entre una gran cantidad de devotos que acudieron a rezar, una mujer tocó sus pies descalzos y notó en sus dedos el pulso como si aún estuviese vivo, y que, al rozar alguien su hábito, el cadáver abrió los ojos, lo que fue considerado prodigio sobrenatural por los asistentes.

Días después de su muerte, el 21 del mismo mes, se celebraron las honras fúnebres por su alma. Pronunció la oración panegírica el padre fray Blas García, lector de Teología Moral y Guardián del convento oscense, su superior durante algunos años. El texto de la oración fue publicado en Murcia y en Granada pocos meses después, en el verano de 1723, edición costeada por don Juan Pedro Rato García de Villanueva. Al estilo de otros sermones del siglo XVIII, el predicador exalta hiperbólicamente las virtudes humanas y cristianas del padre Romero, al que llama "celosísimo prelado, el más obediente súbdito, la firme columna de la vida religiosa, la alegría de todos, la luz en la consulta, la guía en el consejo, el maestro de todos, ... el seguidor más activo del evangélico estado, el ejemplar más propio de la voluntaria pobreza, el Etna abrasado de la caridad más ardiente, el asilo común de trabajos y desgracias, el eficaz consuelo para el alivio del triste, el universal socorro para las dolencias todas, el lince penetrante de interiores pensamientos". Y exhorta a Huéscar a que, pues conserva el tesoro de sus restos mortales, no permita que se pierda el recuerdo de su vida: "Murió nuestro amado padre, porque en el veloz curso de este mundo Omnes morimur quasi aquae dilabimur (4). Murió, dejándonos su muerte sin consuelo; empero su vida, sus virtudes, sus ejemplos, su caridad y el método de su muerte nos dejaron argumento de que inferir con piedad cristiana que vive en Dios quien en su vida mortal ni con obras ni palabras sabía apartarse de Dios. Y si vive, claro está que vive para no olvidarse de ciudad que tanto amó, vive para solicitarle el consuelo, vive para alcanzarle el alivio que afligida necesita y vive para impetrarla el acierto ... Noble ciudad, pues le fuiste tan amada, no lo cuentes con los muertos. Viva por eternidades, viva siempre gloriosa su memoria, viva su amor con filial agradecimiento a sus beneficios en nuestros pechos".

BEATAS TERCIARIAS FRANCISCANAS (5)

El fenómeno de las beatas es propio de la España de la Contrarreforma. El profundo sentimiento religioso de la sociedad y la ausencia en ella de cauces participativos para la mujer produjeron manifestaciones como la hechicería, la brujería o la beatería. Pero no todo era lo mismo. Hechiceras y brujas eran embaucadoras, echadoras de cartas, desveladoras del porvenir, fabricantes de pócimas mágicas, amigas íntimas del demonio, etc. Por lo general la Inquisición fue benigna con ellas (6). Fueron consideradas más enfermas que peligrosas.

Las beatas eran mujeres que dedicaban su vida a la religión sin las ataduras de la clausura o de la vida en común. María de los Ángeles Fernández García nos dice, refiriéndose a las procesadas por la Inquisición granadina, que "en su mayoría son mujeres mayores, con una edad media comprendida entre los 40 y 50 años, actúan de forma absolutamente independiente, su único medio de vida parece ser el ejercicio de la <beatería=; pertenecientes casi todas a órdenes terceras: dominicas, carmelitas... Formaban un grupo bastante heterogéneo: visionarias, profetisas, revelanderas y otros especímenes más o menos estrafalarios".

Ninguna de estas características (aparte de la de pertenecer a las órdenes terceras) corresponden a las beatas oscenses del siglo XVII cuyas vidas conocemos, si exceptuamos a Antonia Rodríguez, "la beata de Huéscar", de la orden de Santo Domingo, amonestada en 1614. Francisca María de la Jara se mantuvo siempre dentro de la más estricta ortodoxia católica. Y lo mismo podemos decir de otras muchas. Lorenza de San Pascual pudo poseer poderes de curandera, pero ella, humildemente, siempre los atribuyó a la intervención divina y a la fuerza de la oración.

Beatas hubo en Huéscar desde muy pronto. Recién reconquistada la ciudad se fundó en su recinto antiguo el beaterio de Santa Ana. También la orden dominicana poseyó un grupo de devotas comprometidas con su carisma desde mediados del siglo XVI. Algunos nombres fueron los de Ana Méndez (1588), Juana de Corbera (1589), María de Santa Ana (1602), Francisca de San Miguel (1604), Lorenza de San Francisco (1608), Ángela Martínez (1622), María de San José (1634), Lucía Fernández (1636), Beatriz Marín (1656), Juana Hernández (1673)... (7)

Pero, sin lugar a dudas, las terciarias franciscanas tuvieron mucha más influencia en la vida religiosa oscense. En 1596, seis años antes de la fundación del convento, está documentada la existencia de la beata María de Jesús. (8)

Francisca María de la Jara, nacida en Huéscar el día 2 de julio de 1654 y muerta en la misma ciudad el 24 de abril de 1682, fue un claro ejemplo de la encendida religiosidad de aquel siglo. Su temprana muerte no impidió que destacara por su sólida fe, su humildad a prueba de sinsabores, su delicada espiritualidad y su visión apasionadamente cristiana de la vida. Guiada siempre por sus confesores franciscanos, alcanzó una fama de santidad que aún pervive. El atractivo espiritual de La Jara hizo que a su alrededor, incluso después de su muerte, se desarrollase un círculo de mujeres escogidas en busca de la perfección interior. Lorenza de San Pascual, Feliciana de Ortega, Juana de Olivera y Matías de San Buenaventura siguieron la senda marcada por aquella flor mística (9).

