PREGÓN DE LA FERIA Y FIESTAS DE LAS SANTAS ALODÍA Y NUNILÓN, PRONUNCIADO POR
     
D. JAIME DENGRA UCLÉSPINTOR, ACADÉMICO DE NÚMERO
DE LA MUY ILUSTRE ACADEMIA DE CIENCIAS, TECNOLOGÍA, EDUCACIÓN Y HUMANIDADES DE VALENCIA.

HUÉSCAR, OCTUBRE DE 2006.

Alcalde, Corporación Municipal, vecinos y vecinas de Huéscar, amigos y amigas.

¡Buenas noches!

Invariablemente, hiciera frío o calor, nuestro antiguo y recordado Pregonero, anunciaba en determinadas esquinas de Huéscar y con idéntico tono de voz, lo siguiente: “De orden del Sr. Alcalde, se hace saber que el próximo día diecinueve saldrá la Cabalgata desde el Ayuntamiento a las doce de la mañana para recorrer las calles de la Ciudad”.

Pues bien, en esta ocasión, igualmente de orden del Sr. Alcalde voy a ser el Pregonero de esta Feria y Fiestas en honor de nuestras queridas Santas Patronas, Alodía y Nunilón.

Agradezco la confianza depositada en mi persona para realizar este cometido, no fácil ciertamente para mí, por cuanto al tratarse de Huéscar, pudiera traicionarme la emoción recordando aspectos de la ciudad que me vio nacer y, así mismo, por evocar a personas que ya no están entre nosotros; rogando que me disculpen sí alguna palabra empleada pudiera no parecer la más oportuna.

Voy a intentar a lo largo de esta intervención referirme, primero, a las Ferias de Octubre que conocí en mi juventud, y después, trasladarme a las celebradas en fechas relativamente recientes. Esta dualidad se debe, a que en los años intermedios unas veces por motivos de estudios y otros por razones de trabajo, nos vimos obligados a permanecer fuera de nuestro pueblo y solamente cuando el día veintidós coincidía en sábado o domingo podíamos acercarnos a Huéscar.

Por lo tanto me van a permitir retroceder en el tiempo, como si la célebre máquina del Doctor Kilovatio nos pudiese transportar a los años cincuenta o, cincuenta y tantos. En esos años la población se hallaba limitada al norte, por los Caños de la Victoria, de particular estampa pintoresca; al Oeste, los altísimos andamios de la construcción del Silo y el antiguo Convento de San Francisco aún conservando buena parte del Claustro y la Iglesia; al Sur, el cercado de Soriano, de cuyos altísimos y verdinegros cipreses se obtendría la madera necesaria para que el escultor tallase las imágenes de nuestras Santas. Y al Sur, las más antiguas edificaciones que se conservaban y el Monasterio de la Madre de Dios, de la Orden dominica, donde permanece intacto el patio mudéjar más bello de nuestro entorno. Al otro lado del río Bravata, Barrio Nuevo. Huéscar tenía una población alrededor de casi diez mil habitantes y su Ferias precisaban ser importantes, especialmente la de ganado que junto a la de Cúllar eran de renombrada fama, provincial una y nacional otra. Se destinaba para este fin las Eras de San Juan, mientras que las casetas ocupaban la Plaza. Los cachivaches en la Alhóndiga, el Circo en la de Maza y alguna que otra atracción en la de la Aurora.

La plaza quedaba, por lo tanto, configurada de la siguiente forma. En el centro y rodeando el kiosco, aunque dejando espacio para el público, las mencionadas casetas de madera que el Ayuntamiento destinaba a los feriantes, generalmente de juguetes, siendo las causantes de que nos quedásemos embobados mirando uno tras otro todo lo allí expuesto y que por desear alguno, nos los llevaríamos todos.

Su montaje se realizaba más o menos igual que esas casas que vemos en las películas del oeste americanas, que en poco tiempo levantaban una calle. A la chiquillería nos volvía locos ver como surgía aquella ciudad de ilusiones. Bordeando sus cuatro lados las de los joyeros, con platos y fuentes de plata relucientes, relojes que daban las horas al unísono y amplias variedades de pulseras, anillos, pendientes, con toda la gama de piedras preciosas instaladas en elaborados estuches.

