ANTOLOGÍA POÉTICA

DE REGINA RAMÍREZ



EDICIÓN DE

GONZALO PULIDO CASTILLO



PRESENTACIÓN


Hay almas que parecen elegidas por el destino para amar y sufrir. Regina era una de ellas. Amó y sufrió con intensidad. El privilegio que poseía de gozar con la sencillez de las cosas pequeñas, que para los demás pasan inadvertidas, se convertía en el tormento de sufrir hondamente con cualquier gesto, con cualquier palabra que la pudiera herir.

Tanto en su juventud como en su madurez pasó por momentos difíciles. El misterio de su nacimiento; su vocación religiosa, luego abandonada no sin temores y dudas de conciencia; su oculto amor incomprendido, hoguera en la que se fue quemando durante tantos años; su última época, más estable, de maestra; su jubilación prematura; su forzado aislamiento del mundo... Todo contribuyó a forjar en ella una sensibilidad delicada y enfermiza que la hacía frágil como pocas personas lo han sido.

Quizá fue feliz alguna vez, pero, cuando yo la conocí, su sonrisa tenía sombras de melancolía. Educada, amable, apasionada, se aferraba ardientemente a lo que la vida le había dejado: sus amigos, sus poesías, sus recuerdos, y aquel vestigio de amor del que no era capaz de desprenderse por más que su corazón le pidiese libertad y cielos abiertos.

En algunas de sus poesías expresaba la resignada tristeza de quien se sabía encerrada de por vida entre comodidades materiales, sin poseer lo único que de verdad anhelaba: aire para volar.

Prisionera en una jaula de oro

está la pobre paloma blanca.

¡Qué daría por verse libre

y volar por el cielo azul...!

...

¡Volar, ...volar por el cielo azul!

¡Pobre paloma blanca!

Mas es feliz con el rayo de luz

que brilla para alegrarla.

Las palabras de respuesta, por muy afectuosas que fueran, no podían alegrar su corazón desengañado e insatisfecho.

No temas, paloma blanca,

si en tu nido prisionera

ves pasar sin detenerse

nubes, sonrisas y estrellas.

...

Pero si todo pasara

sin acercarse a tu puerta,

no temas, paloma blanca,

mi amistad es verdadera.

Regina murió el día de su santo, el 7 de septiembre de 1985. Su cuerpo descansa en la paz del cementerio de Huéscar. Su alma, libre ya de tristezas y ansiedades, vive feliz bajo la eterna mirada de Dios, en el cielo de los sueños cumplidos y las esperanzas satisfechas.

* * *

Los textos originales de los poemas de Regina desaparecieron de su casa el mismo día de su muerte. Inexplicablemente, nadie ha sabido dar razón de ellos. Por fortuna, me iba mandando copias conforme las iba pasando a limpio y sólo me faltan unos veinte poemas, los últimos que escribió y que ya, debido a su enfermedad, no tuvo tiempo de enviar.

Con los textos recogidos, más de doscientos, he preparado esta antología, que tiene, como todas, el defecto de reflejar el gusto, más o menos arbitrario, del seleccionador.

Si hubiera que adscribir a Regina a alguna escuela literaria, tendríamos que integrarla en la llamada "poesía de la experiencia". No necesitaba crear mundos imaginarios donde encontrar temas de inspiración. Sus versos no están hechos de sueños ajenos, ni de metáforas aprendidas, ni de estructuras métricas copiadas de libros. Sus versos toman la vida de su propia vida, nacen de su carne y de su sangre, de sus alegrías y de sus penas. Miraba en su corazón y allí lo encontraba todo: la ternura, la fe, la tristeza, el amor, la eternidad... La poesía fue para ella una catarsis, un desahogo de su espíritu sensible. Me dijo una vez: "Estos escritos son vivencias, afectos y recuerdos, pedazos de mi alma."

La presente antología recoge cincuenta poemas, agrupados en cuatro secciones, más otro de introducción: en la primera (Por los caminos del corazón) expresa sus sentimientos ante el mundo, la Naturaleza y sus propias nostalgias; en la segunda (Necesidad de Dios) se desarrolla un diálogo, no siempre apacible, con la Divinidad; en la tercera (En la hoguera del amor) se puede observar una evolución en la expresión del amor, de su amor, desde el entusiasmo primero hasta la rabia, todavía enamorada, del desengaño posterior; y en la cuarta sección (Cenizas en el alma) están los poemas de la desolación, de la pena profunda, de la oscura soledad, del triste presentimiento del invierno que llega a su vida, llena ayer de juventud.

¡Siento ya los pasos del invierno

que, taimado, a mí se aproxima...!

El invierno de mi vida,

¡Dios mío!, ¡qué cerca lo tengo!

Esta publicación es un homenaje a aquella mujer sensible y buena amiga que convirtió su voz en verso para expresar lo que su inmenso corazón sentía. Ojalá haya encontrado ya, más allá del dolor y de la muerte, la paz que tanto anhelaba su espíritu atormentado.

Gonzalo Pulido Castillo

Huéscar, 31 de mayo de 1997


RECUERDO A REGINA

No doblan por ti las campanas

en estas tardes de otoño,

tan dulcemente melancólicas,

tan llenas de nostalgias irreales...

Tu nombre duerme en brazos del olvido

un sueño largo y lejano

del que tal vez quisieras

despertar, y no puedes.

Eres sombra entre la sombra,

tierra en medio de la tierra,

recuerdo florecido en tardes tristes

que arañan la memoria.

Pero no eres silencio,

porque tu voz devuelve a quien te escucha

todo el rumor del campo y sus aromas,

todo el lamento espeso de la noche

cuajada de amor y rabia,

todo el afán de ser llama encendida

y toda la esperanza de que el tiempo

pueda, al fin, ser vencido.

Dejaste el grito airado de tu sangre

sobre el abierto surco

de unos versos -los tuyos-, como ofrenda

dolorida y perenne de tu espíritu roto.

Y cuando, en el silencio

del abismo interior, evoco tus palabras,

vuelve a doler la herida, pero vuelve

también la flor insomne

de la antigua amistad, y pienso, ingenuo,

que late junto a mí tu corazón. 

G. P. C. (1997)

 

     

 


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