CÁTEDRAS DE FILOSOFÍA Y DE GRAMÁTICA

En el convento oscense hubo cátedra de Filosofía (10) para los miembros novicios de la orden, a la que también acudían estudiantes seculares. Dicha cátedra estaba auspiciada tanto por el cabildo eclesiástico como por la corporación municipal. En ella se educaron y se formaron numerosas generaciones de jóvenes, no sólo para seguir los caminos del claustro sino para acceder a puestos relevantes en la sociedad civil.

Es interesante un memorial dirigido al Ayuntamiento en 1747 por el entonces lector de Filosofía, fray Sebastián de Cabrera, en el que se exponía el perjuicio que ocasionaba al desarrollo de la enseñanza el que tantos estudiantes de su aula estuviesen en prisión. Protestaba el fraile de que, dadas las condiciones y circunstancias de la cátedra, debía gozar de los fueros y exenciones de los seminarios públicos. Manifestaba que el problema se agravaba porque algunos estudiantes se habían ahuyentado y sus padres no los dejaban volver, con lo que no sólo perderían ellos, sino también la ciudad e incluso la provincia.

En el año 1758 se propuso a la ciudad la creación de una cátedra de Gramática, accesible para los estudiantes no religiosos, pagadera por el cabildo municipal con el mismo sueldo de anteriores preceptores de dicha materia. El acta de los libros capitulares dice así:

"En la ciudad de Huéscar, en seis de junio de mil setecientos cincuenta y ocho años, los señores Concejo, Justicia y Regimiento de ella, a saber, el señor licenciado Don Gregorio Salvador y Gómez, abogado de los Reales Consejos, Gobernador y Justicia Mayor de esta dicha ciudad y su estado, Don José Troyano Pardo de la Casta, regidor y teniente de gobernador de ella, Don Alfonso Vázquez Quevedo, Don Domingo García Castrión, Don Antonio Aguado y Don Juan Antonio Romero, regidores, y Don Antonio Ruiz Marín, procurador síndico general de ella, juntos por ciudad y en nombre de ella acordaron lo siguiente:

Sobre maestro de Gramática

En este cabildo se trató y confirió haberse hecho presente por su merced dicho señor gobernador como en el día de ayer por el Reverendo Padre Guardián del Convento de Nuestro Padre San Francisco de esta ciudad se le había manifestado tenía orden del reverendo Definidor de dicho Convento para que propusiese a esta ciudad estaba en ánimo de establecer en él Cátedra de Preceptor de Gramática que la enseñase a los párvulos que se dirigiesen al estudio, con la cualidad de que la renta y salario que han percibido los preceptores que la han servido en esta ciudad había de cedérsele y pagarse a dicho convento, lo participó a dicho señor gobernador para que lo hiciese presente a esta dicha ciudad, por quien entendido de una conformidad se acordó se respondiese a dicho Padre Guardián vería esta ciudad bien en que se estableciese la Cátedra de Gramática que se propone en el Convento de Nuestro Padre San Francisco de ella y estaba pronta a concurrir con el salario que hasta aquí se ha dado por la ciudad a los maestros que han sido, con la condición de que hubieran de ser a su satisfacción los religiosos que se destinasen para el referido empleo, y que reclamando el vecindario por algún defecto de ellos que apreciese legítimo y justo a esta ciudad hubiese de nombrar y poner en su lugar el Reverendo Definidor otra persona de las circunstancias que se necesitan para la enseñanza y educación de los estudiantes seglares, sin embargo que conoce esta ciudad lo ejecutará siempre con el acierto que corresponde y así lo espera como que también habiendo cátedra de artes en dicho convento los estudiantes de esta ciudad y su jurisdicción se admitan a ella, con los religiosos coristas para quienes principalmente es instituida, de cuyo acuerdo se dé parte a dicho reverendo Padre Guardián por testimonio, como de que la renta anual consignada a los preceptores de Gramática han sido veinticuatro ducados, para que le conste formalmente."

Dos meses después ya andaba el Ayuntamiento urgiendo a los frailes a poner en práctica lo acordado. El Padre Guardián había indicado la necesidad de "hacer en dicho su convento un cuarto que sirviera de aula para la enseñanza de los niños y que hallándose sin caudales para poderlo hacer suplicaba a esta ciudad que mediante a tener porción de cal se les socorriese con alguna porción". También pedía al cabildo que dos comisarios de la propia corporación acompañasen al superior a pedir limosnas por el pueblo para sufragar los gastos, lo que se les concedió. (Acta del 21-agosto-1758).

Ocho días después, las últimas dificultades formales se resolvían con el consentimiento del cabildo eclesiástico. "En este cabildo se trató y confirió haber instado a esta ciudad el Reverendo Padre Guardián del Convento de Nuestro Padre San Francisco, a fin de que para que se consiga el establecimiento formal de la cátedra de Gramática para los estudiantes de esa ciudad se necesita el convenio recíproco del cabildo de esta ciudad y el eclesiástico de la Iglesia Mayor de Señora Santa María para que en vista de su conformidad pudiese dicho Reverendo Padre consultarlo al Definidor de esta provincia para que prestase su consentimiento y aprobación para dicho establecimiento, lo que entendido por esta ciudad y continuando el mismo concepto que tiene manifestado en el cabildo que celebraron a este efecto, desde luego para que se consiga el fin de que dicha cátedra de Gramática se establezca en dicho convento y esto sea con las formalidades correspondientes para su permanencia, y con el beneplácito del venerable cabildo eclesiástico de dicha Iglesia Mayor, se acordó pasaran a manifestarle lo referido los señores Don Domingo García Castrión y Don Nicolás Vázquez Quevedo, regidores de este ayuntamiento, quienes en cumplimiento de su encargo pasaron en la forma y bajo las ceremonias acostumbradas a hacer presente lo referido a dicho venerable cabildo, y, habiendo vuelto de ejecutarlo a este ayuntamiento, hicieron presente habérseles respondido que por medio de sus comisarios resolverían y darían respuesta a esta ciudad, y con efecto habiendo entrado en estas salas capitulares los señores Don Francisco Antonio de Robles y Don Salvador Abellán, presbíteros beneficiados de dicha Iglesia Mayor, en calidad de comisarios del cabildo, manifestaron a esta ciudad se conformaba dicho su cabildo con lo que tenía resuelto y acordado en honor al establecimiento de maestro de Gramática en dicho convento de Nuestro Padre San Francisco, en los términos que a dicho su cabildo habían propuesto y tienen acordado, y sin perjuicio de las regalías y privilegios que residen en este ayuntamiento y expresado cabildo eclesiástico." (Acta del 29-agosto-1758).

