RELATOS BREVES

3º ESO

 

 

EL MUNDO DE ESPERANZA



La emperatriz de Esperanza empeoraba. El mundo se acababa. Todas las personas estaban nerviosas, esperando que alguien llegara a palacio y salvara a la emperatriz. Los médicos la vieron aunque no sabían qué tenía; era algo extraño, una enfermedad de la que no tenían la más remota idea de que existía. Ella sólo pronunciaba el nombre de Víscala. Su criado más fiel ordenó a un mensajero de palacio que fuera a buscar a esa persona que tanto nombraba. Las personas de Esperanza se reunieron en la puerta de palacio para esperar noticias. A los tres días apareció una mujer mayor, de baja estatura, con el pelo canoso y ropa muy desgastada y antigua. Entró en palacio y visitó a la emperatriz informándole a ella y a todo el mundo de que ella se estaba muriendo y que cuando esto pasara, todo el mundo de Esperanza se sometería a una terrible tristeza que acabaría por destruirlos. El problema se había producido porque en el mundo de los humanos cada vez había más guerras y odio. La única solución que tres personas elegidas por la emperatriz fueran al mundo de los humanos y consiguieran tres cosas. La primera, que el animal depredador conviviera un día con su presa; la segunda, el niño más malvado le diera un beso al más indefenso y por último, que la persona más rica compartiera sus riquezas.

La emperatriz, confiando en ella, eligió al hombre más rápido, el mensajero; al más fuerte, su caballero, y a la más sabia: Víscala.

Al día siguiente se marcharon y se dirigieron hacia la estrella luminosa, que era una puerta mágica y conducía al mundo de los humanos. Pero atravesarla no era tan fácil como parecía; muchas personas no podían, pues la estrella mandaba unos fuertes rayos a aquellos que no tenían buenos sentimientos. Cuando estuvieron enfrente, Víscala les explicó la leyenda que tenía esta extraña puerta. Ellos después de oírla estaban muy nerviosos, no obstante, sabían que su deber era atravesarla y lo consiguieron.

Al entrar se hundieron en una profunda oscuridad y en unos segundos aparecieron en un extraño lugar para ellos, pues su mundo era muy diferente al nuestro. El caballero (hombre más fuerte) se encargó de encontrar al animal más peligroso, el león; el mensajero de buscar su presa; y Víscala de prepararlo todo para que funcionara. El caballero trajo al animal a donde se encontraba ella y le mostró la vida de un cervatillo desde que nacía hasta que moría, cuando él lo mataba; haciéndole comprender el daño que él le hacía a ese ser indefenso. Así, el animal fue capaz de convivir un día con su presa.

Después de conseguirlo estaban entusiasmados y llenos de energía. Se dirigieron al colegio más cercano, buscando a ese niño tan malvado. Sin esperarlo, vieron a un niño de carita blanca, pelo oscuro, sus ojos eran dos luceros y tenía el rostro bañado en lágrimas. El caballero le preguntó el porqué de su llanto. Contó que un niño les pegaba a él y a muchos otros. Y apareció, de repente, el muchacho del que habían oído hablar.

Víscala, que sabía algunos encantamientos cambió el cuerpo de los niños. Él sentía las humillaciones, insultos, la tristeza y entendió lo mal que había hecho las cosas hasta entonces y al final le dio el beso.

Un niño dijo a los demás que fueran a jugar a su casa, pero los demás dijeron que no, pues su casa estaba al lado de la del Señor Maywiver. El mensajero preguntó por qué tenían miedo a ese hombre. El pequeño contestó que era un señor ambicioso y gruñón además, muy rico. Odiaba a los niños.

El mensajero que era el más rápido pronto encontró la casa y ellos inventaron un plan para que dejara esa vida triste y aprendiera a compartir.

Por la noche Víscala se vistió de blanco con una gran manta y cuando el señor Maywiver se durmió apareció ella y le dijo que esto era un sueño real y que venía para que remediara sus males.

Los demás se vistieron con ropas sucias, haciendo una especie de teatro. Primero vio a unos niños con ropas destrozadas, con mucha hambre y que no tenían donde vivir. Esperaban al padre para que les trajera comida. Pero él no había podido conseguirla.

En ese momento al Señor Maywiver se les saltaron las lágrimas. A partir de aquel día lo que ganaba lo donaba a personas sin recursos.

Cuando cumplieron las tres misiones volvieron a su mundo: Esperanza. La emperatriz se recuperó y aquel mundo estuvo a salvo para siempre...


Verónica Torres Sánchez.

3º ESO D



EL SACROMONTE


Érase una vez, una pequeña niña nacida en El Sacromonte de Granada, un lugar precioso por sus costumbres y su gente, pues bien, ella nació el día de las fiestas de ese barrio y a los seis años, hubo un trágico accidente en el que fallecieron sus padres, y tuvo que ir a vivir con su abuelo a Jódar, un agradable pueblo en Jaén, donde reinició su vida, con nuevos amigos, nuevas costumbres…Al principio le costó adaptarse, pero a lo largo de los años en los que fue creciendo, sufrió muchos acontecimientos de los cuales pudo aprender, madurar, y llegar a ser responsable de sí misma. Pero a los pocos meses de que se cumplieran veinte años de la muerte de sus padres, ella quedó sola, a causa del fallecimiento de su abuelo.

