Fragmentos de historia oscense



UN REGIDOR DEMASIADO JOVEN:

Don Sebastián Vázquez Quevedo

Gonzalo Pulido Castillo

El día 5 de junio de 1769, en la sesión del cabildo presidido por el abogado D. Gaspar José del Castillo, que era en aquel entonces Gobernador y Justicia Mayor de Huéscar, ante los regidores D. Domingo García Castrión, D.Antonio Aguado López de Ayala, D. Mateo Francisco Ruiz y Maza y D. Juan Antonio Vázquez Quevedo (1), el también regidor D. Nicolás Antonio Vázquez Quevedo (2) hizo pública su dimisión, que ya le había sido aceptada por quien lo había nombrado, el Duque de Alba, su señor.

Había ejercido los cargos de regidor perpetuo y alguacil mayor desde hacía trece años; pero últimamente no se encontraba bien de salud, y le parecía ser ya un hombre muy mayor para desempeñar el puesto de alguacil (3), que tantos quebraderos de cabeza le había dado. Por todo eso, muy educadamente, pidió disculpas por sus posibles errores y agradeció la confianza depositada en él. El Ayuntamiento lo despidió con mucha cortesía, porque había sido un buen regidor y un magnífico alguacil.

El bueno de D. Nicolás se iba y, muy precavido él, había solicitado previamente al Duque que su cargo pasara a su hijo don Sebastián. Que los hijos heredaran los cargos de los padres era bastante frecuente, pero si llega a saber lo que se le venía encima a su tierno vástago, no se habría dado tanta prisa en renunciar. En el mismo acto se leyó el documento ducal, fechado en Madrid el 4 de enero anterior, otorgando a D. Sebastián los mismos empleos de alguacil y regidor que había disfrutado su padre. También se vio la escritura de fianza que los cargos públicos debían presentar para prevenir posibles fraudes o delitos en el desempeño de sus deberes, fianza que, en este caso, había sido otorgada por D. Andrés García de la Serrana, rico hacendado oscense.

Todo estaba previsto para la aceptación y nombramiento del nuevo regidor. Su pariente D. Juan Antonio Vázquez pidió, en gesto de escrupulosa honradez, ausentarse del pleno, para que la deliberación fuera totalmente libre y no hubiera sombra de parcialidad con su familia.

Los demás miembros del cabildo, con el gobernador a la cabeza, aseguraron, cómo no, que obedecían ciegamente los mandatos del Duque, como siempre lo habían hecho, que sentían un profundo respeto por sus decisiones, pero... que se les planteaban algunas dudas y, mientras no fueran resueltas, dejaban en suspenso la toma de posesión del solicitante.

Las objeciones del Ayuntamiento eran las siguientes:

A) D. Sebastián era muy joven, aún no había cumplido 20 años.

B) El candidato, por ser tan joven y no estar aún casado ni emancipado, estaba sujeto a la patria potestad de su padre.

C) Aunque es verdad que D. Sebastián era natural de Huéscar (4), no vivía habitualmente aquí.

D) El Ayuntamiento no tenía certeza de si pertenecía o no al Ejército Real, porque a veces se le veía usar el uniforme de Dragones de la Reina. Los miembros del cabildo debían estar exentos o haber cumplido ya sus obligaciones militares.

E) En el título de nombramiento de alguacil mayor, expedido por el duque de Alba, no se especificaba si debía tener voz y voto en las reuniones del Ayuntamiento.

F) En ese título tampoco se indicaba el tipo de fianza que el candidato debía presentar.

Como se ve, los miembros del cabildo hilaban bastante fino y fueron un poco quisquillosos con el pobre D. Sebastián. Se le mandó escrito al señor Duque, el cual contestó días después, el 22 de junio, aclarando y resolviendo las dudas en la siguiente forma:

A) La Ley Real advertía que para ocupar los empleos públicos referidos bastaba con tener 18 años cumplidos.

B) Cualquier individuo sujeto a la patria potestad, al ocupar un cargo público era considerado como cabeza de familia; y, en todo caso, era muy fácil concederle la emancipación: bastaba que el padre lo concediera por escrito.

C) Para ocupar el cargo de regidor había que ser vecino y morador en la localidad; pero en el caso de los naturales de un lugar, la Ley Real obligaba sólo a que, desde la toma de posesión, tuviera allí su residencia. Don Sebastián había nacido en Huéscar y tenía previsto vivir aquí.

D) D. Sebastián no era militar, ni en los Dragones de la Reina ni en ningún otro cuerpo, y si llevaba un uniforme era por ser paje del Teniente General D. Juan de Villalba.