OTROS DATOS DE LOS SIGLOS XVII Y XVIII

La austeridad en el convento debió de ser auténtica pobreza. En 1613 se murió la cabalgadura ("un macho") que usaban los frailes para su servicio y el limosnero fray Diego Rodríguez solicitó al cabildo municipal una limosna para poder comprar otra. Los señores del cabildo respondieron muy diplomáticamente "que se verá lo que más convenga".

En febrero de 1618, fray Pedro de Palacios, confesor del convento, pidió al Ayuntamiento alguna ayuda y se le concedieron 6 arrobas de abadejo y 4 de aceite. Anualmente, el cabildo municipal entregaba a los religiosos una limosna para su mantenimiento, casi siempre de más de 3.000 maravedíes.

En Huéscar, como en todas las parroquias de España, se hacía en fechas anteriores a la Cuaresma la publicación de la Bula de la Santa Cruzada. El Alguacil mayor del cabildo y los distintos gremios del pueblo, con sus respectivos estandartes y pendones, se dirigían en procesión a la iglesia de San Francisco para escuchar la lectura del documento que hacía pública la Bula, que mientras tanto estaba depositada en el altar del Rey de los Frutos de dicha iglesia. (Otras veces era en el altar de la capilla de San Pascual Bailón y otras en el de San Francisco, pero siempre en la iglesia de los Padres Franciscanos).

Cada vez que se celebraban rogativas, ya fuera para luchar contra la langosta o contra la sequía, los religiosos de la Orden Seráfica participaban de buen grado en ellas, y lo mismo en las fiestas relacionadas con las Santas (aunque no con la intensidad de los dominicos). Los frailes celebraban un novenario de misas a las Patronas y oraciones en el convento para pedir la lluvia. Como ejemplo valga, a pesar de su prolijidad, un acta de los libros capitulares del Ayuntamiento que posee gran interés por el hecho insólito de que las imágenes de las Santas fueron bajadas de su ermita por el pueblo llano, sin contar con las autoridades civiles ni eclesiásticas. Cedamos la palabra al escribano:

"En este cabildo (4 de mayo de 1659) se confirió sobre que habiendo reconocido la ciudad la gran sequía que por la falta de agua se padecía pidió hará dos meses al cabildo eclesiástico que se trajesen las Santas Mártires Santas Nunilo y Alodia, patronas de esta dicha ciudad, por la experiencia que se tiene que siempre que esta ciudad en semejantes ocasiones se ha valido de su intercesión ha sido Nuestro Señor servido de remediar las necesidades que se han ofrecido y en especial la de la falta de agua, y no se pudo conseguir con dicho cabildo eclesiástico que se trajesen las Santas, y la necesidad del agua ha ido y va creciendo de manera que los panes y los campos están perdidos, con que el pueblo oprimido de la necesidad, con el fervor de su devoción, sin consulta ni orden de la ciudad ha ido esta noche y de hecho ha traído a las Santas a la ermita de San Bartolomé, que está cerca de los muros, y así que la ciudad ha sentido esta acción por que se disgustó, que ningunos particulares tengan mano para hacerla ni que se traiga a las Santas sin forma de procesión y sin la autoridad y veneración que siempre se han traído, se considera que ni es posible castigar a todo un pueblo, y mas cuando se mueve por devoción y por la gran necesidad como la que se padece, y ya como quiera que haya sido están las Santas a la puerta de la ciudad y que es bien hacer en servicio y obsequio todo gasto que se pueda, se acuerda que por los señores don Blas de Baena y don Alfonso Muñoz, represente a dicho cabildo eclesiástico todo lo referido y le suplique salgan en forma de él para recibir las Santas; y la ciudad haga lo mismo en forma de ciudad, y los señores Juan Bautista Rato y don Bartolomé Muñoz, diputados, cuiden de que las Santas estén muy asistidas de luces y con la veneración que en otras ocasiones, y para ello cuiden de hacer y pedir limosnas. Y los dichos señores don Blas de Baena y don Alfonso Muñoz conviden a las cinco hermandades para que asistan al recibimiento con sus hachas, y en el novenario hagan lo que su mucha devoción acostumbra; y se pregone que a la procesión del dicho recibimiento salgan todos los pendones de los oficios públicos, y en caso que la iglesia excuse salir a recibirlas, se traigan acompañadas de la ciudad y de las hermandades y pueblo con toda decencia al convento de Señor Santo Domingo desta ciudad, cuya iglesia es de la advocación de las Santas, y para ello los dichos señores don Blas de Baena y don Alfonso Muñoz, pidan licencia al padre prior del dicho convento, al cual y al padre guardián del convento del Señor San Francisco se les suplique que en la iglesia donde las Santas estuvieren digan su novenario de misas, y al convento de Madre de Dios se dé razón por dichos señores para que, mientras estuvieren en esta ciudad las Santas, hagan todos los días por comunidad una acción particular por la necesidad del agua, y en todo obren los dichos señores cuatro comisarios cuanto convenga y si necesitaren de otra mayor asistencia den cuenta a la ciudad para que todos sus capitulares asistan y por ellos se vele a las Santas, por horas de dos en dos, y habiendo pasado el turno de la ciudad se convide para ello a toda la gente principal y se pongan sus banquillos y cojines donde estén de rodillas, como en otras ocasiones se ha hecho, y así lo acordaron y firmaron conforme a la costumbre".