Al poco tiempo conoció a un buen chico del que quedó enamorada y del que llegó a ser correspondida en su amor. Él, por casualidad, era de un pueblo de Granada también, y un día ella supo que a él siempre le había gustado El Sacromonte y normalmente cuando tenía ocasión, iba a ver sus paisajes. Por esa razón, se fueron a vivir a donde siempre habían deseado los dos, con sus familiares. Y este fue el lugar que ellos eligieron para que sus hijos crecieran siendo granadinos, y el lugar para casarse. Y con esto termina la historia de El Sacromonte.



Raquel Rodríguez

3º E.S.O D



EL MUÑECO DE NIEVE



  Érase una vez una familia que se fue de vacaciones a la playa. El piso que alquilaron estaba en plena sierra, y todos los días tenían que bajar de la montaña para llegar a la costa. La familia no había visto nunca el mar, y ese día el sol radiaba. Cuando llegaron a la orilla vieron una cosa alucinante, era impresionante, el mar perdido en el horizonte, una arena clara y suave, y ¡atención! un muñeco de nieve en medio de la arena. Los chicos no se lo podían creer. Como era de esperar los niños empezaron a echarle agua para intentar que se derritiera, pero pasó algo misterioso, el muñeco de nieve no se derretía. Los niños hartos de hacerle cosas al muñeco, lo dejaron y comenzaron a bañarse en el mar. Pero uno de los hermanos siguió con el muñeco de nieve. El chico tenía cuatro años y era muy pequeño, tenía mucha imaginación y por eso comenzó a preguntarle al muñeco:

    -¿Por qué estas aquí muñeco de nieve, si estamos en verano?

Y algo que no se esperaba ocurrió, el muñeco tenía vida y respondió.

    -Tú que eres pequeño has sido el único que me has hecho esa pregunta y por eso te estoy respondiendo. Llevo aquí varios días esperando a que alguien se digne preocuparse del por qué de la existencia de un muñeco de nieve en la playa, porque aunque parezca mentira a mí personalmente me parece muy extraño.

   -Llevas razón, a mí también.-respondió el niño-.

   -Estoy aquí porque en la tierra hay personas que no mantienen, ni cuidan de forma adecuada lo que la tierra les ofrece, como por ejemplo el agua. El agua se está agotando, ya casi no quedan fuentes por la contaminación y por eso me han mandado a mí a acabar con este desastre.

    -Está bien, yo te ayudaré.

El pequeño niño llamó a sus hermanos y juntos empezaron a advertir a la gente de lo sucedido, se lo a contaron a sus padres, que lo entendieron perfectamente. Y desde ese día la familia entera se dedicó a ir por todos los lugares del mundo advirtiendo de los peligros de sequía. Algunas personas pasaban del tema, pero el muñeco de nieve como castigo los privaba de agua de una forma mágica. Así esas personas se dieron cuenta de lo difícil que es vivir sin agua.

  Al cabo de muchos años los habitantes de la tierra se dignaron cuidarla como si se tratase de ellos mismos. El niño pequeño fue el fundador del bienestar en el mundo proclamado por el muñeco de nieve.

  Un día estaban los dos en la playa cuando el muñeco dijo:

   -Te doy las gracias por todo lo que has hecho por mí y por el mundo en general, he vivido los mejores años desde que te conocí y hoy ha llegado la hora de marcharme al lugar de donde vine.

   -No, no te vayas por favor aquí está tu familia y amigos.

   -Ya lo sé y siempre os llevaré conmigo.

  De pronto el muñeco comenzó a derretirse y el chico lloró, aunque con una gran felicidad en el cuerpo ya que su vida había dado fruto a la conservación de la tierra y había asegurado la vida en un futuro no muy lejano.


 

Mª de los Reyes Egea Rodríguez



¿QUIÉN LO HIZO?


Era una noche gélida y oscura de mayo, como cualquier otra, cuando Juan se disponía a entrar en su casa, después de acudir a clase de piano. Pero aunque todo aparentaba ser normal, desde luego no lo sería. Al entrar por la puerta principal, Juan observó que la puerta estaba abierta y había restos de un pastel esparcidos por el suelo, lo que le hizo pensar que nada bueno había ocurrido; y, en efecto, en el gran pasillo que recorría la casa, yacía su madre boca arriba, sin aparente signo de violencia. El chico estaba aterrado y no sabía qué hacer. No quería llamar a la policía porque tardaría en llegar y no podía esperar, él tenía que averiguar quién había cometido el crimen cuanto antes. Por lo que, sin esperar ni un segundo más, comenzó a observar la habitación.


