Fragmentos de historia oscense


UN REGIDOR DEMASIADO REVOLTOSO:

Don Joaquín de Cánovas y Blázquez de Ávila (1771-1854)

Gonzalo Pulido Castillo

Contar en pocas líneas las aventuras y desventuras de D. Joaquín de Cánovas y Blázquez de Ávila es tarea dificultosa para un simple aficionado, escaso siempre de tiempo, de cualidades y de conocimientos históricos. Pero sí podemos trazar brevemente un apunte de lo que fue la vida y el carácter de aquel hombre apasionado, rebelde, cínico, violento y, tal vez, no demasiado feliz.

Era hijo de D. Joaquín José de Cánovas y Casanova (1) y de Dª Beatriz Blázquez de Ávila y Triguero, que se habían casado en Huéscar el 3 de febrero de 1760. Entre los hermanos que sobrevivieron a las enfermedades de las terribles infancias de aquella época estaban María Antonia, Francisca, Eugenio y Beatriz María.

El pequeño Joaquín nació el 19 de diciembre de 1771 y en su bautismo le fueron impuestos los nombres de Domingo Joaquín Antonio (2). Fue padrino su tío D. Eugenio Antonio de Cánovas y Casanova, beneficiado de Santa María.

Perdió a sus padres muy pronto y en corto espacio de tiempo. Dª Beatriz, murió el 24 de agosto de 1781, y el 12 de diciembre del mismo año su marido la siguió a la tumba. No había cumplido, pues, nuestro D. Joaquín 10 años cuando quedó huérfano de padre y madre. Ignoramos a cargo de quiénes quedaron los pobres muchachos, aunque podemos pensar que su tío materno y padrino D. Eugenio, hombre de algunos medios económicos (3), pudiera echarles una mano, aunque por poco tiempo, puesto que falleció el 16 de septiembre de 1787.

Recién salido de la adolescencia y tras cursar estudios, contrajo matrimonio el 22 de agosto de 1790 con Dª Cayetana Tomasa de Buendía y Chumillas, hija de D. Pedro Pablo de Buendía y de Dª María Josefa Chumillas Nieto (4).

Por problemas relacionados con la herencia de su esposa tuvo su primer contacto con la Justicia. Unos parientes de su suegro, también apellidados Buendía, se encontraban en América, y D. Pedro Pablo les administraba sus posesiones oscenses. Al morir éste y hacerse balance de la administración, quedó un alcance que, para ser saldado, precisó el embargo y la pública subasta de algunos bienes del difunto: se trataba de dos fincas, con un total de 200 fanegas, una balsa de cocer cáñamo y un cortijo llamado "de D. Fabián y Blasa", que todo se encontraba en el Campo de abajo de Bugéjar.

En la subasta, dicho cortijo fue adquirido por el hacendado: D. Pedro Sánchez Morales, por un total de 28.575 reales. D. Joaquín de Cánovas, como marido de una de las herederas de Buendía, promovió a principios de 1799 un pleito contra el comprador en la Real Chancillería de Granada (5).

El argumento usado por Cánovas era que esas fincas habían sido aportadas al matrimonio por Dª María Josefa Chumillas o eran bienes gananciales, y que, por tanto, pertenecían a sus herederos: Isabel, Pablo, Josefa, Cayetana (esposa de D. Joaquín) y de otro hijo o hija, aún sin nacer, en este tiempo. Se presentaron cinco testigos a favor de ellos: D. Pedro Antonio Teruel, D. Gregorio Manuel Romero, regidor, D. Alfonso de Soto, abogado, y los escribanos D. José García de Torres y D. José Trucharte.

D. Joaquín intentaba que la Justicia permitiera que esos bienes pudieran ser adquiridos por él, como marido de heredera. Para ello se comprometió a presentar los dichos 28.000 reales, proporcionados, al parecer, por su íntimo amigo D. Manuel del Río y Vivar, corregidor de Huéscar. Cedamos la palabra al cabildo oscense, que en una de sus sesiones (6) dijo así:

"Hizo una aparente y fantástica consignación de la expresada cantidad en esta forma: en poder de D. Manuel del Río y Vivar, corregidor que en aquel tiempo era de esta ciudad (su íntimo amigo y confidente) se hallaban más de sesenta mil reales, producto de las haciendas que se habían vendido a dicha hija del D. Pedro Pablo de Buendía, y parece que de esta cantidad le dio el referido D. Manuel del Río al D. Joaquín de Cánovas los veintiocho mil quinientos setenta y cinco reales para que el mencionado escribano José Trucharte pudiera poner la diligencia y fe de consignación, como así se efectuó; lo cual da margen a persuadir que, además que la cantidad no era legítimamente suya propia, hizo la solicitud de preferencia para otra persona, pues habiéndose seguido recurso en dicha Real Chancillería con razón de que se declarase o denegase dicho tanteo con el mencionado D. Pedro Sánchez Morales, parece que el D. Joaquín de Cánovas, por sí o por medio de otra persona, llegó a solicitar de dicho Morales que siempre que le diera doscientos doblones se desistiría de su solicitud, para que se quedara con el cortijo y tierras, a lo que no condescendió el referido Morales; y lo mismo, aunque después, pretendió el Cánovas le diera cincuenta doblones por dicha separación; y últimamente llegó a manifestar que desde luego tomaría veinticinco doblones por la separación; bien que antes tenía que tratarlo con otra persona, que era la principal en el negocio, y sin embargo no tuvo efecto. Ahora, pues, si la mencionada cantidad hubiera sido legítimamente suya propia, ¿era de creer, ni aun de imaginar, que por sólo veinticinco doblones la había de perder con el cortijo y tierras en tan grave perjuicio de sus intereses e hijos? Claro está que no."

La solución del asunto la dio el escribano Trucharte en escrito presentado al Ayuntamiento: D. Manuel del Río tenía en depósito una cierta cantidad de dinero, no suya, sino procedente de otras ventas de bienes de la misma familia Buendía. Prestaba a D. Joaquín los 28.000 reales y éste, dueño ya del cortijo, lo vendía a D. Gregorio Chico, de Cehegín, y reembolsaba a Del Río.

En noviembre de 1798, D. Joaquín de Cánovas había conseguido de la Duquesa de Alba el nombramiento de alguacil mayor en el Ayuntamiento de Huéscar. Cuando presentó el escrito al cabildo, en mayo de 1800, éste puso el grito en el cielo. Se recordó que aquel mismo año de 1798 se hallaba procesado porque, siendo de alguacil interino, "se le fugaron por su descuido, u otros motivos, de la Real Cárcel cinco reos de la mayor gravedad". También salió a relucir el asunto del pleito del cortijo de Bugéjar. D. José Trucharte aludió al "genio altivo y colérico del D. Joaquín de Cánovas". Frase que cita a su vez el cabildo cuando narra una de las fechorías de D. Joaquín:

"en distintas ocasiones ha insultado a varias personas, y en especial a D. Joaquín de Dareche y Urrutia, residente en esta ciudad como apoderado de los Buendías de Indias, que hallándose en el presente año en casas de su habitación (o en el antecedente año) se introdujo en ellas dicho Cánovas, acompañado de su cuñado D. Pablo Buendía, y habiéndole cerrado la puerta de su sala, lo ultrajaron de palabras y anduvieron a golpes, que a no ser la oportunidad de varias personas de autoridad que al ruido acudieron, tal vez hubiera ocurrido una desgracia".

Escritos y contraescritos iba y venían a la Duquesa y a la Real Chancillería. El Ayuntamiento se quejaba de que pudiera darse un cargo de tanta responsabilidad a semejante sujeto, que ni siquiera quería pagar el papel sellado y las pólizas que le correspondían por obligación.

Pero D. Joaquín no se rendía fácilmente. Podía con todo. Sobrevivió a la terrible peste que sufrió Huéscar en octubre de 1800. Y fue nombrado regidor del Ayuntamiento y alguacil mayor, como pretendía. En agosto de 1811 era regente del gobernador oscense (algo así como primer teniente de alcalde), cargo que aún ostentaba en los primeros años de la segunda década del siglo; en 1812 ya era regidor decano, y lo siguió siendo en 1818, y en 1820... En los padrones se inscribe como noble y hacendado.

Tuvo un serio tropiezo con el Santo Oficio debido a su ligereza de lengua, pero su buena estrella no lo abandonó: recibió un castigo simbólico y una amonestación. Posteriormente fue de nuevo encausado y privado de sus cargos por problemas políticos, hasta que en 1828 "en virtud de haber acreditado competentemente estar purificado", según sus palabras, recupero los empleos de regidor perpetuo y alguacil mayor. En 1831 volvió a ser suspendido en sus funciones por sospechas de ser deudor a la Real Hacienda. El caso tardaba en resolverse, aunque presentó pruebas documentales de haber pagado, y en agosto de 1833 volvió a solicitar que se le restituyera en sus cargos (7).

Vivió en la calle Carril (8), con su mujer, Dª Cayetana, sus hijos Joaquín, Cristina, Beatriz y José, su suegra, Dª María Josefa Chumillas, sus cuñadas Isabel y Petronila, y una sirvienta llamada Casilda Fernández.

El 15 de agosto de 1836 falleció su esposa, a los 60 años de edad. Y en 1841, soltera, su hija Beatriz.

El día 15 de julio de 1854 la muerte llamó otra vez a la casa de D. Joaquín de Cánovas y Blázquez de Ávila (9). Traía el descanso definitivo después de una larga vida, 83 años, llena de discusiones, enfados, pleitos, murmuraciones, violencias y ambiciones. La muerte le dio, por fin, la paz.