También era costumbre que el Padre Guardián del convento franciscano, junto con el Prior de los dominicos y el gobernador de la ciudad, asistieran a los exámenes de Moral, Cánones y Teología que se hacían a los sacerdotes aspirantes a los beneficios eclesiásticos de las iglesias de Santa María y de Santiago

En 1718 sufrió el convento un gran incendió que comenzó en las puertas que dan al campo y se comunicó a los pajares y a las caballerizas. La librería, que estaba cerca, tuvo que ser desocupada inmediatamente, lo que se pudo hacer gracias a la colaboración de las autoridades y de todo el pueblo, que acudió sin tardanza a apagarlo con calderos. Hubo actos de heroísmo y salvaciones milagrosas de los voluntariosos bomberos. Pero parece que lo que más llamó la atención (según la narración de Antolín Navarro) fue que no se perdió ningún volumen de la librería, ni ningún objeto de la iglesia, aunque estuvo abierta y sin custodia durante varias horas, ni siquiera ninguno de los calderos que los vecinos usaron para llenar de agua y arrojarla a las llamas. Un verdadero milagro.

En octubre de 1724, el vecino de Huéscar Manuel Rodríguez, labrador que tenía posesiones en Campofique, invitó a su cortijo a los cuarenta y dos frailes que entonces habitaban el convento. Si exceptuamos al padre maestro y seis coristas, que sólo estuvieron un día, el resto de la comunidad pasó allí desde un martes hasta el sábado por la noche, convidados por tan obsequioso y generoso vecino.

En 1733 la ciudad concedió una limosna de 500 pinos para ayuda del Sagrario. En junio del mismo año se declaró en el convento una plaga de tabardillos y tercianas que duró hasta diciembre. Pocos se libraron de la enfermedad. Había catorce o quince enfermos a la vez. La gente se retrajo y no acudía al convento ni a la iglesia para no contagiarse. Hubo tres muertos. La razón de tanto contagio se achacó a la estrechez de las celdas y a carecer de enfermería.

En 1734 se reformaron y ampliaron algunas dependencias del convento, lo que supuso un gasto de 4.000 reales, más casi otro tanto en dar de comer a carpinteros, albañiles, peones, y a quienes conducían los materiales. El gasto fue sufragado por los habitantes de Huéscar y de su comarca, especialmente los de Orce. Se distinguió por su colaboración personal y económica D. Damián Vázquez Quevedo, tesorero de las obras, por lo que al morir (dos años después) se le hicieron exequias como si hubiese sido un religioso. Había prestado a los frailes una gran cantidad de dinero, que le fue devuelto a su hijo Andrés, menor de edad.

En marzo de 1736 murió D. Alejo Toral, síndico del convento y cura propio de la parroquia de Santiago, fundador de un octavario de misas rezadas con sermón a la Purísima Concepción. Las misas se pagaban del caudal producido por unas fincas de su propiedad. Años después este octavario pasó a decirse en la iglesia de Santa María, hasta que en 1804 el Gobierno se incautó de las fincas y las vendió.

En 1747 el cabildo municipal debió devolver a la comunidad franciscana los 400 reales que se le habían cobrado indebidamente por el repartimiento de las rentas provinciales sobre el consumo de vino, según acordó el Real Consejo de Hacienda de Su Majestad.

En 1752 volvieron a declararse en el convento las fiebres tercianas, tan malignas que duraron desde junio hasta septiembre. No faltaron a los enfermos recursos ni medicinas, proporcionados por los habitantes de Huéscar, generosos siempre con sus frailes. Se curaron gracias a la intervención del Rey de los Frutos, al que sacaron en procesión por el lugar que hacía las veces de hospital. Aquel año habitaban el convento un total de 40 religiosos. (11)

El día 1 de noviembre de 1755 Huéscar tembló a causa de un terremoto. (12) Se estaba celebrando la misa en la iglesia de San Francisco. Al decir el sacerdote "Oramus te, Domine" comenzó el temblor, Ael terremoto universal que se experimentó en todo el globo@, como dice el sacristán Navarro. Se desprendió la imagen de San Francisco, que estaba encima de la boca del camarín de la Purísima Concepción, cayó sobre el cáliz, preparado para el Santo Sacrificio, y lo abolló. La cabeza y las manos de la imagen quedaron destrozadas, pero no tocó al celebrante ni a los cuatro acólitos que ayudaban.

LOS FRANCESES EN SAN FRANCISCO

En 1808 las águilas napoleónicas iniciaban la invasión y conquista de España. Pero la operación no resultó tan fácil ni tan breve como habían supuesto. El pueblo español se levantó en armas contra los franceses. Y unas veces como ejército regular y otras, las más, como grupos de guerrillas supieron los desordenados y mal equipados españoles hacer morder el polvo a los soberbios mariscales galos.

A principios de 1810 llegaron a Huéscar las primeras noticias de que los franceses estaban cerca. Y a lo largo del año se sucedieron en toda la comarca los atropellos y las vejaciones a los individuos y a las instituciones. Destacan los incendios de la iglesia parroquial de Castril (su artesonado quedó reducido a cenizas), de otros edificios importantes y de los archivos de la villa, ocurridos en la madrugada del 26 de junio.