En la primera ojeada encontró una mancha de grasa, lo que le llevó a pensar que el asesino debería de ser alguien relacionado con algún taller de mecánica. Al descubrir esta pista acudió inmediatamente a los talleres que estaban situados en el área próxima a su casa. Uno de ellos le llamó especial atención, porque en la puerta había un cartel que decía: " Cerrado por asuntos personales". Él recordaba que su madre hacía unos días tuvo un pequeño problema con el dueño de este taller, que le llevó al cierre del local. Posiblemente ese problema sería más grave de lo que Juan imaginaba.


Preguntó por las casas y locales cercanos al lugar de trabajo de este señor. La mayoría no sabía nada de él, pero una mujer mayor le dijo que lo vio comprando matarratas, cosa extraña en él, ya que todos los meses solía llamar a especialistas en desratización. Este hecho le llevó a pensar que su madre pudo haber muerto por envenenamiento. Recordó que este hombre acordó llevarle un pastel a su madre para intentar solucionar el problema. Pero al parecer, su objetivo no era ese, sino acabar con ella. Juan pensó que éste era el momento de llamar a la policía, para que investigara el cuerpo y las causas de su muerte, aunque por parte de Juan ya estaban bastante claras; los resultados científicos verificaron la teoría del chico. Éste dio todos los detalles que averiguó y la policía haciéndole caso procedió a investigar el paradero del presunto asesino.


Tras varios días de búsqueda, lo encontraron a unos cien kilómetros del lugar del crimen, según él de vacaciones; pero en mayo vacaciones resultaba un tanto extraño, por lo que lo arrestaron como presunto culpable.


Permaneció algunos días arrestado a la espera del juicio, que por fin llegó. Los jueces comenzaron a hacerle una serie de cuestiones hasta la pregunta clave: ¿Ha cometido usted el crimen? El acusado, al ver los ojos llorosos y tristes de Juan, no pudo negarlo, no podía hacer más daño a aquel chaval que con tan solo diez años había sufrido la muerte de una madre.


El chico estaba contento por una parte porque habían detenido al criminal y triste por otra porque se dio cuenta de que su madre ya no estaba a su lado y no tenía compañía. Cuando se disponía a salir del juzgado para marchar a casa, vio entre la multitud a un hombre alto y delgaducho; en efecto, era su padre que al fin tras varios años en Argentina había vuelto, cuando más lo necesitaba, aunque no en la situación que Juan hubiese deseado.



Alicia Villarrubia Pérez 3º E.S.O. D

 

ME LLAMO ANA

 

Me llamo Ana, soy una niña de quince años, que vivo en un pueblo sencillo y de pocos habitantes.

Mi historia comienza el día en que nos mudamos a dicho pueblo. Mi casa está cerca de un cementerio abandonado. La verdad es que da bastante miedo, desde mi habitación lo único que se ve son flores secas y tumbas derrumbadas.

Me costó mucho acostumbrarme a ello, pero no me quedaba más remedio, ya que íbamos a estar allí para siempre.

Mis padres al principio no se fiaban mucho de dejarme sola ya que nuestro traslado se debe a mi comportamiento.

En mi antiguo colegio, yo era como "La niña mala".Sólo causaba problemas a los que me rodeaban.

Por fin, mis padres me dejaron sola, eso sí, antes de eso me dijeron lo de siempre, pórtate bien, no salgas sola..,

Sé que quieren lo mejor para mí, pero algunas veces pueden llevar a ser bastantes agobiantes.

Cuando por fin, salieron por la puerta, yo me tiré al sofá y puse una película de terror llamada "La habitación".Cuando acabo yo me quede dormida, por poco tiempo, porque el teléfono interrumpió mi sueño. Di un salto del susto y me dirigí a él para cogerlo, pero al otro lado sólo se escuchaba un ruido extraño.

Pregunté varias veces quién era, pero no conseguía entender lo que decía, así que decidí colgar.

Me subí a mi habitación intentando olvidar lo sucedido, pero un ruido llamó mi atención. Procedía de la buhardilla donde yo todavía no había subido nunca. No me atreví a subir, porque, después de lo del teléfono y lo de vivir al lado del cementerio, estaba aterrorizaba, el ruido seguía y yo estaba nerviosa.

El teléfono volvió a sonar pero no tuve valor para cogerlo. Pasaron veinte minutos y el ruido cesó.

Cuando estuve más calmada, cogí el bate de béisbol, y subí a la buhardilla.

Sólo se veía por una ventana rota, por la que entraba la luz de la luna.

Otra vez el ruido comenzó .De los nerviosa que estaba se me cayó el bate de las manos y algo se lanzó sobre mí.

Yo chillaba y chillaba y escuché como se abría la puerta de la entrada. Alguien dio la luz de la buhardilla, y vi que lo que había sobre mí era un gato que estaba más asustado que yo.

Mis padres vinieron a abrazarme y a calmarme. Me dijeron que habían estado llamando, pero que la línea se cortaba.

Al final, todo quedó en una noche de terror en la buhardilla.

 

Nayara Rubio Gómez 3ª E.S.O-D

 

 

UN FINAL FELIZ

 

Ana vivía en un pequeño pueblo llamado Campoverde. Era una niña de unos doce años con el pelo corto moreno, ojos azules, además de ser simpática y muy alegre.