En el hogar familiar de la calle Carril quedó su hija Cristina, soltera, guardando la memoria de aquel hombre inquieto que fue su padre.

 

1. D. Joaquín de Cánovas y Casanova fue procurador síndico del Ayuntamiento en 1769 y diputado del mismo en 1774. En 1752 era clérigo de menores, contaba 31 años de edad y vivía en casa de su hermano el beneficiado de Santa María, junto con su madre, viuda, su hermana María y una sirvienta.

2. La partida de bautismo dice así: "En la Iglesia Maior de Sta. María de esta ciud. de Huéscar, en veinte y dos días del mes de Diciembre de mil setecientos setenta y un años, Yo frai Lorenzo Artiaga, Lector en Sagrada Theología y Prior (d)el convento de Santo Domingo de esta ciud., compremisso (sic) de Dn. Bernardo Pérez de Quesada, Cura de dha. Iglesia, Baptizé un niño que nació el día diez y nuebe de dho. mes, hixo de Dn. Joachín de Cánobas y de Dª Beatriz Blázquez de Ábila, lexítimamente casados, naturales y vecinos de esta Ciud. y sus Parroquianos. Abuelos paternos Antonio de Cánobas y Franca. Casanoba. Maternos Franco. Blázquez de Ábila y Beatriz Triguero, todos Naturales de esta ciud., al qual puse por nombre Domingo Joachín Antonio; fue su Padrino D. Eugenio Antonio de Cánobas, Cura de dha. Iglesia, a quien advertí el parentesco espiritual que contrahe y demás obligs., y firmamos.

Dn. Bernardo Pérez de Quesada Fr. Lorenzo Artiaga, Prior"

(Libro 27 de Bautismos de la Parroquia de Santa María, folio 1)

3. Para decir esto nos apoyamos en el dato de que, en el repartimiento de 1765, D. Joaquín pagó 10 reales de impuestos, mientras que su hermano sacerdote, que vivía con él, o en casa contigua, en la calle Baza, pagó un total de 400 reales.

4. Los Buendía eran una familia respetada y poderosa en Huéscar, tanto como los Chumillas lo eran en la Puebla. El primer Buendía, Alonso, vivía aquí en 1559. Una Buendía casó en 1640 con el italiano Juan Pedro Rato. D. Alonso de Buendía consiguió el hábito de Santiago en 1687 y D. Manuel, en 1733, reconocimiento de hidalguía. Por ceñirnos sólo a miembros de esta familia en el siglo XVIII, citaremos a los regidores D. Pascual de Buendía y Baena (1701, y luego procurador síndico durante tres años), D. Pedro de Buendía (1707), D. Juan de Buendía y Ramal (regidor y alguacil mayor desde 1725 hasta 1757), D. Mateo de Buendía y Ramal (regidor y alcalde de las aguas desde 1785 hasta 1790); los procuradores síndicos D. Gregorio de Buendía y Ortega (1703), D. Manuel de Buendía (en 1752, 53, 62 y 64, anteriormente escribano desde 1738 hasta 1743) y otros muchos. El suegro de D. Joaquín de Cánovas era natural de Madrid; fue regidor y alférez mayor en el cabildo oscense desde 1744 hasta el 11 de junio de 1748, en que renunció al cargo; habiendo enviudado de su primera mujer, Dª Isabel Ruiz, casó en la Puebla con Dª María Josefa el 12 de agosto de 1771; a su muerte, en 1775, fue enterrado en la bóveda de la iglesia de Santiago.

5. Hay copia de las actuaciones judiciales en el Archivo Municipal de Huéscar.

6. Acta de 27 de mayo de 1800 de los libros capitulares del Ayuntamiento de Huéscar.

7. Las diligencias del escribano se le comunicaron en "siete hojas de papel de pobre, por estar declarado por tal el D. Joaquín, según ha manifestado".

8. En el padrón de 1827 su casa tenía el número 8, cercana a la de D. José Miguel Carmona, maestro de capilla de Santa María, importante personaje también de aquellos años, aunque por otros motivos.

9. La partida de defunción dice así: "Como cura ecónomo de esta iglesia parroquial de Santa María la Mayor de esta ciudad de Huéscar, a dieciséis de julio y año del Señor mil ochocientos cincuenta y cuatro, dimos sepultura eclesiástica al cadáver de D. Joaquín de Cánovas, de edad de ochenta y tres años, viudo de Dª Cayetana Buendía, el cual falleció el día anterior de una parálisis, según certificación del facultativo. Se le hicieron el oficio de sepultura con responsos, nocturno y misa de cuerpo presente. Fueron testigos D. Francisco Ganga Alpañes y D.Antolín Navarro. Para que conste lo firmo fecha ut supra.

Francisco de Sola Vera

(Libro 10 de Defunciones de Santa María, folio 94 vuelto).

 


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