La población oscense se vio humillada por aquellos invasores que, en nombre de la libertad y del progreso, coaccionaban a las personas y saqueaban sus bienes. Durante algunos meses hubo que mantener, albergar y soportar a varios cientos de soldados extranjeros que a nada y a nadie respetaban.

Los franciscanos más ancianos del convento, del que era Guardián por entonces fray Manuel Molinero, acordaron que las alhajas de más valor se custodiasen en casas principales hasta que pasase el furor de aquella revolución. Se seleccionaron las mejores piezas de la iglesia, de la sacristía y de la cocina (Navarro dixit). Fray Miguel Muñoz trasladó las imágenes a Santa María, la plata fue llevada fuera de Huéscar y el cobre dejado en casas diferentes.

El día 17 de julio de 1810 llegó al convento el Secretario General de la orden, fray Antonio Valenzuela, con el encargo de dirigir la comunidad en aquellos momentos confusos. Era un hombre templado y prudente que supo hacer frente a las dificultades. Pocos días después de haber tomado posesión se le presentó el Corregidor oscense, acompañado de un escribano, para hacerle saber que, por orden del rey José Bonaparte, se mandaba secularizar a todos los miembros de aquella comunidad y que ninguno de ellos pudiese llevar nada de cuanto se guardaba en el convento. Se mandaba a la intemperie a los religiosos, jóvenes y ancianos, y se les privaba de cuanto había sido de su propiedad desde la fundación del convento. El desconcierto y la desolación de aquellos pobres frailes debieron de ser extraordinarios. Para evitar que pudieran llevarse algo se realizaría un inventario de muebles y alhajas, se cerraría después el convento y se pondrían guardas para su custodia.

El padre Valenzuela consiguió de la autoridad que se le nombrase depositario, a fin de evitar robos y destrucciones. Y al hacerle saber que el convento estaba destinado a ser cuartel, "tabicó la librería, clavó las puertas del coro e iglesia, y vestido de seglar quedó a la mira para ver si podía evitar la destrucción y el desmejoramiento del convento"

Llegadas las tropas imperiales a la ciudad, se fueron alojando en casas particulares y en edificios públicos (13). En San Francisco se albergaban en 1811 un total de 500 soldados franceses. Y fray Antonio Valenzuela, angustiado por los acontecimientos, procuraba no molestar demasiado a los invasores, no fueran a destruirlo todo.

Un efímero empuje de las tropas españolas permitió que Valenzuela pudiese reparar algunos desperfectos causados en los meses de ocupación. Reunió a los religiosos que no habían abandonado la ciudad y en procesión hizo retornar de Santa María las imágenes de la Purísima Concepción y de San Francisco. La iglesia franciscana se abrió de nuevo al culto público.

El día 26 de julio de 1811 se cantó una misa de acción de gracias con sermón. Pero no todo había acabado. Lo peor estaba aún por venir. Días después, el 9 de agosto, a las 8 de la noche, una división del ejército imperial llegó a Huéscar en persecución de las tropas españolas, que se habían replegado de sus posiciones. Los religiosos se vieron obligados a pedir a los vecinos no sólo hospitalidad, sino también ropas de seglares, para poder pasar inadvertidos.

El padre Valenzuela, que se había ocultado en casa de Dª Antonia Muñoz (14), fue sacado de allí y conducido a la cárcel pública. Pasadas unas amargas horas de inquietud, un soldado le abrió la puerta y lo acompañó a las afueras de la ciudad.

Sabiendo que no podía regresar a Huéscar sin poner en peligro su vida, se quedó en el campo y, en compañía del lego fray Pedro Serrano, llegó a donde se ocultaba el rebaño de ovejas propiedad del convento y lo puso en manos de personas de confianza. Luego marchó a Murcia para reunirse con su Provincial. El convento y la iglesia quedaron abandonados a su suerte. Los religiosos se fueron acomodando en la parroquia, en las cofradías e incluso en casas particulares para sobrevivir y no perecer de hambre.

Meses después, alejado ya de estas tierras el huracán francés, el 7 de noviembre de 1812, llegó a Huéscar el Padre Provincial fray Diego del Río y, convocados los religiosos en casa del Vicario, fue nombrado presidente de la comunidad fray Francisco Torralbo, que dedicó todas sus fuerzas a la reconstrucción de los edificios. El convento, en especial, había sufrido una sistemática destrucción; faltaban puertas, ventanas y tabiques.

Torralbo contó con la siempre generosa colaboración del pueblo oscense y en menos de tres meses pudieron reabrirse la iglesia y el convento. El 13 de enero de 1813 volvió la comunidad a su casa. Y se fueron solucionando los problemas del sustento de los religiosos. Casi todo había recuperado su antiguo esplendor. Faltaba el órgano, destrozado por la barbarie de los invasores; y el padre Torralbo, recorrió la guardanía en petición de limosnas para la construcción de uno nuevo, lo que después de infinitas dificultades pudo hacerse. Costó un total de 16.000 reales.

Volvían los buenos tiempos para la comunidad franciscana. Lo que pocos imaginaban era que aquella mejoría de la situación sería la que, según dicen, precede a la muerte.

DESAMORTIZACIÓN

Desamortizar es poner en estado de venta los bienes de manos muertas, mediante disposiciones legales. Así, las posesiones de ayuntamientos, señoríos, órdenes religiosas, parroquias, etc. dejan de ser propiedad de éstos, pasan a poder del Estado y luego, tras su venta o subasta pública, se convierten en bienes libres, en manos de particulares.