Ella iba a la escuela y tenía una compañera, María, que era su mejor amiga. María, de doce años también, tenía el pelo largo moreno, ojos marrones, de carácter serio pero muy simpática con todo el mundo. Ellas siempre jugaban y hacían los deberes juntas.

Un día Ana y María decidieron merendar en el campo. Cuando llegaron allí vieron a un niño que cuidaba las ovejas de su padre y le preguntaron que cómo se llamaba y les dijo que se llamaba Juan. Se hicieron amigos y mientras que sus ovejas comían estuvieron jugando. Al atardecer le dijeron que se tenían que ir pero que al día siguiente volverían para jugar con él, se despidieron y se fueron.

Cuando iban por la carretera se paró un coche y el hombre que conducía les dijo que si se querían montar, que él las llevaría a su pueblo, ellas sin pensarlo dos veces se montaron con el hombre desconocido. Juan las vio montarse en un coche negro y pensó que sería un conocido.

Las niñas veían que tardaban mucho en llegar al pueblo y Ana le dijo que ya debían de haber llegado. El hombre les dijo que primero iba a llevarlas a un sitio muy bonito y las niñas convencidas iban tan contentas.

Al llegar a una cabaña de madera pararon y el hombre les dijo que entraran, ellas así lo hicieron y el hombre cerró la puerta, les dijo que se llamaba Pedro y que no se preocuparan que sólo quería que sus padres les dieran una recompensa y que si no hacían nada él no les haría daño. Ana y María se quedaron muy asustadas sin saber lo que les iba a pasar.

Mientras tanto, Juan regresaba a su pueblo situado al lado de Campoverde. Al pasar por dicho pueblo vio a una mujer que estaba muy preocupada, esta mujer era la madre de María y le preguntó al niño que si había visto a dos niñas paseando por el campo. Este le dijo que sí, Carmen se puso muy contenta y le preguntó que dónde estaban, Juan le contestó que cuando venían de regreso a casa se habían montado en un coche negro ella se puso a llorar desconsoladamente y él le dijo que le ayudaría a buscarlas. Carmen quedó en que al día siguiente saldrían a buscarlas ya que tenía que esperar a que volviera su marido que había salido de viaje.

En la cabaña Pedro les dio de cenar unas patatas y carne a medio hacer. Les recordó que si se portaban bien no les pasaría nada pero de lo contrario las mataría y las niñas muy asustadas se callaron rápidamente.

A las diez les dijo que se acostaran en la habitación, y que él al día siguiente tenía que hacer un recado y volvería tarde. También les dijo que le dejaba comida en la habitación. A la mañana siguiente Ana y María probaron a abrir la puerta pero ésta estaba muy bien cerrada.

Mientras tanto en Campoverde Carmen, Juan y los padres de Ana, Luisa y José, salieron a ver si veían a las niñas.

Juan había visto más o menos por dónde había pasado el coche y además el camino era de arena y se podían distinguir muy bien las huellas y siguiéndolas llegaron a una cabaña ya que era allí donde se paraban las huellas del coche. Carmen dio una voz y éstas contestaron. José, el padre de Ana, golpeó la puerta varias veces con un hacha y de esta manera consiguieron entrar. Llamaron a las niñas y les dijeron que estaban encerradas en una habitación que no se podía abrir. Juan les dijo que se apartaran de la puerta que iba a romperla. Cuando la rompió las niñas salieron muy contentas y abrazaron a sus padres.

María y Ana les contaron lo mal que lo habían pasado y que el hombre que las secuestró había salido de viaje y que volvería esa noche. Cuando las niñas ya estaban a salvo bajaron al pueblo y avisaron a la policía para que fueran al lugar de los hechos y lo detuvieran.

La policía fue al lugar del secuestro y esperaron a que regresara el secuestrador. Cuando regresó lo llevaron a la comisaría y lo metieron en la cárcel. Las niñas les dijeron a sus padres que nunca volverían a montarse con desconocidos.

En la escuela, todos preguntaban qué les había pasado, las niñas contaron lo que había sucedido y las consideraron como unas heroínas por lo valientes que habían sido.

Ana y María les dijeron a sus compañeros que no les recordaran más lo que había pasado porque querían olvidarlo. Y todo quedó como un gran susto con un final feliz.

 

Álvaro Molina Blázquez

3º E.S.O C

(2005-2006)

 

 

EN REALIDAD NO SE SABE

 

El frío y seco cuerpo del guardia fue encontrado frente a las puertas del gran almacén que había guardado durante toda su vida.

Su compañero de trabajo, al encontrar el cuerpo, llamó a la policía, que aquella misma noche se desplegó para investigar la muerte de Don Pedro.

Mientras la policía encontraba alguna prueba o indicio que diera paso a buscar al asesino, el detective interrogaba al único compañero de trabajo de Pedro, para que le contara la vida del fallecido:

-Señor detective, mi compañero era honesto y muy trabajador. Él llevaba 45 años al servicio de este almacén, se jubilaba el año próximo, pero su repentina muerte ha adelantado esa jubilación. Además, creo que nadie tenía motivos para matarlo.

