ANTOLOGÍA POÉTICA DE REGINA RAMÍREZ

CUARTA PARTE

CENIZAS EN EL ALMA



NI UN GRANO

Por los campos de la vida

siembro amor a voleo,

después retorno a mi siembra

y solamente veo zarzas,

abrojos y espinas.

¡Ni un grano de trigo bueno

llegó a germinar en los campos

que sembré con tanto empeño!


¿DÓNDE ESTÁ TU DULZURA?

Dulzura encuentro en tus ojos

y dulzura encuentro en tu voz,

dulzura encuentro en tus labios...,

pero ¿dónde no tienes dulzura?

Y una voz me dice bajito:

¡sólo en su corazón!


SUEÑOS DE AYER

¿Por qué no se realizó

lo que nosotros soñamos?,

¿por qué los días corrieron,

las primaveras pasaron

sin retorno, de aquel sueño

que de niños soñamos?

¿Por qué el estío llegó

con su gran calor,

arrasando las flores de una ilusión

que en otoño murió,

y el invierno malvado

en aquel mundo de amor entró

dejándolo todo helado?

¿Por qué no se realizó

lo que nosotros soñamos?

¡Días de primaveras hermosas

y de almendros rosados!

¡Las primaveras se fueron,

y con ellas nuestros sueños dorados!


MIS VERSOS TAMBIÉN SE FUERON

Quiero correr, madre,

como corre el tiempo...,

coger esta hora y guardarla

con cariño grande

en mi cuartito secreto.

Y volver otra vez

al palacio del tiempo

y sacar una a una

todas las horas vividas

y ¡vivirlas de nuevo!

Quiero vivir esos años,

¡mis años!, que formaron

las horas tan corriendo.

Y volver otra vez a la vida

lo que hoy son lejanos recuerdos.

Y escribir otra vez mis versos.

Aquellos versos que fueron quemados

se esfumaron y se fueron

como las horas y los años

más felices y buenos.

Eran mis vivencias

grabadas en papel

con lágrimas, suspiros,

sonrisas y besos.

Eran hijos del alma,

que nacieron

en primaveras alegres

o en la paz tranquila

de mi soñado convento.

¡Eran humanos y divinos!

Eran tierra y eran cielo.

Se fueron también, madre,

se fueron mis versos

con los años, con las horas,

con el fuego...


Por eso hoy

quiero correr con el tiempo

y coger cada minuto,

formar las horas, los días

que cayeron

tal vez en la Eternidad

o en el abismo del tiempo.

¡Volver con todas mis vivencias,

mis amistades,

todas las cosas buenas y malas

que volaron como el viento!

Mis alegrías y mis penas,

mis arrebatos de cólera,

mis horas de tristeza,

de soledades humanas

y de sublimes silencios...

Quiero escribir nuevamente

mis pasadas horas, reescribir

con sonrisas, con lágrimas,

o con sangre

mis quemados versos.

Ellos fueron mi vida.

Fueron los más dulces momentos.

Mis versos quemados

con las horas y los años

también se esfumaron

y se fueron.


ES MI CIELO

¿Es verdad que siento

la soledad en mi pecho?

¡Sí, Dios mío! ¡Es verdad!

Es verdad que me ahoga

como un cordel en mi cuello.

Cuando miro a un lado y a otro

y no veo la sonrisa amable

en sus labios,

ni la mirada amorosa

en sus ojos,

ni la mano que se tiende

fuerte y protectora,

ni la voz dulce que envuelve

como en un velo

mis días, mis horas, mis sueños.

Es verdad que siento ahora

la soledad en mi pecho,

y me ahoga

como un cordel en mi cuello.

Y es verdad que la soledad

me está minando por dentro

como la carcoma que roe,

y con el tiempo

se ha comido lo mejor,

destruyendo lo más bueno,

lo que guardo con cariño

en lo más profundo del pecho.

Sí, dentro de mí,

en mi mundo interior, ahí

donde solamente la soledad y Dios

penetraron y están dentro.

En Él tengo mi fe y mi esperanza,

y el tiempo no impedirá

que viva con alegría en mis ojos,

la sonrisa en mis labios,

mientras siga viviendo.

Mas la soledad que siento hoy

no es soledad, no.

¡Es mi cielo!