Aunque hubo algunas leves desamortizaciones en los últimos años del siglo XVIII, las de más trascendencia y repercusión tuvieron lugar durante la época del liberalismo burgués del siglo XIX. El primer intento tuvo lugar, como ya hemos visto, en el breve reinado de José Napoleón. La misma idea surgió en las Cortes de Cádiz, en 1813, cuyas disposiciones fueron anuladas por Fernando VII. Bajo la regencia de María Cristina de Borbón, en la minoría de edad de Isabel II, el conde de Toreno, en 1834, y Mendizábal (15), durante el período 1835-37, pusieron en venta las propiedades de la Iglesia (16), tarea que concluyó Pascual Madoz en 1855 desamortizando los bienes que habían quedado del clero regular, los del clero secular y los propios de los municipios.

Ya en el llamado Trienio Liberal, en 1821, se suprimía el convento de Santo Domingo, pero se mantenía el de San Francisco (17). Fugaz respiro, porque en septiembre de 1835 la orden del gobernador provincial no admitía retrasos: exclaustración de los frailes, cierre de iglesias y conventos y venta de los edificios.

Los franciscanos descalzos de Huéscar se vieron expulsados de su convento, despojados de su iglesia, desposeídos de sus bienes, imposibilitados incluso de llevar el hábito de su orden. Sus imágenes religiosas y objetos litúrgicos de valor pasaron a las parroquias de Santa María y de Santiago. Algunos restos mortales que descansaban en la cripta franciscana fueron trasladados a la que se halla bajo la capilla bautismal de Santa María (18). La comunidad fue disuelta.

En la primera subasta nadie había pujado por San Francisco. La iglesia había sido cerrada. Mientras tanto, el convento pasó a ser habitado por familias necesitadas. En 1840 la Administración de Hacienda recuerda la subasta, pero ésta no se realizó. En 1845, ante la insistencia del Ministerio de Gobernación, el Ayuntamiento contesta que el convento puede dedicarse a escuela. En 1850 el deteriorado edificio sufrió pérdidas de materiales que sirvieron para obras en las Casas Consistoriales, casi ruinosas en aquellos días. En la subasta del año 1864, por fin se vendieron los venerables inmuebles para ser usados en tareas agrícolas, como depósito de cereales. El atrio fue usado como calera durante algún tiempo (19).

Las tierras propiedad de la comunidad, que sumaban un total de 6 fanegas (20), salieron a subasta por un valor de 11.737 reales, aunque el precio de remate ascendió a 17.100 reales.

En 1837 las alhajas de los conventos desamortizados, que habían sido requisadas, fueron llevadas a Granada. Se emplearon en los gastos de las guerras carlistas. Las imágenes de San Francisco y Santa Clara, con sus urnas de madera dorada, se llevaron a Santa María, en cuyo interior fueron colocadas, sobre unos pedestales, a ambos lados de la puerta mayor (21). Las de San Pascual Bailón y el Ecce-Homo pasaron a la iglesia de Santiago.

Los frailes exclaustrados fueron incorporados a distintas parroquias o se marcharon a otros lugares; algunos, los más jóvenes, volverían a sus pueblos para empezar una nueva vida que no era la que habían elegido. Sus días en el tranquilo convento oscense iba siendo cada vez más sólo un recuerdo.

De algunos tenemos breves noticias que hemos podido rastrear en los libros parroquiales de Santa María:

- Fray Juan Juárez, era natural de Nigüelas, había sido Padre Guardián. Murió en 1843, con 55 años, siendo beneficiado ecónomo de Santiago.

- Fray Francisco Jaén, natural de Lorca, murió en 1845, con 76 años de edad, siendo capellán de vestuario de la parroquia de Santiago.

- Fray Francisco Rojano, natural de Maracena, fue cura ecónomo en la parroquia de la Toscana, y murió en 1846, a los 66 años.

- Fray Pedro Mirantes era natural de Guadix. Murió en 1847, con 71 años.

Hoy los antiguos edificios franciscanos son vestigios condenados a la desaparición y al olvido (22). El abandono creciente de los testigos del pasado que manifiesta nuestra sociedad hará pronto irreconocible en Huéscar la huella del ayer. Y los pueblos que pierden su memoria es posible que pierdan también su alma y su personalidad.

RECUERDOS FRANCISCANOS EN HUÉSCAR

La invasión francesa, la desamortización y la guerra de 1936-39 pasaron sobre Huéscar como los jinetes del Apocalipsis. La destrucción y el abandono de los edificios supuso también la pérdida del tesoro artístico que contenían. Pasemos revista a lo que sobrevivió después de tantas calamidades.

A la iglesia de Santiago pasaron, tras la desamortización, el portapaz de la Virgen de las Angustias y la parte superior de una puerta magníficamente adornada. El portapaz es una joya gótica de plata que representa una hornacina con columnas caladas que protege una imagen de María con Cristo muerto en su falda, el modelo típico de la Piedad. En la base del portapaz resalta un escudo central con las cinco llagas, propias de la simbología franciscana. Hoy se conserva en el Museo Parroquial de Santa María, lo mismo que la talla del Ecce-Homo, superviviente también a la barbarie de la última guerra.

La parte superior, semicircular, de una puerta, ricamente tallada con molduras de tipo vegetal y escudo con las cinco llagas estuvo durante años coronando la entrada de la sacristía de Santiago. No hace mucho, con motivo de la restauración, casi refundación, de dicha iglesia, fue trasladada a Santa María, donde forma parte del altar mayor (23). Tras éste, en el retablo actual, está la imagen de San Francisco, que sustituye a la que, junto con el también franciscano San Buenaventura, se hallaba en el antiguo, destruido en 1936.

Junto a la puerta de la Colegiata que da a la calle Comercio se alza una columna de mármol sobre un pedestal grabado. Procede de San Francisco, donde había sido colocada en 1677. Hace años estaba rematada por una cruz de madera, perdida hace tiempo, y hoy ostenta una de hierro, pintada en negro, de gran tamaño (24). La inscripción de la base dice (desarrolladas las abreviaturas):

PÚSOSE A HONOR Y GLORIA DE DIOS Y DE SU SANTÍSIMA MADRE, A DEVOCIÓN DE LOS HERMANOS TERCEROS DE NUESTRO PADRE SAN FRANCISCO. AÑO DE 1677

Todavía se celebra cada 2 de agosto el jubileo de la Porciúncula, con exposición del Santísimo, como en los tiempos en que los franciscanos caminaban por las calles de nuestro pueblo.

