BREVE HISTORIA DE SALOBREÑA

 

Gonzalo Pulido Castillo

 

SALOBREÑA EN LA ANTIGÜEDAD

Desde la más lejana antigüedad, Salobreña ha sido lugar de asentamiento humano, debido, por una parte, a su fértil vega, capaz de producir los frutos más variados, y, por otra parte, a su privilegiada situación, que la hace magnífica atalaya desde la que se divisa dilatadamente la tierra y el mar, y fortaleza inexpugnable donde resistir los ataques enemigos.

La fragilidad de las primitivas construcciones y la superposición de viviendas a lo largo de los tiempos hacen que no poseamos hoy muchos vestigios de la primera Salobreña, pero, con lo que poseemos, se puede afirmar que, desde la Edad de Bronce por lo menos, ya hubo un núcleo de población relativamente estable sobre la roca.

Posteriormente, las sucesivas oleadas colonizadoras provenientes del Mediterráneo oriental fueron asentándose en estas zonas, y se fundaron factorías desde donde dirigir el comercio. Una de las más famosas fue Sexi (la Firmum Iulium de los romanos), la actual Almuñécar. Es más que probable que fuesen los fenicios los fundadores de Salobreña. García Bellido nos indica que la palabra Salambina (o Selambina, nombre antiguo de Salobreña) es de origen púnico.

Los historiadores romanos Pomponio Mela y Cayo Plinio citan a Salambina entre las poblaciones de la región de los bástulos-poenos, al describir la zona costera de la Hispania Ulterior.

Mucho después, en las actas del Concilio de Elvira, celebrado en el año 305 después de Cristo, aparece el nombre de Silvano, sacerdote que representó a Segalvina (Salobreña) en dicha asamblea eclesiástica.

Con todo, son escasas las noticias que han llegado hasta nosotros sobre la Salobreña anterior a la conquista árabe.

SALOBREÑA BAJO LA DOMINACIÓN ÁRABE

Por el contrario, durante la dominación musulmana, el nombre de Xalubania, y luego Salubiniya, aparece con alguna frecuencia en las crónicas.

Las poblaciones mozárabes, entre ellas Salobreña, se sublevaron contra el futuro califa de Córdoba Abderramán III, lo que motivo una incursión de éste por tierras de la Alpujarra y de la costa, sometiendo a los revoltosos y dejando guarnecidos los castillos con destacamentos de soldados (año 918).

Las rivalidades entre los nazaríes y los benimerines traen de nuevo la violencia ante los muros de Salobreña, feudo del benimerí Umar ben Mahalli, que es conquistada en el verano de 1283 por el príncipe nazarí Mohamed II.

Otro Mohamed, el VII, consigue en 1392, mediante intrigas cortesanas, arrebatar el trono de Granada al legítimo rey Yusuf III, que es desterrado y custodiado como prisionero en el castillo de Salobreña, que no sólo era ya una fortaleza militar de impresionante aspecto, sino que su interior constituía un pequeño palacio con fuentes y jardines, lo suficientemente agradable para que los reales huéspedes no se incomodaran excesivamente en su cautiverio.

En 1408 muere Mohamed VII, ordenando en sus últimos momentos la muerte de Yusuf. Y cuentan las crónicas que el príncipe cautivo pidió a su verdugo un deseo antes de morir: concluir la partida de ajedrez que estaba jugando. La partida duró lo suficiente como para dar tiempo a que llegasen de Granada sus partidarios, que lo habían proclamado rey.

A partir de entonces, el castillo-prisión de Salobreña se convirtió en una residencia cotizada para invitados molestos: Yusuf III (que, como hemos visto, disfrutó de sus aposentos) tuvo preso allí a su hermano Mohamed el Zurdo, que a su muerte fue coronado rey de Granada en 1419; Muley Hacén destronó a su padre en 1464 y lo envió prisionero a Salobreña, donde murió al poco tiempo; y el mismo Muley Hacén, derribado del trono por su hermano Mohamed el Zagal, terminó sus días exiliado en la misma fortaleza.

Salobreña era una posesión del patrimonio privado de la familia real granadina y, según dicen los escritores árabes de aquel tiempo, su vega abundaba en caña de azúcar, naranjas, algodón, maíz y claveles. El azúcar se obtenía en las industrias azucareras, llamadas ingenios, por el mismo método que, básicamente, siguió utilizándose durante siglos. Al igual que en la Alpujarra, también en Salobreña tuvieron un gran auge la cría de gusanos de seda y las consiguientes plantaciones de morera para alimentarlos.

Un hijo ilustre de la Salobreña musulmana fue Abu Alí Umar ibn Mohamed al Salawbini (1166-1274), destacado filólogo y estudioso de la gramática árabe.