POR UN PEDAZO DE CIELO

Pregonero que vas pregonando

tus valiosas mercancías,

dime si entre ellas llevas

algunas horas perdidas.

No las vendas, te lo ruego,

las compro al precio que digas.

No las pregones, pregonero,

las horas esas son mías.

Las perdí una a una,

y hoy, al final de mi vida,

las necesito, pregonero,

para venderlas al Buen Dios

por un pedazo de cielo.

¡Pregonero que vas pregonando

tus valiosas mercancías,

a peso de oro te pago

esas horas perdidas!


LLORA EN SILENCIO

¿Por qué te cruzaste en mi camino,

vieja amistad olvidada?

¿Por qué hiciste renacer

otra vez en mi pecho

una esperanza

de que aún me quedaba en la tierra

una amistad noble y blanca?

Pasaron unos minutos

...muy largos,

y una voz interior

me gritó, dulce y clara:

"Es un sueño, un espejismo,

¡no la aceptes!

Echa el velo del olvido

una vez más, y así

que llore en silencio tu alma".


¡CUÁNTO FRÍO PRESIENTO!

El otoño es mi mejor amigo,

y en su ambiente soy feliz,

con mucha paz, y sin deseos...

Mi alma vive su otoño

como un suspiro de Dios

que penetra muy profundo

aquí, en mi pecho y en mi vida,

caminando sin agobios

los dos juntos hacia el cielo.

El otoño de mi vida

es ya un dulce sueño,

profundo, tranquilo.

El estío, de exaltadas pasiones,

se alejó, dejando sólo

un inmenso vacío y silencio.

Este otoño pasará también

y caerá en el vacío

insondable de lo eterno.

Y entonces empezará a nacer,

cruel, frío y despiadado, el invierno,

el invierno de mi vida.

¡Dios mío! ¡Cuánto frío presiento!

Y cuando llegue ese día,

calienta tú, Señor, mi cuerpo,

barro gastado y deshecho.

Calienta tú mi vida, tan pobre

en vivencias y realidades,

pero rica en pasiones y deseos.

¡Siento ya los pasos del invierno

que, taimado, a mí se aproxima...!

El invierno de mi vida,

¡Dios mío!, ¡qué cerca lo tengo!


NO TE ENCUENTRO, AMISTAD

¿Qué eres, amistad?

¿Eres luz o eres fuego?,

¿eres bondad sincera

o falsedad y misterio?

¿Qué eres, amistad?

¿Eres de Dios?,

¿eres ángel bueno?,

¿o eres lobo escondido

en la piel de un cordero?

¿Dónde estás, amistad?

No te encuentro.

Tú eres perfume del alma,

eres la perla o margarita

que en el Evangelio

predicó un día en la tierra

el buen Maestro.

¡Sí, la amistad es así!

Eres luz y eres bondad,

y eres perfume de cielo,

mas en la tierra tú no naces.

¿Tu semilla se cultiva

solamente entre los buenos?

¿Dónde te escondes, amistad?

¡En la tierra no te encuentro!


NADA

Cierro los ojos y miro hacia dentro.

Mi mundo lo encuentro sumido

en un profundo silencio.

Con los ojos del alma recorro

los rincones apartados y bellos.

¡No hay nada! Huellas no han dejado

las vivencias, rosas o blancas,

hermosas o feas, que allí nacieron.

No han quedado ni cenizas.

Ni los ecos del repique de campanas

que tocaron un día, muy alegres,

ahí dentro.


¡NO ME AMENACES!

¡No me amenaces, por favor!

Basta ya de amenazas

y de quejas.

Basta ya de "que estás harto

de complicaciones

sin tener por qué,

de disgustos,

de problemas que no te atañen...".

¡Basta ya!, te digo hoy.

No quiero más palabras groseras.

Hasta ayer fuiste mi dueño,

¡algo más: mi rey!, ¡no!,

¡algo más: fuiste mi dios!

Y yo sólo tu esclava

por amor, tu sierva.

Pero hoy algo se ha roto;

mejor dicho: tú has roto

mi ilusión que en ti,

¡mi dios!, puse.

¡La esperanza en mi dios

y mi vida entera...!

Tantos años,

tantos momentos felices,

vividos y recordados

después en mi soledad,

esperando así un día y otro día.

