ANTOLOGÍA POÉTICA DE REGINA RAMÍREZ

POEMA PRELIMINAR

COMO LAS OLAS DEL MAR

Como las olas del mar

son mis canciones,

unas veces serenas

como espuma blanca de nieve,

soñadoras, acariciantes,

agua que corre tranquila

dejando perlas de cristal

en las flores y en las hierbas.

Son canciones de paz y de amor

porque Dios está en ellas.

Otras veces mis canciones son malas,

amenazantes, cenagosas, feas,

expresan coraje e impotencia.

Son oscuras, muy oscuras, sin luz,

alma sin Dios,

cielo sin estrellas,

sin música, campanadas fuertes

con notas muy negras.


PRIMERA PARTE

POR LOS CAMINOS DEL CORAZÓN


HAN VUELTO LOS RECUERDOS

Suavemente han llamado

a mi mundo los recuerdos.

Las cenizas, esparcidas

por la brisa de los vientos

y recogidas con amor

por el hada de los cuentos,

han traído otra vez

a mi mundo mis recuerdos.

Con nueva vida, ilusiones

y alegrías que se fueron

regresaron compasivos

a mi mundo los recuerdos.



REMAR CONTRA CORRIENTE

Como el agua se desliza,

blanda, espumosa y cristalina,

así mi vida va llegando,

lentamente,

al otro lado de la orilla,

donde se reflejan

en sus arenas de luz

los luceros y las estrellas.

Ahí se detendrá mi barca

tan pronto acabe el frío invierno.

Quiero retenerla en un remanso

del río de mi vida,

y remar, remar contra corriente,

detener el tiempo

y volver a vivir nuevamente

los mismos años pasados

para enmendar mis fracasos.

¡El tiempo!, ¡el tiempo!,

¿qué es?:

un maratón donde todos corremos

alocadamente, para llegar a la meta,

la meta de la Eternidad,

donde se parará el cronómetro

para siempre.

Y soñamos con falsas ilusiones

y quimeras,

aceleramos más y más los días

dando más cuerda al reloj de la vida

para que corra con mayor impaciencia,

suspirando por las vivencias

del mañana.

Quiero remar contra corriente

y detener mi barca

en un remanso de paz y amor,

sin ansiedades, sin desalientos.

¡Sólo Dios, las estrellas,

el cielo, ...y amistades blancas!

 

NOSTALGIA

Aún siento en mi mejilla

el fuego de aquel beso...

Y el brillo de tus ojos

como puñales se hundieron

en el fondo de mi alma.

No lo borrarán nunca

ni el tiempo

ni la distancia...

¡Siento el fuego de aquel beso

y el brillo de tus ojos

en mi pecho!


NO HAY TIEMPO

Ver cómo el sol se levanta

de su lecho de tinieblas

¡es hermoso!

Ver el mundo cómo se impregna

de vida al sentir los rayos que llegan

cabalgando, rápidos y alegres,

para darnos vida

¡es hermoso!

Ver cómo los pájaros despiertan

a sus hijitos y les dan los "buenos días"

y gracias a Dios con sus trinos,

con sus vuelos y sus bellas melodías

¡es hermoso!

Ver las flores abrir suave

y lentamente sus pétalos de colores,

y la brisa que los mece y arrulla

y esparce sus mejores perfumes

¡es hermoso!

¡Cuánta belleza en el amanecer!

No sabemos apreciarla

ni comprenderla.

¡No hay tiempo para ello!

Hoy a la vida moderna

le interesan otras cosas materiales,

las drogas y la guerra.

El agua, el aire, las flores,

los niños, las aves, el mar,

el sol, los luceros, las estrellas:

todo esto es una sonrisa de Dios

a la tierra.


RISA SILENCIOSA

Cuando a mi mundo

se aproxima la tormenta

y ruge con furor,

haciéndose la luz noche oscura,

y se oculta despacio el sol,

entonces... sola y en silencio,

siempre, siempre sonrío yo.

Cuando el granizo duro y despiadado

golpea las flores de mis recuerdos,

y el cierzo frío penetra

hasta el fondo de mis pensamientos,

y un abismo profundo

a mis pies se abre

amenazante y negro, entonces...

¡sonrío! ¡Sí! ¡Sonrío siempre!

¡Es mi risa silenciosa hacia dentro!


VOLAR MUY LEJOS

¿Quién me impide

realizar mis deseos?

¿Quién me impide

que levante el vuelo

y vaya donde quiera,

separada más del suelo?

¿Quién me impide

realizar mis deseos

y llegar a verdes campiñas

regadas por riachuelos,

o quedarme en un valle sembrado,

escondido entre pinos y abetos?