LA RECONQUISTA DE SALOBREÑA POR LOS REYES CATÓLICOS

Terminaba el siglo XV y los Reyes Católicos culminaban la gesta heroica de la Reconquista. El secretario de los reyes y capitán mayor de la artillería, Francisco Ramírez de Madrid, se distinguió especialmente en la conquista de la fortaleza de la villa, cuya rendición tuvo lugar en los últimos días del mes de diciembre de 1489. en la sillería del coro de la catedral de Toledo está representada la escena de la entrega de las llaves de la villa al rey don Fernando el Católico.

Pero los musulmanes no aceptaron impasibles esta pérdida, sino que las tropas de Boabdil cercaron Salobreña en el verano de 1490, hasta que el rey Fernando, que se hallaba entonces en el asedio de Granada, mandó ayuda para su liberación, lo que ocurrió al décimo día de cerco.

El 20 de diciembre de ese mismo año, Francisco Ramírez fue nombrado primer alcaide cristiano de la fortaleza.

EL DERECHO DE ASILO. LA REBELIÓN DE LOS MORISCOS

Como los mudéjares de Salobreña habían marchado con las huestes de Boabdil camino de las Alpujarras primero y luego hasta el norte de África, la población de la villa descendió notablemente, cosa peligrosa teniendo en cuenta su función estratégica y de defensa. Por eso, los Reyes Católicos otorgaron a Salobreña en 1490 el Privilegio de Derecho de Asilo: cualquier homicida alcanzaba el perdón de su delito y no se le confiscaban sus bienes si vivía durante un año en la fortaleza, prestando servicio en la tarea de su defensa y corriendo de su cuenta todos sus gastos. Concluido el año de servicio, el alcaide de la fortaleza extendía un certificado y el delito del homicida quedaba borrado para la Justicia.

Este derecho de asilo, que sólo exceptuaba algunos delitos de muerte a traición, con alevosía o en los alrededores de la Corte, lo poseían muy pocos castillos, situados en zonas fronterizas, y seguramente Salobreña se vio muy concurrida en aquellos tiempos tan revueltos y violentos.

Años más tarde, cuando la tristemente célebre rebelión de los moriscos capitaneados por Abén Humeya, el sucesor y asesino de éste, Abén Aboo, marchó con 3.000 hombres a ocupar Almuñécar y Salobreña en 1570, lo que no consiguió gracias a la valentía de sus habitantes y a la ayuda que les prestó el corregidor de Málaga. Era alcaide de la fortaleza D. Diego Ramírez de Haro, nieto de Francisco Ramírez.

SALOBREÑA DURANTE LAS EDADES MODERNA Y CONTEMPORÁNEA

EL CASTILLO

Al terminar la dominación árabe, el castillo no se encontraba en buenas condiciones, debido sobre todo a los embates sufridos por sus muros en los sucesivos asedios a que fue sometido. Por si esto fuera poco, el terremoto de enero de 1494 arruinó varias torres y lienzos de murallas. En gran parte fue reconstruido, a fin de que pudiera servir en su función de vigía de tierras y mares, pero jamás recobró su antiguo esplendor.

La guarnición del castillo la constituía un grupo de soldados, cuyo número fue variable según los años, mandados por su alcaide o teniente de alcaide. Conocemos poco de la vida de los alcaides, cuya labor fue al principio de gran importancia en la defensa de la costa, aunque la ausencia de guerra disminuyó sus funciones.

Los alcaides eran militares, y posiblemente, a partir del siglo XVIII, habitaban en la población y no en el castillo, quedando éste y el almacén donde se guardaban las armas y la pólvora encomendados a la custodia de los guardas.

Algunos alcaides del castillo fueron los capitanes D. Cristóbal de Dueñas (1601-06) y D. Juan de Casanova (1615-28), los comandantes D. Diego de Palencia (murió en 1746) y D. Antonio de Valenzuela (murió, inválido, en julio de 1785), y, como dato curioso, un francés, D. Juan Vicente Duclos (fallecido en julio de 1757).

Conforme el castillo iba perdiendo su papel estratégico, se hacía más patente su deterioro: los muros se derrumbaban sin que nadie los volviera a levantar, la lluvia y el viento hacían perder a las torres sus siluetas airosas, y la hierba, como símbolo de abandono, crecía por todas partes.

LA IGLESIA

Eclesiásticamente, Salobreña era cabeza de una vicaría que comprendía, además de esta villa, las parroquias de Lobres, Pataura, Molvízar, Guájar alto y Vélez Benaudalla.

El clero que habitualmente residía en Salobreña era: un vicario, dos beneficiados, un cura, un teniente de cura y algún capellán. También dependían de la Iglesia un sacristán, un organista, dos acólitos, dos encargados del vestuario, dos alguaciles eclesiásticos y tres encargados de la administración de los bienes. (Estos datos corresponden a mediados del siglo XVIII).