Y en la puerta de la antigua Costa Azul, hoy cafetería Hispano, los fotógrafos preparados tras aquellas máquinas antiguas dispuestos a dejar constancia del momento. Gracias a ellos casi todos conservamos el recuerdo de nuestra infancia montados en elegantes caballos de cartón, o pilotando aviones, o junto a alguna máquina de tren, o sobre la cubierta de un barco de guerra con tremendos cañones. ¡Yo que sé de paisajes a elegir! Documentos de indudable valor para traer a nuestra memoria nuestros los años de nuestra niñez.

En los otros laterales, los “serrines” de fuertes colores y mil baratijas que las semiocultaban entre serrín precisamente. Y las casetas de turrón, con llamativas y vistosas turroneras dispuestas a atender a cualquier cliente que le apeteciera un trozo de Jijona, de nieve, de almendra, o mil variedades de caramelos, peladillas; y una copita de licor café o coñac. Siempre con la mejor de sus sonrisas.

Había, había, hasta una caseta con la historia de la muerte de Manolete, con el toro de Miura “Isleño”, de enorme cornamenta y el diestro en su cama de muerte. ¡Impresionante!

En las mañanas luminosas, con la mole pétrea de Santa María, cuajada de colores rosas y lilas dejaba que la plaza se despertase con el aroma exquisito de los puestos de churros, riquísimos por cierto; mientras que en el compás que formaban la calle de las Tiendas con la Casa de Marín, en un pequeño local, podía degustarse, de buena mañana, muy temprano, la manzanilla, casi ardiendo y de colores cristalinos; o el matarratas, la mistela, mientras se hablaba generalmente del tiempo y en muchas ocasiones de caza.

Y también en la plaza y en sus aledaños nos encontrábamos con el Café X, de magníficos azulejos sevillanos y espejos dispuestos de tal forma que se podían divisar las personas sentadas aunque estuviesen de espalda y con su característico olor a buen café.

Más abajo, en la cuesta del Paseo, el bar Felipe de exquisita cocina oscense y enfrente, “el Cateto”, con sus perdices vega, o sus pavas.

Como las mujeres no entraban a los bares ni a las tascas, porque no estaba bien visto y sólo lo hacían los hombres, el único lugar de este tipo en el que podían tomarse un aperitivo era en el conocido por la “cocinilla”, y que se trataba de la propia cocina del bar de Julián, cuya mujer, Dolores, preparaba unas suculentas tapas acompañando la cerveza, el vermouth, la gaseosa o el vino de su cosecha y que de vez en cuando Julián bajaba, zalona en mano a la bodega, para sacarlo con el calabazón de la tinaja y subir para su consumición el celebre “picoso”. Pues bien, en esta pequeña habitacioncilla y junto a los enseres propios y necesarios de una cocina, en un pequeño rincón, Dolores, servía complacida y con agradabilidad extraordinaria lo más suculento de su repertorio gastronómico, mientras a través de un ventanuco con cortina multicolor alpujarreña, Julián solicitaba: ¡una de choto con ajetes!, ¡una de setas!, ¡una de magra con tomate!, … y en diminutos platos ovalados iba depositando una tras otra las tapas solicitadas, que salían de aquel lugar, más limpio que los chorros del oro.

Siempre fue muy generosa con los clientes. Yo casi le dedicaría una placa.

De sus variedades culinarias recuerdo con sumo placer, la asadura, o mejor dicho el ajo cabañil, especialmente, cuando Dolores lo atiborraba en aquellos bocadillos de pan riquísimos que surgían de los hornos de Huéscar, y cuyas puntas era un autentico placer morderlas.

Pero continuemos con la Feria.