-Sí, tal vez el que lo mató fue un simple ladrón – dijo el detective -, pero aún queda una larga investigación.

Tras el interrogatorio, el detective salió fuera y empezó a observar el cuerpo del fallecido y lo que había alrededor de éste. Por un momento, detuvo su mirada en la mano derecha de la víctima y vio que entre sus finos dedos había unos mechones de pelo largo, que seguramente el fallecido había arrancado a su agresor.

El detective cogió los mechones de pelo con unos guantes y los mandó a analizar.

Una vez obtenidos los resultados, compararon el ADN con el de los familiares y conocidos del muerto.

Sus familiares más allegados y vecinos, destrozados por la noticia, dieron negativo en las pruebas de ADN.

Pero, una anciana vecina del bloque, habló al detective de una señora que vivía en el edificio pero que, supuestamente, ahora estaba de viaje. También dijo, que desde hacía años perseguía a Don Pedro, con el fin de tener una relación de algo más que amistad con él.

El detective, atónito por lo que le había contado la anciana, mandó a buscar a la señora de la que le habían hablado.

Cuando ésta llegó al aeropuerto, algunos policías la llevaron

a comisaría para que hablara con el detective.

Cuando este entró en la sala de los interrogatorios, vio a una señora mayor, arrugada, pálida, con aspecto de ser débil y el pelo muy claro.

Él detective se quedo sorprendido al verla y con voz ronca dijo:

-Señora, seré directo, ¿usted mató a Don Pedro?

Ella pálida y temblorosa respondió:

-¿Que le hace pensar que yo lo maté?

-Está bien, entonces dígame, ¿cómo aparecieron sus mechones de pelo entre los dedos del fallecido?

-Veo que no tengo más remedio que confesar, ya que las pruebas me delatan. Yo hablé con el compañero de trabajo de Pedro, y él gustosamente se ofreció a matarlo, ya que estaba cansado de que todos los méritos fueran para Pedro y yo de que no quisiera tener una relación conmigo, así que lo matamos e inmediatamente después yo me fui de viaje para que nadie sospechara de mí.

-Muy bien nos ha facilitado mucho el trabajo de captura de los asesinos y me alegro de que no le dé cargo de conciencia haber matado a una persona a la que además según usted quería.

El detective ordenó que se llevaran a esa señora.

Una vez solo pensó, nadie sabe como será su final pero por mi mente ronda una pregunta desde hace tiempo ¿Cómo será mi muerte?, en realidad no se sabe.

 

 

Mª Cristina Valero Martínez 3ºD

 

 

AMIGAS PARA SIEMPRE

 

Alicia y Raquel eran dos chicas, ambas de 15 años, íntimas amigas desde muy pequeñas. Vivían en el mismo barrio, estudiaban en el mismo instituto, iban a la misma clase... en fin, eran inseparables. Sin embargo, tenían caracteres muy diferentes. Alicia era alegre y extrovertida, mientras que Raquel era muy tímida y callada.
Un día, Raquel le propuso a Alicia:
- ¿Por qué no hacemos un juramento de sangre?
- ¿Qué?
- Mira, por si algún día perdemos el contacto, juramos que la que muera antes de nosotras dos, irá a avisar a la otra.
- Qué tontería, Raquel, pero si tu lo deseas…
Alicia al final aceptó la propuesta. Ambas se practicaron un corte con una navaja en la mano derecha, y sellaron el pacto con unas velas. Pasaron los años. Alicia había terminado sus estudios de derecho, tenía un buen trabajo, una casa preciosa y un marido y un hijo maravillosos. Hacía mucho que no veía a Raquel, aunque a veces se acordaba de ella cuando se veía la cicatriz en su mano. Al final, la vida les había llevado por caminos distintos y no habían vuelto a verse desde que acabaron el instituto.
Una noche, Alicia tuvo una horrible pesadilla: iba conduciendo, cuando de repente un camión invadía su carril y chocaba con su coche.
Se despertó empapada en sudor, y justo en ese momento, oyó llamar al timbre de la casa. Eran las 3 de la madrugada. Miró a su marido, que dormía profundamente a su lado, en ese momento, el timbre volvió a sonar con insistencia.
Ya cansada del insistente ruido y preguntándose quién podría ser a esas horas, Alicia se levantó y fue a abrir la puerta.
Cuando abrió la puerta y vio a la mujer que estaba en el porche, abrió la boca, totalmente sorprendida. Aunque había cambiado bastante, la reconoció enseguida.
Allí, terriblemente pálida, ojerosa y con una enorme herida sangrante en la cabeza, estaba su antigua amiga Raquel.
- ¡Por Dios, Raquel! ¿Qué te ha ocurrido? Entra, te curaré esa herida.
- ¡Cuánto tiempo sin vernos!- Raquel no se movió de donde estaba.
- He venido a cumplir mi promesa, Alicia. He muerto y vengo a decírtelo-Alicia se quedó sin habla. - Ya que la vida nos ha separado, estaremos juntas en la muerte. Te estaré esperando...- dijo Raquel levantando la mano, y de repente desapareció.
Alicia empezó a notar un dolor intenso en su mano, al mirársela descubrió que la tenía empapado en sangre, como si se le hubiera vuelto a abrir el corte que se hiciera años atrás... Lanzó un grito estremecedor y cayó desvanecida al suelo.
Al día siguiente, despertó en su cama y pensó que todo había sido un mal sueño. Encendió el televisor para desayunar, y lo que vio la dejó helada: la noche anterior, a las 3 de la madrugada, había habido un accidente de tráfico: un camión había chocado con un coche, y la conductora del mismo había fallecido en el acto.
A partir de aquél día, su vida se convirtió en un auténtico infierno. No comía, se olvidaba de recoger a su hijo en el colegio, no rendía en el trabajo... Y todas las noches tenía el mismo sueño, en el cual oía llamar a la puerta, y al abrir veía a Raquel levantando la mano y diciendo "te estaré esperando", tras lo cual siempre se despertaba con un dolor insoportable en su mano.
Su marido no entendía lo que le estaba pasando, los médicos no encontraban ninguna explicación, y finalmente internaron a Alicia en un psiquiátrico.
Allí no hizo sino empeorar, ahora en sus pesadillas veía a Raquel junto a su cama.
Una noche, guardia del psiquiátrico oyó un espantoso ruido de cristales rotos que provenía de la habitación de Alicia.
Al entrar en la habitación vio que la ventana estaba rota, se asomó y vio a Alicia tirada sobre la acera en medio de un charco de sangre. Tenía una gran herida en la cabeza y a su lado, en el suelo, alguien había escrito con su sangre: "AMIGAS PARA SIEMPRE".