Esperando así una eternidad

de horas muertas

que han caído en el vacío,

en el vacío del corazón,

para siempre.

Esas horas ya han pasado,

y ese tiempo ya no cuenta.

Me han dejado algo.

¿Qué? ¡Nada!

Ni huellas, ni esperanza.

No han dejado ni el valor

para el odio o la tristeza.

¡Ya no me amenaces más!

Tu última amenaza

lo ha roto todo.

El velo se ha corrido

para siempre, hecho jirones,

y así mis sentimientos,

que ya no existen.

Y el velo, al romperse,

me mostró a ti,

mi dios... tan grosero,

de barro... tan hiriente,

tan fiero en sus amenazas

con su sierva.

Y caí bajo el hielo de tus palabras

para morir olvidando

un cielo de ilusiones

que tuve antes,

¡y un infierno de soledad

que me espera!


EL INVIERNO EN MI VIDA

En mi mundo penetró

una tarde, sin quererlo;

tal vez sea..., ¡Dios mío!,

la estación del invierno.

Su frío va ocupando

los rincones de mi huerto,

y ese frío va helando

las flores que nacieron

en alegres primaveras

y otoños dorados, muy bellos.

El invierno penetró en mi mundo.

Ya no es posible

evadirlo ni alejarlo

o detenerlo.

Va avanzando paso a paso,

tan frío, tan triste,

tan oscuro y siniestro...

Me ha helado la sangre

que circula por mi cuerpo.

¿Por qué siento terror

-me pregunto-

en este invierno?

¿Por qué no quiero

que se aproxime a mi cuerpo?

¿Por qué no quiero,

y me opongo

a que acaricie su frialdad,

su aliento, mi rostro

amoratado por el miedo?

Ya es el invierno

de mi vida.

Así es..., lo presiento.

Adiós, pues, mi dulce otoño

de dorados sueños,

vividos en primavera

con estivales fuegos,

fuegos de amores

humanos y divinos,

porque soy tierra y cielo.

¡Adiós, mi dulce otoño,

cálido, amable y sereno!

El invierno penetró

impasible en mi cuerpo,

su frío va avanzando

y helando está ya mi huerto.

¡Mi rostro está amoratado

por el miedo!

¡Adiós, mi dulce otoño!

¡Qué frío más grande siento!


ÍNDICE

PRESENTACIÓN

RECUERDO A REGINA

POEMA PRELIMINAR

1.- Como las olas del mar

POR LOS CAMINOS DEL CORAZÓN

2.- Han vuelto los recuerdos

3.- Remar contra corriente

4.- Nostalgia

5.- No hay tiempo

6.- Risa silenciosa

7.- Volar muy lejos

8.- Beso tus manos, carpintero

9.- ¡Cuántos muertos!

10.- Un camino imaginario

11.- Llorando va de tristeza

12.- Amores y recuerdos

13.- Requiem por los árboles de mi pueblo

14.- Mis canciones las cantan las estrellas

15.- Canción del viento

16.- ¡Despiértalas, campanero!

17.- ¡Era tan bonito...!

18.- Quiero la tormenta

19.- Un rayo de luz

20.- Hojas doradas

NECESIDAD DE DIOS

21.- Un ramillete de flores

22.- Vagando dulcemente

23.- Fe y esperanza

24.- Señor, ¡más fe!

25.- ¡Te necesito, Señor!

26.- Borrasca

27.- ¡Quédate, Señor!

EN LA HOGUERA DEL AMOR

28.- Amor puro

29.- Escribir tu nombre

30.- Tú siempre estás

31.- Pienso en ti

32.- Lo daría todo

33.- El agua del río

34.- Tu amor

35.- No cambio nada

36.- Noche

37.- Atardecer

38.- Confesión, ¿para qué?

CENIZAS EN EL ALMA

39.- Ni un grano

40.- ¿Dónde está tu dulzura?

41.- Sueños de ayer

42.- Mis versos también se fueron

43.- Es mi cielo

44.- Por un pedazo de cielo

45.- Llora en silencio

46.- ¡Cuánto frío presiento!

47.- No te encuentro, amistad

48.- Nada

49.- ¡No me amenaces!

50.- El invierno de mi vida

 


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