E) Se supone que el cargo de alguacil incluye el derecho a voz y voto en el Ayuntamiento. Al Duque le extrañó, y tal vez le molestó, que se pusiera ese inconveniente a D. Sebastián, cuando a su padre, con el mismo título, nadie le discutió nunca ese derecho, ejercido "a vista, ciencia y paciencia de los otros capitulares".

F) Si hubiera algún problema con la fianza, bastaría con que el candidato presentara fiadores hacendados que adelantaran el total.

Después de exponer estas razones, terminaba el Duque su carta con estas palabras: "espero de vuestro celo, amor y lealtad que, deponiendo las dudas que proponéis, paséis luego a proveer el cumplimiento del referido título de alguacil mayor que le he expedido, poniéndolo en posesión, y goce de todos los derechos, preeminencias y distinciones que corresponden, porque de lo contrario miraré con desagrado cualquiera novedad que ocurra en este asunto".

El Duque se había puesto serio. El problema parecía estar resuelto, pero ¡qué va!

El 7 de julio, D. Sebastián y su abogado D. José Francisco García, remitieron al cabildo un largo escrito de queja y de protesta. El Ayuntamiento se basa en "disimulados pretextos"para no cumplir lo mandado y aceptar el nombramiento.

Tres días después, el cabildo municipal, después de asegurar, jurar y prometer que obedecería al Duque, su señor, en todo lo que mandara, hizo venir al pleno a su abogado asesor, que lo era D. Francisco Antonio de Robles, beneficiado de Santa María, quien advirtió que el alguacil era el encargado de custodiar a los presos de la cárcel, y que para de ello la persona elegida debía tener ciertas cualidades, de las que, por lo visto, D. Sebastián carecía a causa de su poca edad. Además, D. Andrés García de la Serrana debía rehacer de escritura de fianza por algunos defectos de forma, lo que se hizo de inmediato.

El pleno del 20 de julio centró el problema en la fianza. Los regidores y el síndico habían investigado en los archivos y habían visto que el padre de D. Sebastián, cuando fue nombrado alguacil, presentó una fianza de nada menos que 41.000 reales, mientras que la de éste ascendía solamente a 8.980 reales y 6 maravedíes, lejos incluso de los casi 11.000 que prometió aportar al principio.

No vuelve a aparecer el nombre de don Sebastián en las actas de la Corporación. Meses después, por nombramiento del Duque de Alba en fecha de 13 de octubre, el puesto de regidor fue ocupado por don Juan Antonio de Roa, procurador síndico el año anterior y los primeros meses de 1769.

D. Sebastián Vázquez Quevedo no pudo ocupar su cargo en el Ayuntamiento, a pesar del apoyo del duque de Alba. ¿Falleció mientras se discutía su asunto?, ¿se aburrió de tanta batalla de papeles?, ¿le dieron otro cargo en alguna de las muchas posesiones ducales? (5), ¿se retiró a la vida privada para mirar con desdén a quienes no lo quisieron como compañero?

Los inconvenientes para que D. Sebastián ocupara el empleo prometido fueron su juventud y su falta de medios económicos. Las triquiñuelas legales no permitieron que entrara sangre nueva en el consistorio oscense.

 

1. Aquel día faltó al pleno el procurador síndico D. Joaquín de Cánovas, padre del futuro regidor del mismo nombre al que me refiero en el artículo titulado "Un regidor demasiado revoltoso".

2. Los Vázquez Quevedo eran una de las familias destacadas de Huéscar en los siglos XVII y XVIII. El primer Vázquez oscense de esta rama, de nombre Acacio, procedente de Santiago de Compostela, contrajo matrimonio con María Quevedo en 1590. Sus descendientes emparentaron con los muy ilustres Toral, Ruiz-Coello, Ramal, Peralta, Buendía, Trucharte, Ruiz Marín Maza y otros. Entre ellos hubo varios personajes políticos y eclesiásticos. Uno de éstos, D. Alfonso Vázquez Quevedo, beneficiado de Santa María, hacía descender su linaje de un compañero del rey D. Pelayo.

3. El alguacil mayor tenía a su cargo la custodia de los presos de la cárcel.

4. No hemos encontrado la partida de bautismo de D. Sebastián en los libros de la parroquia de Santa María. Tal vez perteneciera a la de Santiago, de la que no se conservan los libros de aquellos años.

5. El padre de D. Sebastián vivía en 1781 en la localidad almeriense de Sorbas, señorío también del Duque de Alba.

 


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