¿Quién me impide ahora

que levante muy alto el vuelo

y me detenga en las flores pequeñas

que veo escondidas entre hojas

como lindos vestidos nuevos?

¡Volar muy alto!

¡Volar muy lejos!

Descansar en un valle

perdido entre abetos

y aspirar el perfume

de las flores más pequeñas

que alfombran el suelo.

¡Volar, ...volar muy alto!

¡Ver más cerca el cielo!

¡Aspirar las flores!

¡Y correr, correr con el viento!


BESO TUS MANOS, CARPINTERO

Tengo tristezas en el alma

y tengo tristezas en mi cuerpo.

Tengo tristezas en los ojos,

que lloran sin llanto, sin ruido,

en silencio.

En silencio no lloran, no,

pues grita el corazón, allí,

muy dentro del pecho,

pero su voz queda apagada,

ahogada sin consuelo.

Nadie sabe mis tristezas,

grandes y bellas en su misterio.

Llorar mientras los labios sonríen...

¡Qué hermoso es llorar hacia dentro!

Lágrimas de sangre que no brotan,

que no llegaron a los ojos

y sí al corazón, y allí, solitarias,

ocultas murieron.

Soy feliz, sí, ¡tengo un amigo!

¡El humilde carpintero

José, obrero sin trabajo

y pordiosero!

Tú que fuiste en la tierra

de los hombres el más bueno,

tú que supiste de penas, dudas,

incertidumbres grandes,

ésas, íntimas, que no tienen nombre

y decirlas no podemos.

La sangre sube a la cara,

y el frío recorre el cuerpo,

y se preñan de agua los ojos,

y sentimos en la garganta

una mano dura de hierro.

¡Son nuestras, muy nuestras,

y al decirlas se van, las perdemos!

José, obrero humilde y honrado,

tú, que sabes lo que son

angustias del alma y del cuerpo,

dolores morales y ansiedades

sin remedio,

dudas con los seres más queridos,

dudas que nos impulsan

a irnos muy lejos

o marchar a medianoche;

tú, que sabes los sinsabores

que ocultan las horas de insomnio,

de pesadillas, de impotencia,

que la vida va marcando

y Dios ha trazado con su dedo,

-trayectoria de la vida,

camino torcido o recto

que hemos de seguir todos

sin más remedio-.

¡José!, ¡humilde carpintero!,

tú que sabes de amarguras,

contrariedades y celos,

dudas y pruebas amargas;

tú que eres de los hombres

el más bueno, ¡por amor a Ella,

tiéndeme tus manos duras,

ásperas, callosas,

y solitarias en tu abatimiento!

Y porque eres pobre y honrado,

¡yo os beso con amor infinito,

manos benditas

del humilde carpintero!


¡CUÁNTOS MUERTOS!

Hace muchos, muchos años,

en uno de mis recuerdos,

cerrando los ojos, veo cruces

blancas de mármol

o de hierro negro,

también de tablas carcomidas,

con nombres, con fechas

ya borradas por el tiempo.

Contaban una muerte,

o un crimen, o un suceso.

Todo a lo largo de caminos o del campo

y en senderos solitarios

de los pueblos.

¡Qué terror me infundían

aquellas señales de tragedias

y de miedos!

Si hoy, en los pueblos de España,

por cada accidente con muertos,

violaciones o atentados,

se pusiera un monolito,

un letrero o una cruz,

¡qué horror, Dios mío!,

¡qué cementerio más grande!,

¡cuántas cruces marcarían

carreteras y caminos

de los pueblos!


UN CAMINO IMAGINARIO

Cada día que pasa

intento alejarme de tu lado.

Caminamos deprisa.

Tú hacia la juventud

y yo, despacio y con tristeza,

hacia el ocaso.

Huir de ti es mi constante pesadilla,

¡y no puedo realizarlo!

Me acerco más y más a ti.

Me enraízo a ti

como la hiedra al muro viejo,

y así caminamos juntos,

juntos hacia un mundo de tinieblas

por un camino imaginario.

Cada día que pasa

lucho por alejarme de tu pasado,

pero como la hiedra al muro viejo

así va mi vida a tu lado.


LLORANDO VA DE TRISTEZA

El agua clara del río

no refleja tu belleza.

Al no lavarte la cara

llorando va de tristeza.

El agua clara del río

se oculta entre las hierbas

y les susurra bajito

el motivo de su pena:

¡tú no te lavas la cara

y queda el agua sin belleza!


AMORES Y RECUERDOS

Amores que no llegaron,

recuerdos que no nacieron,

perfumes que se esfumaron

porque no existieron...