 

Álvaro Masegosa Casanova 3º-C

 

 

LA BAILADORA

 

Marga y yo teníamos tan sólo 3 años, cuando empezó a bailar y a cantar. Los dos éramos de familias muy pobres vivíamos en la posguerra de la segunda guerra mundial en Granada.

Lo recuerdo muy bien. Aquella tarde, Marga le pidió a su madre un vestido de flamenca, pero naturalmente ésta no tenía dinero para comprárselo. La niña y yo salimos a la plaza del pueblo, enfrente de la fuente, la niña dio una palmada en el aire y miró hacia arriba, empezó a cantar y a bailar. La gente se quedó mirando y tirándole monedas.

Aquella noche ya tenía dinero para comprase el traje, pero ella decidió, dárselo a su madre para que aquella noche tuvieran algo que llevarse a la boca.

A la mañana siguiente, la gente del pueblo pedía a gritos que la niña fuese artista, que vendría bien para la publicidad del pueblo. Al enterarse de esto, mi abuelo nos cogió a ella y a mí y nos llevó a Sevilla, donde cambiamos nuestros nombres y nuestra identidad. Vivimos mucho tiempo en la casa de unos gitanos donde Marga pudo extender su aprendizaje sobre baile.

Ella y yo fuimos a una actuación de flamenco, pero la escena se suspendió debido a que no había venido la actriz principal. Los gitanos subieron a Marga al escenario, donde Marga bailó, el público se quedó entusiasmado. A partir de ese momento ella estuvo bailando en todos los tablados del mundo entero. Poco tiempo después ella y yo nos casamos.

Decidimos regresar al pueblo donde nacimos. Ella organizó un concierto sorpresa, con el nombre de "la bailadora oculta."

Al empezar el baile todos se quedaron perplejos, la conocían muy bien, era aquella niña que un día desapareció y que nadie supo más de ella después de su primer baile. Al acabar el concierto, ella dijo:

Nadie se imaginaba lo que yo iba a conseguir, dinero, fama... pero nada como subirse a un escenario, sin nada a cambio, simplemente porque me apetece, gracias público y hasta siempre.

Con esas palabras ella nos dejó, fueron las últimas palabras, de aquella niña que desapareció y volvió cuando creyó que sería su último baile con el nombre de "la bailadora oculta."

Nunca te olvidaremos, Marga.

 

Rosa Sánchez Villanueva. 3º ESO D

 

 

UN SUEÑO PARADISÍACO

 

Cath era una chica divertida, algo risueña, y eso sí, muy esperanzada por vivir la aventura de su vida. Era una chica rubia, con los ojos marrones, delgada... Una estadounidense muy madura para su edad. Apenas tenía 15 años cuando la conocí y no hubo un solo momento en el que no estuviera feliz. Jamás pensó que podría viajar muy lejos, recorrer el mundo, hasta que sus padres se divorciaron. Quedó, totalmente destrozada, el brillo de sus ojos se apagó. Tras un tiempo, vagamente esperanzador por la reconciliación de sus padres, su madre consiguió su custodia, pero le dijeron que debía pasar unos meses en Hawai, con su padre. Para ella, todo ese proceso fue muy doloroso, abandonar a su madre, a sus amigos, a su familia... todo le cambió de un día para otro.