Por último, es interesante anotar un recuerdo franciscano en el folklore oscense. Se trata de una de las estrofas que cantan los "despertadores" (25). Dice así:

San Francisco se perdió una tarde,

sus hijos llorosos buscándolo van,

y lo hallaron en el Paraíso,

cogiendo las rosas del santo rosal.

Ángeles, subid,

ángeles, bajad.

Y lo hallaron en el Paraíso,

cogiendo las rosas del santo rosal.

El rosal franciscano que brotó en Huéscar en 1602 tiene ya pocas rosas, y están a punto de perderse en el olvido, pero el rastro de su aroma quedará para siempre en esa memoria mística que forma el núcleo radical de las comunidades humanas.

 

 

BIBLIOGRAFÍA

- Archivo Municipal de Huéscar.

- Archivo Parroquial de Huéscar.

- CARAYOL GOR, R. Orce. Apuntes de su historia. Baza 1993.

- DENGRA UCLÉS, J. Semana Santa en Granada. Tomo III: Semana Santa en la provincia de Granada: Huéscar. Sevilla 1991.

- FERNÁNDEZ GARCÍA, Mª Á. Inquisición. Comportamiento y mentalidad en el reino de Granada (1600-1700). Granada 1989.

- GEA ARIAS, A. Castril de la Peña. Guadix 1998.

- GARCÍA, FR. B. Oración fúnebre panegyrica predicada por el Reverendo Padre Fray Blas García... en las honras (del) Venerable Padre F. Gregorio Romero... Dedicada a Don Juan Pedro Rato García de Villanueva... Granada/Murcia, s/f 1724. Archivo Histórico de Orihuela. Fondo antiguo. Sig. 10732 (2).

- GARCÍA SOLER, J. Memorial de los retablos e imágenes que existieron en las iglesias y capillas en la ciudad de Huéscar, antes de su destrucción a 1º de agosto del año 1936. Inédito. Huéscar 1983.

- GARZÓN PAREJA, M. Historia de Granada. Dos tomos. Granada 1981.

- GÓMEZ-MORENO CALERA, J. M. La arquitectura religiosa granadina en la crisis del Renacimiento (1560-1650). Granada 1989.

- GÓMEZ OLIVER, M. La desamortización de Mendizábal en Granada. Granada 1983.

- MARTÍNEZ RUIZ, E. "Sobre la vida y la muerte de la hermana Lorenza de San Pascual (1655-1721)". Revista del Centro de Estudios Históricos de Granada y su reino, nº 8, segunda época. Granada 1994. (Estudio y transcripción del manuscrito del padre Gregorio Romero titulado Relación breve de la virtuosa vida y ejemplares procederes de la hermana Lorenza de San Pascual, beata de la tercera orden de N. P. S. Francisco, que murió con grande fama de Santidad, que se encuentra en la Biblioteca Universitaria de Granada).

- MONREAL, FR. J. DE. Primoroso exemplar de la perfección christiana en la vida de la venerable virgen Doña Francisca María de la Jara. Murcia, 1724. Archivo Histórico de Orihuela. Fondo antiguo. Sig. 10732 (1).

- MONTALVO, FR. T. Crónica de la provincia de San Pedro de Alcántara de religiosos menores descalzos de la más estrecha observancia de N. P. S. Francisco en los reinos de Granada y Murcia. Granada 1708. (La parte correspondiente al convento de Huéscar está en el libro segundo, caps. LXII a LXIV, págs. 354 a 374).

- NAVARRO, A. Noticias referentes a la fundación del Convento de N. P. S. Franco de esta Ciudad de Huéscar, sacadas de un libro de acuerdos de dho combento. Inédito. Huéscar 1882. Manuscrito propiedad de la familia Penalva.

- PANES, FR. A. Crónica de la provincia de San Juan Bautista de religiosos menores descalzos de la regular observancia de Nuestro Seráfico Padre San Francisco. Valencia 1665. (Lo referente a Huéscar se encuentra en los capítulos LXXIII a LXXV del libro 11)

- RUBIO LAPAZ, J. Arte e historia en Puebla de Don Fadrique. Granada 1993.

- SUÁREZ, F. La crisis política del Antiguo Régimen en España. Madrid 1988.

 

 

NOTAS

1. Según se dice en el prólogo del libro Primoroso exemplar de la perfección christiana en la vida de la Venerable virgen Dª Francisca María de la Xara, citado en la bibliografía.

2.. El manuscrito, que se conserva en la Biblioteca Universitaria de Granada, ha sido transcrito y publicado por Emilia Martínez Ruiz.

3.. Un traducción podría ser la siguiente: "Las estrellas celebran con alabanzas, victoriosa Francisca, tus triunfos, sometidos el mundo, el demonio y la carne".

4.. Todos morimos, pasamos como las aguas de un río.

5.. Aunque las terciarias franciscanas fueron y son más conocidas, ya sabemos que no faltaron miembros de la rama masculina de la Tercera Orden. Por ejemplo, el 12 de octubre de 1776 falleció D. Antonio de Almansa, soltero, "tercero de la Venerable Orden Tercera de penitencia de Nuestro Padre San Francisco, con cuyo hábito fue amortajado". Se enterró en la capilla del Santísimo Cristo de la iglesia de Santiago.

