LA PARROQUIA DE CASTRIL

Gonzalo Pulido Castillo

En agosto de 1486, el Papa Inocencio VIII concedió a los Reyes Católicos poder para levantar iglesias y erigir parroquias en las ciudades, villas y lugares que se iban arrebatando al Islam. Y en virtud de este poder, el 21 de mayo de 1492, D. Pedro González de Mendoza, Arzobispo de Toledo, promulgó una bula por la que se erigieron la Catedral de Guadix, la Colegiata de Baza, Santa María de la Encarnación de Huéscar, … y la iglesia parroquial de Santa María (que en el siglo XVIII pasaría a llamarse de Nuestra Señora de los Ángeles) de Castril. En uno de sus párrafos, traducido, dice: “En la iglesia parroquial de Santa María del lugar de Castril, de la diócesis de Guadix, un beneficio servidero simple y una sacristía”.

 El primer señor de Castril y su fortaleza, D. Hernando de Zafra, secretario de los Reyes Católicos, fue el promotor de la construcción del templo parroquial, que se inició entre los últimos años del siglo XV y los primeros del siguiente. Destaca de esta primera época la llamada “puerta del Sol”, bella filigrana en piedra, desgraciadamente muy deteriorada por las inclemencias del tiempo sobre un material no excesivamente resistente y por las adversas circunstancias históricas. En el tímpano del frontón triangular que la remata y en uno de los contrafuertes de la misma fachada, se puede observar, duplicado, el escudo del Cardenal D. Juan Tavera, Arzobispo de Toledo desde 1534 a 1545.

La otra puerta de entrada a la iglesia es la “de la Lonja”. Esta elegante portada está coronada por una imagen de la Virgen con el Niño, dentro de una hornacina. En el frontispicio se lee una inscripción con el nombre del beneficiado (y mayordomo de las obras del templo) Don Juan Fernández Malpartida y la fecha de 1612, que tal vez indique la terminación del edificio.

La primitiva techumbre era un artesonado de estilo mudéjar que fue consumido por el fuego provocado por las invasoras tropas francesas, tras la profanación y saqueo del templo, el día 26 de junio de 1810. Señales del devastador incendio pueden observarse aún hoy en los ennegrecidos sillares de la fachada sur. La posterior restauración procuró integrar lo que pudo conservarse de la primitiva obra en la nueva, aunque en el exterior se observa lo que corresponde a cada una.

La mayor parte del ajuar litúrgico y de las imágenes pereció en esa triste jornada. Y no bien repuesta la iglesia de tanta desventura, en marzo de 1853 sufrió un robo en el que desaparecieron varios objetos de valor, que nunca se recuperaron. Y otro incendio más, en 1859, ocasionó varias pérdidas, aunque de menor importancia.

Pero quedaba aún la gran hecatombe del siglo XX, que entre 1936 y 1939 se dirigió contra los bienes y las personas de la iglesia y del pueblo de Castril, como en tantas otras poblaciones. De lo poco que sobrevivió a la destrucción, algunas piezas son referentes de categoría en esta exposición de arte sacro.

Entre las hermandades religiosas castrileñas destaca la del Santísimo Sacramento, fundada a mediados del siglo XVI, lo que la hace ser una de las más antiguas de la diócesis y de toda nuestra provincia.

Desaparecida hace más de siglo y medio la ermita de la Virgen de la Peña, sólo se alza hoy día la de la Virgen de la Cabeza, en la Solana. En ella se conserva una bellísima talla de la titular cuyo origen se remonta a finales del siglo XV o principios del siguiente, aunque el Niño, la luna y los pliegues del manto de la Virgen parecen ser de comienzos del XVII. La corona pertenece a la primera mitad del siglo XVIII.

Otras piezas del patrimonio religioso castrileño son unos ternos de finales del siglo XVIII, realizados en Toledo; una imagen del Nazareno que pudiera pertenecer a la gubia o a la escuela de Torcuato Ruiz del Peral (siglo XVIII); y un bello cuadro de la adoración de los pastores, de la escuela tenebrista granadina (siglo XVII), que fue regalado por un particular a la parroquia tras la guerra de 1936-39.

Hoy la parroquia de Castril, fiel a sus orígenes y a su historia, sigue prestando sus servicios espirituales al pueblo cristiano. El término municipal está sembrado de núcleos poblacionales cada vez más activos: Fátima, Las Almontaras, Campo Cebas, Fuente Vera… En todos ellos, la huella religiosa dejada por las anteriores generaciones es evidente.

(Publicado en el catálogo "Huéscar. Ut quid perditio haec" de la Exposición de Arte Sacro del Arciprestazgo de Huéscar-La Sagra. 2005)


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