OFRENDA

En vuestras manos, Santas benditas, dejamos cada día la ilusión de nuestro trabajo y la esperanza de nuestros sueños. Bajo vuestra protección ponemos la primera sonrisa del niño que nace y la última lágrima del anciano que muere. A vuestra sombra venerada crece nuestra infancia y madura nuestra juventud. Sois las estrellas de nuestro cielo, las palomas de nuestra primavera y la gloria de nuestros días.

Huéscar se estremece al escuchar vuestros nombres. Se siente librada de los peligros por el sacrificio de vuestras vidas y por la sangre de vuestro martirio.

Pasan los años, un siglo sucede a otro, cambian las formas de vida, las generaciones se pierden en la noche del olvido y de la lejanía; pero el amor de Huéscar por sus Santas no perecerá jamás; siempre habrá corazones oscenses que se emocionen al pensar en vosotras, aunque sea en otros paisajes y bajo otros cielos.

Por vosotras, Santas benditas, hemos preparado unos festejos. Queremos que nuestro pueblo se alegre vitoreando a sus Patronas. Habrá vino y música, risas y bullicio, pero no serán en absoluto unas fiestas paganas. En el centro de todas nuestras diversiones estaréis vosotras, y quien pueda pensar lo contrario, ni conoce a Huéscar ni conoce a sus gentes.

Con la bendición de Dios, sea con nosotros siempre vuestro amparo y la gracia de vuestro auxilio.

 

Gonzalo Pulido Castillo

(Programa de las fiestas y romería de las Santas, junio de 1984)

 


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