6.. Dos hechiceras oscenses pasaron por el Tribunal de la Inquisición durante el siglo XVII: Ana Ruiz, mujer de Matías Fernández, en 1614, y Francisca de Céspedes, de 60 años, viuda de Francisco Jiménez, en 1619. La primera fue dejada en libertad por falta de pruebas o por considerar que no existía delito (suspensa, en lenguaje inquisitorial) y la segunda fue reprendida y advertida.

7.. Las fechas entre paréntesis corresponden a los años en que ingresaron en la Hermandad del Santísimo Sacramento de Huéscar.

8.. En el libro de índices de partidas matrimoniales de Santa María aparece el día 30 de septiembre de 1596 la boda de Martín García, vecino de Caniles, y Lucía Martínez, "sobrina de María de Jesús, beata de la orden del Seráfico Padre San Francisco".

9. La vida, prodigios y religiosidad de Francisca de la Jara merecen un detenido estudio, imposible de resumir como un simple capítulo de este trabajo.

10. Ya en 1633 se sabe que había en el convento estudios de Filosofía. La Crónica del Padre Montalvo indica que en marzo de ese año murió un joven estudiante llamado fray Miguel Muñoz que, tras su muerte, protagonizó una curiosa historia de fantasmas. Pocos días después de su muerte se apareció a fray Jerónimo Jiménez, cocinero del convento, para pedirle perdón por unas palabras intempestivas que le dirigió tiempo atrás, y de las que no pudo disculparse porque no se habían visto desde entonces hasta su muerte. El cocinero no le había dado mucha importancia al asunto, pero el alma en pena del mozo difunto decía que se hallaba en el purgatorio y sólo llegaría a la presencia de Dios si le concedía el perdón, a lo que, por supuesto, el cocinero accedió. Preguntado si quería algo más, el visitante de ultratumba le encargó que dijese a los religiosos que no se despistasen tanto cuando rezaran en el coro el Oficio de Difuntos, porque iba en perjuicio de las almas que esperaban poder entrar en el cielo.

11.. El convento de Padres Dominicos albergaba 14 religiosos, y 44 monjas el de las Madres Dominicas.

12. Fue el famoso terremoto de Lisboa, que causó en esa ciudad unos 40.000 muertos y la convirtió en un montón de escombros. Sus temblores se notaron en muchos lugares de España. En nuestra iglesia de la Aurora cayeron al suelo varias imágenes, pero no causaron daños a los fieles.

13. Un detallado estudio, escrito por D. Rafael Carayol Gor, de la estancia de los franceses en Huéscar se publica en este mismo volumen.

14. Dª Antonia María Muñoz Morales, hacendada, de 52 años de edad en aquel entonces, era viuda de D. Agustín Jiménez, y vivía en la calle Abades.

15. Juan Álvarez Méndez, llamado "Mendizábal" (1790-1853), era "un hombre convencido de que su capacidad política era extraordinaria". "No era hombre para poner freno a la revolución el mismo que durante toda su vida la había impulsado y, en consecuencia, no terminó con la anarquía que desbordó al Gabinete del conde de Toreno, sino que se hizo cargo de ella, llegando en sus medidas más allá de cuanto podían exigir los más exaltados liberales". "Todos los monasterios y conventos que Toreno había dejado en pie fueron condenados a la desaparición; finalmente, por la ley de desamortización eran incautados todos los bienes de las comunidades religiosas." (Suárez, F. La crisis política del Antiguo Régimen en España. Madrid 1988, págs. 255 y 256).

16.  La ley de 25 de julio de 1835 suprimió los conventos de religiosos y religiosas cuyas comunidades no llegasen a 12 miembros y sus bienes eran incautados por el Estado.

17.  GARZÓN PAREJA, M. Historia de Granada, tomo II, págs. 483 y 485. En la pág. 492 del mismo libro indica que el número de franciscanos exclaustrados en España desde 1820 hasta 1822 ascendió a 3.488, la cifra más alta de todas las órdenes.

18.  Aparte de los frailes y algunas terciarias, descansaban allí los Rato, como ya sabemos, y los Troyano.

19.  Un resumen de la desamortización en los conventos oscenses puede leerse en el trabajo de D. Vicente González Barberán sobre Santo Domingo, citado en la bibliografía.

20.  Las propiedades del clero regular en Huéscar sumaban unas 500 fanegas de tierra. Los dominicos poseían 17 fanegas y 6 celemines, y 11.500 vides. Las religiosas dominicas eran dueñas de 475 fanegas.

21.  Imágenes de talla, impresionantes, de tamaño natural, según García Soler.

22.  La noche del 21 al 22 de octubre de 1999, día de las santas Alodía y Nunilón, patronas de Huéscar, a consecuencia de la lluvia, se derrumbó el techo y un grueso muro lateral de la capilla mayor de la iglesia franciscana.

23.  Ha sido arreglada, completada y dorada por los hermanos Jiménez, de Baza, auténticos artistas de la madera, en los años 80, cuando era párroco de Huéscar D. Francisco Domingo Lorén. El escudo con las cinco llagas ha sido sustituido por una cruz santiaguista en rojo.

24.  Esa cruz parece ser la que antiguamente se alzaba en la columna que hay frente a la iglesia de la Aurora. Se colocó en donde hoy está cuando Televisión Española transmitió la Misa del Corpus (25-mayo-1989).

25.  Los "despertadores", llamados en la región murciana "auroros", recorren de madrugada las calles del pueblo entonando canciones, en su mayor parte de tema mariano, para acabar en la iglesia donde se celebra la misa de alba. En Huéscar se cantaban estrofas en la puerta del hospital de San Ildefonso, ante las iglesias de Santa María y de Santiago, frente a las ermitas de la Soledad, de la Paz y de la Aurora, junto a los conventos de San Francisco y de Santo Domingo, y a la puerta de la casa parroquial.

 


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