El lugar donde se instalaban, como hemos dicho parte de los cachivaches era la Plaza de la Alhóndiga, centro neurálgico de la antigua fortaleza, y donde sus edificios constituían una autentica estampa granadina, con sus antiguas casas blancas y de balcones de hierro bien forjados y junto a los mesones y hospederías la coqueta y colorista iglesia de Santiago, conjugando el color de sus ladrillos y sillares con el color rosa palo de la casa de Orestes.
Sus árboles, gigantescos árboles del centro, presentaban por estas fechas los ocres y amarillos más vivos haciendo presente el aspecto otoñal de la época. A un lado el solar de la casa Honda, que de niños nos introducíamos por un trozo de la bodega descubierta intentado encontrar algún pasadizo secreto de los moros y justo al lado, uno de los accesos a la Plaza de Toros, pequeña, pero bonita, reposando pacientemente, el enorme escudo nobiliario de esta casa, del cual desgraciadamente desconocemos su dibujo y paradero; así como las blancas columnas renacentistas de mármol.

Recuerdo, que entre otros, se situaban a la derecha e izquierda de la longitudinal plaza, las barcas pequeñas, para una o dos personas, las barcas grandes, para más; los caballitos empujados a mano, los columpios, los mazos de fuerza, las olas, la cabeza parlante, el tío y la tía, el tren de la bruja, los espejos mágicos, las del tiro con escopetas de perdigones de plomo o dardos pequeños, la de “solo para hombres”; las ruletas cuajadas en su parte superior y con posibilidad de premios de relojes, pipas, paquetes de tabaco rubio, navajas, etc., pero que siempre el naipe cortado que pasaba por la columnata de varillas de acero, se paraba ¡lastima!, en un cigarrillo negro, o un caramelo, o algún sobre sorpresa. ¡No estaba al parecer precisamente manipulada!.

Los coches eléctricos llegarían más tarde.

En mi infancia, mi padre me llevaba a los balcones de Julián, que dominaba todo el Recinto Ferial, y allí con Alfonso Carrasco y Jesús “el Jaro”, saboreaban el “picoso” de Huéscar, porque él no entraba nunca a ningún bar o alguna tasca. Y recuerdo, con nostalgia, como los tres amigos de la infancia reían de las ocurrencias y chirigotas que con mucha parsimonia contaba Alfonso Carrasco; lógicamente a mí me interesaba porque de vez en cuando alguno de ellos me decía: ¡toma para que te montes en las barcas! y cuando volvía, ¡toma para esto! y ¡toma para lo otro!... y es que preferían no tener testigos de lo que hablaban por pequeño que fuera yo.

Los barquillos me encantaban. ¿Os acordáis como eran transportados en el cesto, magníficamente colocados en unas varillas metálicas para que no se rompiesen? … y los globos, verdes, azules, rojos, amarillos, con formas distintas, más largos, otros enormes, redondos, que desgraciadamente se rompían con una gran explosión al rozarse con algo ¡y quedarnos con la boca abierta ante tal desgracia!

Porque los globos de gas aún no los conocíamos.

A las doce en punto del primer día de la Feria la Banda Municipal, tras el estallido del primer cohete, iniciaba con alegre pasodoble la cabalgata anunciadora de las fiestas con desfile o no de carrozas, enanitos y cabezones. Por cierto que hay un detalle anecdótico sobre los enanitos; Los celebres personajes y Blanca Nieves incluida, tenían sus faldones con los colores de la Bandera Republicana y fueron eliminados por tal circunstancia pasando a mejor vida. Cosas de los tiempos. Y por fin, salían del Ayuntamiento “Fernando e Isabel” bailando elegantemente al son de la música. A la chiquillería nos parecían enormes y magníficos.

A partir de esta cabalgata inaugural y a lo largo de los siguientes días el programa previsto se cumplía, siempre que el tiempo no lo impidiese con las alegres dianas, carreras de cintas, carreras de bicicletas, cucañas, función religiosas en honor de las Patronas, quema de fuegos japoneses, teatro guiñol, encuentros de fútbol y de balonmano. Por cierto que el equipo femenino de Huéscar llego a ser campeón de España de balonvolea femenino.
Todos los días al medio día y por la tarde la Banda Municipal de Música interpretaba en el kiosco los conciertos, llegando a realizar setenta y tantas interpretaciones durante la Feria. ¡Hay quien toque más!