Flores que se secaron

y no lucieron en jarrones

preparados, y olvidadas

bajo el polvo de los tiempos...

Palabras que no brotaron

en los labios entreabiertos

por sorpresas y dolores,

que los oídos nunca oyeron,

quedando sólo grabadas

en mi mundo del misterio...

Sonrisas que se trocaron

en lágrimas de soledad

y abandono sin quererlo...

Suspiros del corazón,

ahogados por las voces del silencio,

susurros muy parecidos

a los pinos y cipreses

que se ondulan en las noches

huracanadas de los tristes cementerios...

¡Amores y recuerdos...!,

¡perfumes y flores...!,

¡palabras y sonrisas

que con lágrimas murieron...!

¡Los hombres los privaron

de la vida

y no nacieron!


RÉQUIEM POR LOS ÁRBOLES DE MI PUEBLO

¡Qué orgullosos estaban

los caminos de mi pueblo,

acariciados por las sombras

de los árboles gigantes

que besaban su suelo!

Y cantaban sus ramas

como arpas armoniosas

mecidas y tocadas

por el viento.

Y les daban a las tardes

y a las noches

un encanto tan grande,

tan noble y tan bello...

Los árboles a las noches

cálidas de verano daban

el frescor de su aliento

con sus perfumes variados

de acacias, de tilos,

de eucaliptos y almendros.

Todos eran centenarios.

Los pajarillos, cantando

bulliciosos e inquietos,

volaban de unos a otros,

haciendo sus nidos en ellos.

Mas un día

llegó una orden,

y unas hachas y unas sierras,

con ruidos infernales,

despiadados y perversos,

golpearon y aserraron

los árboles, ...y cayeron

uno a uno, todos,

todos los árboles que había

en los caminos del pueblo.

¡Cuántos secretos de amores

en sus troncos se esculpieron!

¡Cuántos nombres

y cuántas fechas,

que guardaban en secreto

en sus oscuras cortezas!

Eran los amigos más fieles

de todos nosotros

los árboles de mi pueblo.

Hoy me da mucha pena

ver sus troncos aserrados

junto al suelo.

Ya no se oyen las melodías

de las brisas, tocadas

en las arpas de sus ramas

por el viento.

No hay perfume,

ni hay fechas,

ni hay nombres, ni recuerdos...

Y los pajarillos voladores

y juguetones,

entristecidos al ver

sus nidos deshechos,

piando silenciosamente

y llorando con notas de muerte,

¡con mis árboles se fueron!

Y se fueron los perfumes,

y las fechas, los nombres

y los recuerdos.

¡Es un réquiem con lágrimas

por los árboles de mi pueblo!


MIS CANCIONES LAS CANTAN LAS ESTRELLAS

Quiero escribir mis canciones

sin notas y sin letras,

cantarlas con melodías suaves,

como cantan sus canciones las estrellas.

Las estrellas las cantan

por las noches,

cuando los niños duermen

soñando con angelitos

que corren y juegan

y con pajarillos alegres

que piando vuelan

por los caminos del cielo.

Los niños soñarán

con perrillos sin amo,

abandonados, que miran

con ojos de grande tristeza.

Y verán a los ángeles

llevarlos a su cielo,

que está allí,

en aquel lucero,

con rayos de esmeraldas

y de perlas.

Las estrellas seguirán

cantando mis canciones

y los niños seguirán soñando.

No habrá ya nidos vacíos,

ni matarán pájaros

con trampas ni con piedras.

Ni arrancarán más flores

de los jardines,

ni se oirán más

esas palabras tan feas

que dicen los niños malos

que no oyen las canciones

que cantan por las noches

las estrellas.

Y las estrellas seguirán cantando

por las noches,

mientras los angelillos

corren y juegan.

Y los niños seguirán soñando

en ser mejores,

en hacer más buena la tierra,

y cuando sean hombres

recordarán siempre

con nostalgia

las canciones tan bonitas

que aprendieron de las estrellas.


CANCIÓN DEL VIENTO

Cuando el viento va silbando

canciones desconocidas,

no sabes si va cantando

sinsabores o alegrías.

¡Viento!, si vas cantando penas

¡aléjate! Tengo bastante ya

con las penas mías.

Y otra vez, cuando pases,

silba fuerte tus canciones

de amores o de alegrías.


¡DESPIÉRTALAS, CAMPANERO!

Las campanas se han dormido.

Despiértalas, campanero.

Que llenen con notas de paz

los pueblos del mundo entero.

Se han dormido en las torres

de las iglesias hace tiempo.