Como todas las iglesias de aquel tiempo, la de Salobreña era poseedora de bienes que los devotos de varios siglos habían donado, así como otros fundaban memorias o capellanías para asegurar perpetuamente sufragios por sus almas.

Citaremos algunos bienes, los más importantes:

- Una haza de 57 marjales en el pago de la Vizcaína, en la vega de Salobreña.

- 12 bancales en la vega de Molvízar.

- 2 hazas de secano en el pago del barranco de las Piletas.

- Un horno de pan en Salobreña, arrendado en 90 reales mensuales.

- Varios pedazos de tierra en la vega de Lobres, que sumaban un total de más de 44 marjales.

Como dato curioso, diremos que la Iglesia de Salobreña poseía una haza en Melegís y, a causa de las deudas, salió en concurso de acreedores; la compró el Real Monasterio de Cartuja, que se comprometió a pagar anualmente 4 arrobas de aceite a la Iglesia de Salobreña.

Pero eran muchos los gastos, y casi todos los años terminaba el ejercicio económico con números rojos.

En cuanto al templo parroquial, diremos que fue construido a principios del siglo XVI, aunque el permiso papal para su erección data de 1492. Es de estilo mudéjar, con una nave central dos laterales. El presbiterio mide un tercio del total de la iglesia.

Como es fácil de comprender, este templo ha sufrido mucho con el paso de los tiempos y de los hombres. La techumbre, que originariamente era un artesonado de madera, fue destruida por un terrible incendio producido durante la noche del 29 de agosto de 1821. durante más de quince años, hasta que se reconstruyó la techumbre, las misas y demás oficios litúrgicos se celebraron en los locales del Ayuntamiento.

Muy poco de lo que posee actualmente en su interior tiene el mérito de la antigüedad; la mayor parte del ajuar, imágenes y retablos aún no tiene medio siglo de existencia.

Hagamos una rápida relación de los bienes del templo, basándonos en los inventarios antiguos, especialmente en el de junio de 1868, uno de los más completos:

- Once imágenes grandes (entre ellas las dos que han sobrevivido: la Virgen del Rosario y el Cristo Crucificado) y dos imágenes pequeñas (una Virgencita con manto de plata, colocada en lo alto del Altar mayor, y un Crucificado pequeño en el púlpito).

- Cinco cuadros grandes (además, en diciembre de 1868, el secretario del Ayuntamiento legó un cuadro grande con marco dorado que representaba al Señor de la columna, que fue colocado en el baptisterio).

- Un ajuar bastante completo, de plata en su mayor parte, en el que podemos señalar una custodia de metal con adornos de plata de 63 centímetros de altura, un incensario de más de dos libras de peso, dos lámparas del Santísimo, otra custodia más alta que la anterior, cinco cálices, una cruz parroquial que, con su asta, llegaba a una altura de 2´51 m, etc.

Es interesante añadir que durante muchos años se realizaron inhumaciones de cadáveres en la iglesia, unas veces en su cripta subterránea y otras veces en el suelo de las naves laterales, delante de los altares, especialmente de los de la Soledad y del Santo Cristo. Tenemos noticia de los sepultados en la bóveda: cuarenta y cinco personas entre 1729 (primer año del que poseemos datos) y 1795.

El último enterrado en la iglesia fue D. José Guerola, alférez graduado del Regimiento de Caballería de la costa, el día 31 de agosto de 1795.

Estos enterramientos dentro de las iglesias fueron prohibidos por Carlos III, y más rigurosamente por su hijo Carlos IV, por motivos de salud pública.

Relacionadas con la Iglesia existían cofradías y hermandades, entre las que destacan la del Santísimo Sacramento y la de las Benditas Ánimas. También había dos en Lobres y una en Pataura, la del Santo Cristo. Las hermandades colaboraban eficazmente en las actividades parroquiales: la del Santísimo se encargaba de procesiones, funciones litúrgicas y cuidado de las imágenes; la de las Ánimas tenía como función principal la asistencia a los hermanos que la componían, especialmente a la hora de la muerte. Ambas cofradías poseían bienes propios, entre los que se encontraban algunas hazas de tierra donadas por los devotos, y elegían anualmente los cargos de hermano mayor, mayordomo y secretario de la hermandad.

Sacerdotes que dejaron huella en Salobreña fueron: D. Alonso Martínez Blanco, fallecido en 1603, beneficiado, fundador de un censo para dotar a las muchachas pobres; D. Domingo Sanz Valero y Cano, cura (1705-24), vicario (1725-51) y Comisario del Santo Oficio de la Inquisición (1733-51); D. Juan Fernández de Lara Caballero, capellán (1719-39) y beneficiado (1739-69); D. Manuel Teruel Darde, que ordenó el archivo parroquial y mandó construir el actual cementerio; D. Antonio Morales Moreno, cura propio durante un largo período (1929-76).