Los toros o novilladas ocupaban un lugar imprescindible y no era de extrañar ir a la Plaza casi con calor por la angosta y preciosa calle de las Tiendas y a la salida hacerse presente en el ambiente de nubarrones grises un frío tórrido. Al día siguiente con bastante frecuencia la lluvia y el viento hacían su aparición, abatiendo a los puestos y casetas de los feriantes como si se hubiesen abierto todas las compuestas del cielo.

¡Pobres feriantes! Especialmente los turroneros con aquellas telas finas de sábana calándose hasta los huesos.

El circo en la Plaza de Maza era una atracción muy importante y visitada: Otros años también venía el Teatro Capitol.

Recuerdo que un año llegaron a Huéscar dos circos que no debían estar entre ellos bien avenidos y para hacerse propaganda salieron por las calles a exhibirse los artistas en sus mini ropajes de trabajo, junto con los elefantes, camellos, etc., organizándose un gran escándalo ante tal indecencia. Lo suprimieron las autoridades de inmediato. ¡No faltaba más!

En el Teatro Oscense no recuerdo que se hiciese gran cosa.

Y sin variar, el Cine Sagra continuaba con la proyección de alguna película de renombre. ¿Os acordáis del inolvidable Atanasio vestido de ballestero medieval anunciando “Robín de los Bosques” y con exclamaciones parecidas a: “Esta noche en el Cine Sagra se proyectará la superproducción de Cefesa Film en technicolor y con los mejores artistas de la pantalla”.

En la calle de San Cristóbal, la gramola, situada en las ventanas superiores del edificio, con bastante antelación al inicio de las proyecciones, machacaba los oídos de los vecinos aunque entretenía a los cientos de personas que aguardaban a que se abrieran las puertas para la primera o segunda sesión. Las parejas hombro con hombro, sin despegarse ni un milímetro recorría una y mil veces el trayecto desde la plaza al cine y desde el cine a la plaza, abarrotando también a los puestos de turrón que en esta calle se instalaban .

Gentes venidas de todos lados de la Comarca. De Castillejar, Castril, Galera, La Puebla y Orce.

Otras atracciones eran los Tiros al Plato y Tiro Pichón, a los que acudían gran cantidad de aficionados a esta especialidades entregándose a los ganadores vistosas copas de plata.
Capitulo especial merece la Feria de Ganado, que era sin duda una de las mejores de la Provincia, y a donde acudían a las Eras de San Juan gran cantidad de ganaderos y particulares con sus reses o sus bestias, para compra, vender, cambiar o hacer los tratos en las mejores condiciones. Recuerdo la enorme cantidad de animales que allí había y siempre con las mismas recomendaciones de los mayores para que tuviésemos cuidado por si alguna caballería se espantaba. Es preciso poner de relieve que no había tractores de labranza ya que su llegada fue más tardía.

Ante tal cantidad de personas llegadas a Huéscar con sus caballerías las posadas se llenaban de estos inquilinos, sobre todo si coincidía la Feria con los mercados de los jueves. El colorido, movimiento y espectáculo que esto entrañaba era para un niño ávido de colores fuertes algo impresionante, especialmente en los alrededores de las posadas. Ahora son los automóviles los que se hacen presentes en las calles pero entonces era todo este elevado numero de bestias de carga que, en sus aguaderas portaban los productos del campo para su venta o su canje por otros necesarios. Y la cantidad de aperos de labranza y agrícolas que se situaban en las paredes de algunas casas en las calles del centro como tríllos, azadas, palas, horcas, marroquinerías de todas las clases, con clavos dorados y brillantes. Botas, sombreros, cananas y yo que sé la cantidad de otros artículos.

En nuestra infancia también servía la Feria para comprar los coloristas cromos que se vendían en sobres sorpresa con todos los jugadores de fútbol de los equipos españoles de primera división y que una vez recortados magníficamente los colocábamos inhiestos dentro de los tapones de las botellas de cerveza, y que con un garbanzo bien desarrollado, el mas gordo encontrado, nos servía de balón para nuestro juego, que rodilla en tierra, sobre los mosaicos de las habitaciones o en las abrillantadas aceras de cemento, hacíamos una y otra vez las ligas de fútbol que se nos antojaban. Por aquella época estaba muy de moda el Atlético de Bilbao.