Cuando llegó le pareció espantoso, a pesar de los hermosos paisajes, el mar azul, sus bonitas playas...

Ella se agobiaba por todo. Pasaron dos semanas y no conseguía tener amigos, apenas hablaba con su padre, y con nadie más.

Ahí fue cuando la conocí yo. En un hermoso atardecer, en las rocas junto al mar. Yo solamente vi a una chica preciosa, pero muy triste, llorando y mirando aquel hermoso atardecer.

Me acerqué sigilosamente hacia ella y le coloqué una bonita flor en su oreja, junto a su pelo. Se asustó, pero te juro que esa no fue mi intención, me presenté. No sé si se asustó por mi físico, o por mi raza. Aunque parezca increíble muchas personas juzgan por la raza.

-Yo me llamo Hasin, y tengo 14 años. Hace poco llegué a este lugar. Apenas conozco a nadie –le dije- pero no puedo ignorar, que una chica como tú, americana, llore y esté triste cuando nadie la puede discriminar por su raza o color.

Ella me contestó:

-Las personas no solo lloran por eso. Existen los sentimientos, ¿sabes?

Y yo le dije:

-Hay algo más importante que eso. Si las personas no te dejan vivir, no te dan trabajo, no tienes dinero ni para subsistir, y solamente lo hacen por rencor o racismo... Yo vengo de África, no conozco a nadie, o mejor dicho, no tengo a nadie, y a la primera persona con la que puedo tener alguna conversación...

-Lo siento, no he querido ser antipática, -me dijo-, me llamo Cath.

-Encantado. Y ahora... ¿Por qué llorabas?

Ella me contó su historia, se desahogó conmigo. Creo que cuando me miraba, se le pasaba por la cabeza que quizás, lo suyo no era un gran problema, comparado con lo mío, y yo le dije que esperara a escuchar mi historia.

-Hace apenas unas semanas, yo vivía en Libia, un país de África, con mis padres, hermanos, tíos, primos y abuelos, en un pueblo en medio de un pequeño oasis en el desierto. Un día, el cielo se puso de color fuego y Alá nos abandonó. Empezaron a llegar camiones militares y arrasaron con todo.

No sé por qué lo hicieron. Mataron a mi familia, y estuvieron apunto de matarme a mí. Yo le rezaba a Alá, pero no sé cómo, Alá ni se fijó en mí. Me ataron y amordazaron, me subieron a un barco y allí, estuve limpiando y trabajando para aquellas personas, tan despreciables...

Sólo hablaban de dinero y mujeres. Escuché el nombre de Yashín, así se llamaba mi hermana. No sé cómo, pero mantuve la esperanza de encontrarla y seguí a aquellos hombres que se reunieron en un sótano. Me escondí detrás de unos paneles y pude ver durante unos minutos, gracias a un rayo de sol que iluminó la estancia, cómo violaban y mataban a mi hermanita pequeña. Fue espantoso, tan sólo tenía ocho años y no pude contenerme, fui corriendo hacia ellos, me pegaron y ataron. Al despertar, me dieron un cazo de agua para poder vivir. Al llegar a ésta isla, me abandonaron a mi suerte y aquí estoy. En un sitio perdido que parece ser bonito para los ojos de los demás; pero a mí me parece un lugar espantoso donde viven las personas que mataron a mi familia y violaron a mi hermanita menor. Y ahora yo te pregunto, ¿y tú, lloras?

Ella me miró, parecía asustada, y me dijo:

-Jamás pensé que eso le pudiera ocurrir a nadie. Pero debes pensar, que Dios, bueno, tu dios Alá, en cierto modo te ayudó porque sigues vivo. Y tienes la vida, que es lo más importante. Tu familia estaría orgullosa de ti, debes seguir adelante y luchar por ellos y por ti. El rencor es algo odioso. Debes pensar que no solamente existen personas americanas como esas, también hay personas amables y buenas que ven tu historia como una pesadilla. En mí tienes a una amiga.

Durante algunos minutos nos conocimos como si hubiésemos estado juntos toda la vida, desvelamos nuestros corazones y nuestros sentimientos. Y volvimos al día siguiente.

Pasaron los días, y poco a poco fui dándome cuenta de que la vida tenía sentido si estaba junto a ella. Me enseñó cosas maravillosas, a hacer surf, a leer, a escribir, a vivir en aquella sociedad y lo más importante, a comprender a las demás personas cristianas. Yo estaba perdidamente enamorado de ella. Un día me dijo que se marcharía, que volvería con su madre, y que posiblemente jamás me volvería a ver. Le dije que la quería, y la besé. Fue un momento inolvidable para los dos. Pero se fue.

Han pasado cuarenta años, y aún recuerdo su perfume, y la seguiré esperando. Gracias a ella, pude olvidar el dolor y el rencor hacia aquella sociedad y pude sentir esa tierra como mi tierra y mi lugar, pude contemplar el verdadero paraíso que es. Antes de marcharse me prometió que aún le quedaban muchas cosas por enseñarme, y por eso la espero en aquel lugar donde la conocí, esperando a que llegue por el horizonte, atravesando el mar, y miremos juntos nuestro último atardecer en aquella isla paradisíaca.

