UNAS PALABRAS DESDE LA DISTANCIA

Gonzalo Pulido Castillo

Profesor en el IES "La Sagra" de Huéscar (Granada)

Ha pasado ya un cuarto de siglo desde que comenzó la andadura del Colegio "Mayor Zaragoza". Para quienes vivimos aquellos días es emocionante evocar, desde la lejanía del tiempo, las sensaciones y los sentimientos que parecían apagados por el paso de los años. Una indefinible nostalgia parece envolvernos al contemplar fotografías o repasar listas de alumnos de aquel primer curso. Abríamos la puerta del futuro con esperanza y con alegría. Estrenar un colegio es como estrenar un hogar. Se cuida cada detalle para que quienes van a vivir allí se sientan cómodos y felices. Era, y es, un edificio nuevo, amplio, moderno, adaptado a las necesidades académicas. Ilusionadamente se ocuparon las primeras clases y se organizaron las primeras actividades.

Yo venía de La Caleta, donde había pasado mi primer curso de trabajo. Era un maestro novato y me vi de pronto formando parte de un numeroso claustro de profesores, jóvenes aún, pero ya veteranos en el difícil arte de la enseñanza. Me sentí aceptado y acogido con simpatía. A aquellos primeros compañeros de profesión les agradezco sus ejemplos y consejos que me han acompañado a lo largo de mi vida docente. De ellos y con ellos fui percibiendo la humilde grandeza de ser maestro. Formábamos un equipo compenetrado y unido. Todos, los que ya se fueron y los que aún permanecen entre nosotros, están presentes cuando rememoro el tiempo que pasé en Salobreña. A todos los recuerdo con cariño y afecto verdadero.

Pero es a vosotros, alumnos y alumnas, a quienes debo lo mejor de aquellos años inolvidables. Mi memoria y, sobre todo, mi corazón, están llenos de recuerdos vuestros. Fueron tres cursos de intensa convivencia que marcaron muy positivamente mi posterior trayectoria de educador. No sé si os enseñé mucho o poco, pero sí sé que con vosotros aprendí a ser tolerante, a respetar las opiniones de los demás, a no exigir imposibles, a ver en el alumno un ser humano en formación, a confiar en el diálogo para resolver las dificultades, y tantas y tantas cosas más. La verdad es que ahora mismo, cada día, sigo enseñando y aprendiendo a la vez, en un proceso interactivo que sólo se detendrá con la jubilación o la muerte.

Fuisteis buena gente y me siento orgulloso de haber sido vuestro maestro y, en muchos casos, vuestro amigo. Constantemente encontré colaboración sincera entre mis alumnos y alumnas, dentro y fuera de la escuela. Y si no conseguí más, fue porque no siempre supe llegar a sus inteligencias ni a sus almas.

Quiero tener un recuerdo especial para aquellos que, desafortunadamente, no podrán leer estas palabras, que también a ellos van dedicadas. Alzaron el vuelo cuando aún era primavera. Y aunque han sido apartados de nuestros ojos, jamás serán borrados de nuestro corazón.

Desde este rincón oscense, del que me siento parte y al que he dedicado mis últimos veintiún años, os envío un saludo afectuoso. No puedo olvidar la tierra que me vio nacer y donde pasé mi juventud, ni os olvido a vosotros, profesores y alumnos, amigos de Salobreña, La Caleta y Lobres. Os felicito por estos 25 años de vida académica fecunda y enriquecedora. Os felicito porque disfrutáis de un centro educativo modelo, que es una firme garantía de futuro para nuestro pueblo. Y doy gracias a Dios por haberme permitido formar parte de vuestra comunidad escolar. A Él, que todo lo puede, invoco confiado para que os proteja a vosotros y a vuestras familias, y a mí me ayude, como hasta ahora lo ha hecho, en la apasionante tarea de educar adolescentes.

 


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