Las niñas jugaban al yoyo y a la comba.

Efectivamente eran otros tiempos, en los que con una pelota de cuero y una goma sosteniéndola éramos los más felices del mundo y cuando nos parecía la entablábamos a pelotazo limpio con el vecino. Nos pasábamos horas enteras así.

Año tras año, en el programa de la Feria, mi padre escribía algún articulo junto a los de D. Marceliano Portillo, siempre ocurrentes y simpáticos, D. Sebastián Avellaneda, D. Miguel Fernández, D. Eduardo Porcel, D. Pedro Martínez, entre otros, narrándonos aconteceres de nuestra patria chica.

Es por tanto mi intención extraer las primeras estrofas del Himno a Huéscar, publicado en el 1951, con letra de Marceliano Portillo y música de Fernando Novi:

Huéscar, la tierra bravía,
es tu Sagra, airón de gloria:
reina de la serranía, templo
de eterna memoria, donde
las Santas sembraron
flores rojas de martirio
y con ellas conquistaron;
virginal y blanco lirio.

Disfrutaba mi padre aprovechando las fiestas de las Santas hablarnos sobre el lugar de nacimiento de nuestras Patronas. Quien le iba a decir a él que nuestro amigo el Profesor López Domech defendería la hipótesis de que no son aragonesas, sino de Antequera, es decir andaluzas por los cuatro costados.

En 1967 el Ayuntamiento me encarga los dibujos a tinta china de la portada e interiores del Programa de Feria. Sin embargo mas adelante y a consecuencia de estar preparando unas oposiciones puedo estar dos años seguidos en la Feria de Huéscar y en 1968 el Ayuntamiento nuevamente me encarga, varios artículos y dibujos así como la portada que por vez primera se realiza en color. Y como se trataba de un programa bastante elaborado y al objeto de que figure una fotografía actual de las imágenes de las Santas se bajan totalmente en secreto hasta el estudio fotográfico de Avilés y con unas cortinas rojas y el escudo original de plata maciza, tristemente desaparecido, se realiza la fotografía que aún sigue publicándose.

Otra innovación que es preciso señalar es, que también a propuesta del Ayuntamiento realicé junto con un funcionario del mismo el escudo actual con la inscripción de: “Muy noble y leal Ciudad de Huéscar” y en el que figura el yermo mirando hacia la izquierda en vez de a la derecha. Posteriormente completaría este escudo en la publicación de la obra Semana Santa en Granada

Cuando hace unos años pude comprobar lo que ya era la Feria Actual, no tuve mas remedio que reconocer como había variado la misma, con esa cantidad de atracciones, casetas, espectáculos y todo ello en un programa repleto de actividades; Y es que los tiempos han cambiado en esta ocasión para bueno. De los mandiles y de los chales gracias a Dios se ha pasado a los a los impermeables y anorak.

Deseo finalizar este Pregón deseando a todos y cada uno de vosotros que lo paséis todo lo mejor posible, disfrutando lo máximo de estas fiestas que en honor de las Santas organiza el Ayuntamiento.

Que la Feria y Fiestas del año 2006 sean siempre las mejor recordadas.

Las Santas llegan a Huéscar
desde las tierras navarras,
atravesando los Reinos
que constituyen España

Las Santas llegan a Huéscar,
en el Reino de Granada
para bendecir los montes
las sementeras y el agua

Y desde entonces se quieren
y desde entonces se aman
llevándolas en el pecho
muy presentes en el alma

¡Vivan las Santas Benditas!
¡Viva Huéscar, que es mi patria!

 

Huéscar, 18 de octubre de 2006.

El pregonero de la Feria 2006, D. Jaime Dengra Uclés,

el día de su nombramiento como académico de número

de la Academia de Ciencias, Tecnología, Educación y Humanidades de Valencia.


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