 

Alicia Valera Martínez 3º ESO D

 

 

EL GUERRERO Y EL POETA

 

-Había una vez un conde llamado don Rodríguez que llegó a ser uno de los guerreros más famosos y desdichados de toda Lutania. Su historia comienza así.

-Don Rodríguez formó un gran ejército (pues tenía mucha fama por ser hijo de un gran rey). Luchó por la libertad de su provincia, fueron unas luchas terribles y sangrientas, después de unos años Don Rodríguez conquistó toda Lutania pero fue humilde y no gobernó como su padre sino que se proclamó conde de su provincia y no derramó sangre real de la corte de Lutania.

Don Rodríguez era feliz en su castillo y con sus gentes pero se vio solo y una noche de verano conoció a doña Leonor que era una noble de su provincia -la más bella pensaba él.- Así que le propuso matrimonio. Doña Leonor le respondió que no argumentando que ella odiaba la guerra y las conquistas y no podría estar casada con la batalla y el sufrimiento.

Don Rodríguez quedó estupefacto con sus argumentos, intentó decirle que él sólo luchaba por la libertad y no por el afán pero doña Leonor no lo creyó y lo dejó plantado. El conde quedó destrozado por sus argumentos, pero se llenó de moral y planteó su conquista más preciada.

-Dentro de una semana habría un baile y allí sería el campo de batalla. Conpuso un poema para doña Leonor para que no creyera que se casaba con la guerra sino con un hermano poeta. Aquella noche el conde soñó una cosa extraña, estaba herido y sangraba, delante de él había un monasterio, una pequeña iglesia rural. Entró para resguardarse, dentro una monja con la cara cubierta por un velo lo cura, el conde la besa pero un guerrero joven y rubio lo bate en un duelo al que el conde ...AHH!!! -Despertó el conde sobresaltado pensó en el sueño que había tenido y no lo entendía pero pronto se olvidó eso y se centró en el tema del baile. Pasaron los días y la noche del baile llegó, y el conde cuando vio a doña Leonor le dijo:

-Tú que crees casarte con la batalla

no pienses que es mala pues la batalla

arma el corazón a fuerza de espada

no pienses que te casas con la guerra

sino con un hermano poeta.

Esto conmovió a doña Leonor que aceptó casarse con el conde. Éstos fueron muy felices hasta que el reino de Lutania fue fuerte y atacó al conde en una batalla sangrienta que dejó muchos muertos. El conde salió con sus tropas a luchar y dejó a su mujer en el castillo. El conde perdió la batalla, él sobrevivió y huyó de su tierra con el corazón dolorido pues a su mujer la habrían matado y su reino ha perdido su batalla. Al conde se le endureció el corazón, ya sólo quería venganza por la muerte de doña Leonor. Se refugió en una aldea lejos de su provincia y empezó a acumular apoyos para luchar contra el reino de Lutania, consiguió bastantes apoyos pero no tenía armas ni armaduras para luchar pues su ejército no estaba formado por soldados sino gente del pueblo descontenta y maltratada.

El conde preparó la gran batalla; fabricaron catapultas, escaleras y fueron a la guerra él y su pueblo, asediaron el castillo y empezaron a tirar piedras con las catapultas, derrotaron al ejército del rey de Lutania pero los muy cobardes huyeron hacia el bosque, el conde y sus hombres los persiguieron y se enzarzaron en una lucha pero el conde recibió un flechazo en el hombro. Sus hombres terminaron el trabajo pero él se desorientó debido a la pérdida de sangre. Veía borroso, en su última esperanza entró en una pequeña iglesia malherido, allí una monja lo curó porque se había desmayado. Cuando volvió en sí vio a doña Leonor y se dijo para sí -ya he muerto y estoy en el cielo con mi amada- pero no había muerto doña Leonor estaba viva, pero, ¿cómo? Doña Leonor le explicó que escapó cuando atacaron el castillo y llegó a esta iglesia malherida aquí la curaron y se hizo monja, pero creyendo que don Rodríguez había muerto se volvió a casar con un joven rubio y alto, no por amor sino para olvidar. A don Rodríguez se le rompió el corazón y en ese mismo instante llegó el chico rubio que le dijo al conde que se batieran en duelo y quien ganara se llevaría a doña Leonor. El conde no aceptó y dijo que en un baile prometió que no era un guerrero sino un hermano poeta y don Rodríguez se suicidó clavándose su espada por el disgusto que le dio. Doña Leonor no lo comprendió pues ella solo quería a don Rodríguez así que como ella era monja y no podía faltar a Dios le dijo al chico rubio que si la había querido alguna vez que le clavara su espada. El chico rubio aceptó y la mató pues él la quería. Al final el chico rubio quiso honrar a don Rodríguez y se convirtió en el rey de Lutania y defendió la paz y la justicia como don Rodríguez hubiera hecho en su lugar.

 

Enrique López Mansilla.

3º C

 


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