Fragmentos de historia oscense

RECONQUISTAS DE HUÉSCAR


Gonzalo Pulido Castillo

La tierra de Huéscar fue durante la Edad Media frontera entre el reino musulmán de Granada y las avanzadillas cristianas que, provenientes del Norte, intentaron en varias ocasiones su reconquista, sin alcanzarla definitivamente hasta 1488, hace ya quinientos años.

La primera vez que la población oscense cayó en manos cristianas fue en 1240, cuando el rey San Fernando la entregó a la orden militar de Santiago.

Años después, el rey Ismail de Granada, que había firmado tratados de paz con las zonas fronterizas y con el reino de Murcia, una vez se hubo asegurado en el trono granadino, rompió los pactos y se apoderó de Huéscar en 1324, un año antes de ser asesinado. En esta toma se utilizaron por vez primera en una guerra europea la pólvora y los cañones. Según dicen las crónicas, Huéscar era entonces un castillo roquero que señoreaba todo el valle desde las alturas de la Sierra de la Encantada. Ismail, en previsión de ofensivas, levantó apresuradamente una alcazaba, usando para ello incluso las lápidas sepulcrales de un antiguo cementerio romano, y rodeó la población con murallas y fosos.

Más de un siglo después, en 1434, el entonces Comendador de Segura y luego Maestre de la Orden de Santiago, don Rodrigo Manrique, padre del poeta Jorge Manrique, el de las coplas ("Recuerde el alma dormida..."), volvió a hacer cristiana la villa. Pero la hazaña de don Rodrigo, valeroso y culto caballero, no tuvo consecuencias duraderas. Diez años después, el rey Osmín de Granada arrancó de nuevo la cruz de las torres oscenses e impuso el estandarte de la media luna sobre estas tierras tan castigadas por la guerra y de paz tan precaria.

Y llegaron por fin los días afortunados de don Fernando el Católico, el definitivo reconquistador de Huéscar.

Corría el verano de 1488 y Fernando recibió el vasallaje de decenas de poblaciones que se entregaban y caían en sus manos como frutos maduros. Estando en la localidad almeriense de Vera vinieron a verlo los alfaquíes y alcaides de varios pueblos, entre ellos Huéscar, para entregarse sin lucha y así evitarse las desgracias de una guerra en la que ya se adivinaba el vencedor. El rey salió de Vera el día 7 de julio y llegó el 9 a Cúllar.

Fernando, creyendo fácil la toma de Baza, la sitió con su ejército. Pero los bastetanos se defendieron valerosamente y el rey, temiendo un desgaste inútil, aplazó su conquista. (Baza caería en poder de los cristianos el 4 de diciembre de 1489). El rey Católico se dirigió entonces a tierras oscenses.

Huéscar se rindió, según Henríquez de Jorquera, el viernes 16 de julio. El rey otorgó la capitulación y recibió el juramento de vasallaje y fidelidad de los habitantes. Entró en la población aclamado por los moros, contentos de ver que no se les arrebataban sus bienes ni sus tierras, ni se les aumentaban los impuestos, ni recibieron daño alguno, y don Fernando aseguró que Huéscar siempre sería propiedad real y que dispondría de ella como cosa propia.

Dio gracias a Dios por la victoria conseguida y nombró gobernador a Rodrigo Manrique, valeroso caballero de igual nombre que el que la reconquistó en 1434.

Cuatro días pasó el rey Católico en Huéscar. Se sabe que el día 20 se encaminó a Caravaca, a fin de adorar la Santa Cruz, y posteriormente se dirigió a Murcia, donde lo esperaba la reina Isabel.

Han pasado quinientos años de aquellos hechos memorables. La Historia no ha detenido su curso. Pero recordar sus grandes momentos es propio de civilizaciones superiores.

(Publicado en el periódico Ideal de Granada el 29 de julio de 1988)

 


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