LA POBLACIÓN

Echemos un rápido vistazo, en primer lugar sobre el conjunto urbanístico del pueblo y luego, sobre los habitantes de la Salobreña de estos siglos.

El primitivo conjunto medieval formado por el castillo y los barrios adyacentes: Albaicín, Brocal y Barrio de la Villa, estaba amurallado. La muralla nacía en el Albaicín, donde hoy está la Biblioteca Pública, y proseguía hasta llegar al recodo formado por la iglesia y el ayuntamiento; encerraba el barrio del Brocal y continuaba por lo que actualmente es Arrabal Villa y Puerta Villa, para emprender de nuevo la subida por la actual calle Muralla, hasta concluir junto al castillo por el Postigo, que era una de las entradas, mientras que las otras estaban en el Panteón y en la ahora llamada Puerta de la Villa. Posteriormente, y con mucha lentitud, fueron formándose los barrios extramuros: la Loma, las Chozas, etc.; y ya en nuestros días hemos visto crecer con velocidad asombrosa nuevas construcciones que han cubierto la roca y que, incluso, se han lanzado a la conquista de la vega.

Desde la Reconquista, Salobreña había contado con un alcaide para la fortaleza y un alcalde para la población civil. El Consejo municipal estaba formado (datos de 1777) por el alcalde mayor, tres regidores, un alguacil mayor, dos diputados, un síndico, un escribano o secretario y dos alguaciles de justicia.

Pasemos a decir algo sobre la demografía. Durante los siglos XVII al XIX, el crecimiento vegetativo fue lento, debido a varios factores, entre los que ocupa un lugar preeminente la elevada mortalidad, sobre todo infantil.

Durante el siglo XVII, la media anual de natalidad fue de 20 personas, con un máximo de nacimientos en el año 1675 (27 varones y 19 hembras) y un mínimo en el 1622 (4 varones y 3 hembras).

En el siglo XVIII, la media anual de natalidad fue de 47 personas y la media de mortalidad, de 40 personas.

Como vemos, la población aumentaba lentamente. Periódicamente, las epidemias se acercaban a Salobreña y diezmaban a sus habitantes. Años "negros" por su elevada mortalidad fueron: 1729 (63 defunciones), 1751 (78), 1856 (113), 1857 (117), y sobre todo 1785 (193 defunciones).

Durante el siglo XIX, fueron terribles las enfermedades como sarampión, tifus, viruelas, tisis, disentería, aparte de las muertes por causas más o menos normales: pulmonía, sobreparto, problemas infantiles de la dentición, etc.

Ya que hablamos de defunciones, diremos que el primer cementerio fue la zona de alrededor de la iglesia parroquial y la propia iglesia, como hemos visto en otro apartado; posteriormente, se construyó otro cementerio sobre el extremo sur de la peña, en el lugar llamado hasta hoy "el Panteón". El primer cuerpo enterrado allí fue el de una niña llamada María Rodríguez Gómez, el día 28 de marzo de 1789. En 1898 se inauguró el actual cementerio.

SALOBREÑA, SIGLO XX

En estos últimos setenta y nueve años, Salobreña ha recorrido las etapas que han marcado la historia actual de España. Han pasado por ella los años de miseria, los desastres de la guerra, la reconstrucción laboriosa, el auge del turismo y la conversión en un gran pueblo. Los primitivos barrios han sido desbordados y hoy constituyen sólo una pequeña parte de la totalidad. La hermosura de sus paisajes y sus playas siempre concurridas han hecho de Salobreña un destino turístico de primer orden, que aún conserva inéditas muchas posibilidades. El tiempo nuevo se ha llevado cosas buenas y cosas malas, pero no nos ha quitado la esperanza de un futuro de paz y de prosperidad para nuestro pueblo. Y ese futuro feliz crecerá sobre las raíces del pasado, se construirá sobre los cimientos que el pasado formó a lo largo de los siglos y de las generaciones. Para divulgar algo del tiempo que se fue, hemos escrito estas sencillas páginas. Creemos servir con ello a Salobreña.

Y convocamos a los jóvenes que sienten la atracción de la Historia para que investiguen, estudien y trabajen sobre los múltiples sucesos incógnitos de nuestro pasado común. Queda mucho por descubrir.

(Escrita en 1979 y publicada a multicopista a beneficio del viaje de estudios de los alumnos de 8º curso de EGB del Colegio Nacional "Mayor Zaragoza" de Salobreña)


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