No tocan por las mañanas,

ni a la hora del almuerzo,

ni por la noche, como antes,

recordando a nuestros muertos.

¿Te has dormido tú también

con tus campanas, campanero?

¡Despierta y toca con alegría

las campanas de las torres

de las iglesias de los pueblos!

Campanero, y si alguien llora,

que sus notas sean lamentos.

¡Despierta ya, y toca las campanas

de las torres, campanero!


¡ERA TAN BONITO...!

¿Por qué no cantan los hombres hoy

cuando cultivan la tierra?,

¿por qué no cantan los hombres

cuando la abonan y siembran?

¡Era tan bonito, madre...!

¿Por qué no cantan los pastores

cuando guían sus ganados

a los pastos o a la sierra?

¡Era tan bonito, madre,

el dolondón de los cencerros

y el balar de las ovejas!

¿Por qué no cantan, madre,

los segadores, cuando siegan,

encorvados hacia la tierra,

con sus sombreros de paja

y sus pipos de agua fresca?

¡Era tan bonito, madre...!

¿Por qué no cantan en casa las mujeres

cuando barren o friegan?,

¿por qué no cantan los niños

cuando salen de la escuela

como pajarillos libres

que a su nido vuelan?

¡Era tan bonito, madre...!

¿Por qué tanto silencio?,

¿por qué tanta tristeza?,

¿por qué sólo se oyen

radios y transistores,

con sus voces estridentes y violentas?

¿Por qué se han perdido hoy

las canciones populares,

emotivas, sencillas y alegres,

cantadas en el campo, en las calles,

en el pueblo y en la sierra?

¡Era tan bonito, madre...!

¡Eran tan bonitas

las canciones que cantaban

las buenas gentes de Huéscar...!


QUIERO LA TORMENTA

Me espanta la tormenta,

y la deseo.

Me ciegan los relámpagos,

e impasible los veo.

Los truenos me anonadan,

y, a pesar de todo,

¡deseo la tormenta!

¡Sí!, ¡la tormenta del cielo!,

porque la tormenta

que ruge en mi alma,

¡siempre está dentro!


UN RAYO DE LUZ

Con todo cariño

a un rayo de luz

que se llama Gonzalo.

(Huéscar, 20-2-84)

Prisionera en una jaula de oro

está la pobre paloma blanca.

¡Qué daría por verse libre

y volar por el cielo azul,

por el campo verde

y la sierra alfombrada

de pequeñitas flores

y olorosas hierbas y plantas!

¡Volar por un valle escondido

de humildes chozas y casas

donde reine el amor y la alegría,

la paz, bienhechora de la vida

y del alma!

¡Volar por el cielo azul,

por la sierra, el valle

con sus pobres casas!

¡Pobre paloma blanca!

Tus ojos miran al cielo

y se nublan con las lágrimas

que sin querer corren por dentro

del corazón de la paloma blanca.

¡Volar por el cielo azul!

¡Pobre paloma blanca!

Pero... a su jaula llega un rayo

de luz y esperanza,

de una amistad que quiere,

sí... y desea conservarla.

Es a distancia. ¡No importa!

Así será más transparente,

más clara, más ideal,

...más del cielo.

Siente miedo de empañarla.

Quiere guardarla en su pecho

como rayo de luz y esperanza.

Encerrada en su jaula de oro

está la paloma blanca,

pensando que el rayo de luz

brilla para acompañarla

en esas horas sin nombre

de soledad y de lágrimas.

¡Volar, ...volar por el cielo azul!

¡Pobre paloma blanca!

Mas es feliz con el rayo de luz

que brilla para alegrarla.

 


HOJAS DORADAS

¿Qué va pasando en mi mundo

y bajo qué influjo va muriendo?

¿Quién va cambiando sus vivencias?

¿Será este frío invierno

que va helando mi vida

y la vida de mis recuerdos?

Porque... los voy olvidando,

y, como hojas doradas, van cayendo

uno a uno en el olvido

y en un abismo sin cielo.

¿Qué va pasando en mi mundo,

en mi mundo de los sueños?

¿Qué va pasando?

El amor se va convirtiendo en odio,

y en silencio el canto alegre,

y la alegría en sollozos.

¡No! No quiero odio en mi pecho,

ni lágrimas en mis ojos,

ni amargura en mis labios,

ni hipocresía en mi rostro.

Quiero llenar mi vida de bondad

y derramarla a manos llenas

en tantos corazones solitarios

que, abrumados, caminan por la tierra.

¡No! No quiero odio en mi pecho,

ni lágrimas en mis ojos,

ni amargura en mis labios,

ni hipocresía en mi rostro.

 

 

 


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