Fragmentos de historia oscense

 

LAS SANTAS ALODÍA Y NUNILÓN

EN LA LITERATURA Y EN LA MÚSICA OSCENSES (1)

Gonzalo Pulido Castillo

No se había secado aún la sangre de las bienaventuradas mártires Alodía y Nunilón sobre el suelo de su patria y ya la fama de su valentía volaba de boca en boca y de comarca en comarca. El mismo año de su muerte, que tuvo lugar el 22 de octubre del año 851, san Eulogio de Córdoba escribió el emocionado relato de la vida y del sacrificio de aquellas vírgenes de Cristo, víctimas de la intolerancia: "in urbe Osca apud oppidum Barbitanum duas sorores virgines fuisse (quarum una Nunilo, altera vocabatur Alodia) patre quidem gentili, matre vero christiana progenitas", y continúa "fueron... llevadas a la plaza y expuestas a la vista de todos, donde confesando a Cristo... cayeron al golpe de la espada".

Testimonio contemporáneo, el Pasionario de Cardeña recoge una narración más detallada de la vida y la muerte de nuestras Santas. Un siglo después, el códice de Silos, hoy en el Museo Británico, incluye el himno para las Santas Nunilo y Alodia, en el que con el ingenuo, y a menudo torpe, latín poético del medievo, se hace una exaltación de nuestras heroínas. Leamos algunas de sus estrofas, en traducción de don Rafael León:

Hasta que, por fortuna, alumbró el día

último de la prueba,

y sacadas las dos y hasta la plaza

llevadas al momento,

se exhortan una a otra a merecer

la palma del martirio.


El airado verdugo muestra entonces

la espada reluciente;

ciñendo sus cabellos, la primera,

la bienaventurada

Nunilo, acometida, cae por tierra

al recibir el golpe.

Su virginal hermana Alodia, viendo

todo ello, en seguida

recibe con el cuello doblegado

el acero inminente

y, alcanzando el laurel de esta manera,

son llevadas al cielo.

Desde tiempo inmemorial, Huéscar, sintiendo por sus Santas Patronas una devoción apasionada y constante, elevó en su honor plegarias y cánticos, no sólo en los días señalados litúrgicamente, sino también en aquellas fechas en que la piedad popular las celebra como sus protectoras.

El calendario festivo oscense tiene como una de su piedras miliares las distintas jornadas dedicadas a las Santas y que sucintamente reseñamos:

Lunes de Pascua de Resurrección:

Bajada de las imágenes de las Santas desde su ermita al pie de la Sagra hasta la iglesia de Santa María.

25 de abril: Letanías Mayores:

Las Santas son llevadas a la ermita de la Soledad, antaño a las afueras de la ciudad, para pedir al cielo la bendición de los campos y la protección de las cosechas.

Lunes, martes y miércoles anteriores al día de la Ascensión: Rogativas:

Son llevadas cada día a una iglesia para impetrar la bondad de los tiempos y la fecundidad de la tierra.

Viernes después de la Ascensión:

Comienza la novena, que prosigue hasta la víspera del domingo de Pentecostés.

Domingo de Pentecostés: Domingo de las Santas:

Misa solemne y procesión.

Lunes de Pentecostés:

Las Santas regresan a su ermita. Romería.

22 de octubre:

Día de las Santas.

Para engrandecer todas estas celebraciones, tan enraizadas en la vida oscense, se escribieron numerosas composiciones poéticas y musicales, la mayor parte perdidas hoy, supervivientes sólo algunas del siglo pasado y del presente. Haremos un recorrido por orden cronológico de estas composiciones, algunas de las cuales son desconocidas para la mayor parte de los oscenses.

Las primeras coplas a las Santas que se conservan en los archivos musicales de Huéscar son unas formadas por siete estrofas de ocho versos cada una. La composición, anónima, posiblemente del siglo XVIII, puede ser obra de alguno de los maestros de capilla de Santa María. Parece compuesta con motivo de alguna sequía o epidemia, por sus expresiones de súplica humilde para que las Santas intercedan ante Dios:

Vuestro pueblo, consternado

con los azotes del cielo,

ya no tiene otro consuelo

que llamaros a su amparo...

... Alodía y Nunilona

podrán del Supremo Ser

su justicia contener

como esposas favoritas...

...dejan las Santas su corte,

porque son nuestro resorte

para aliviar nuestras cuitas...

Dos características de estas "Coplas a las Santas" son la insistente comparación de Alodía y Nunilón con heroínas del Antiguo Testamento: Ester, Judit, Jael, Abigail; y el apelativo de "huesqueños", y no "oscenses" ni "huesquerinos", en la estrofa final:

Huesqueños agradecidos

a los favores del cielo,

imitad este modelo

de virtud, no deis oídos

al vicio, y muy compungidos

decid a voces contritas:

pues manejáis el tesoro

de las gracias infinitas.

La composición que empieza "Para implorar la clemencia", sin título ni nombre de autor, y de la que sólo se conserva la partitura para la voz de tenor, es una canción breve, no carente de encanto, de estilo culto, rima consonante y aire de rogativa. Por su brevedad la transcribimos íntegra:

Para implorar la clemencia

de nuestro Dios irritado,

¿qué medio más acertado

que acudir a la influencia

de los santos? La experiencia

sin cesar nos lo pregona.

¿Y qué más dicha o corona

que tener allá en el cielo,

nacidas en nuestro suelo,

a Alodía y Nunilona?


Nuestra fe se aviva

con tal reflexión.

No nos queda duda

de su protección.

Ellas nos han dado

con repetición

pruebas las más claras

de su grande amor.



Así, pues, pidamos

llenos de fervor

lluvias saludables

por su intercesión.

El ingenuo perfume dieciochesco de esta canción proviene, sin duda, de la fusión de sentimientos populares de petición de favores al cielo y el refinado esquema métrico que se observa en la espinela inicial. Como la anterior composición, pudo ser obra de algún maestro de capilla de la colegiata de Santa María.

Y para terminar con las obras anónimas, citemos ahora las tituladas "Coplas de las Santas", de profundo carácter popular y tradicional que, con algunas variantes, han pervivido hasta nuestros días.

El número de estrofas (en coplas, 8- 8a 8- 8a) varía según las copias, pero ronda la treintena. Las coplas narran la vida y martirio de nuestras Santas en versión popular, rememorando detalles como la prisión "en mazmorra oscura", los potros a los que ataron sus cuerpos tras la muerte, milagros en su tumba ("una luz y cánticos celestiales"; "Dios / dos águilas imperiales / las puso para guardar / estos cuerpos inmortales"; la oliva santa "que derramaba su aceite para el culto de las Santas"), etc.

Abundan las precisiones geográficas: "Terreno del Castellón, / en una aldea que allí había"; "descalzas fueron las niñas / al campo de Caravaca"; "Alodía y Nunilona / a la fuente santa fueron"; "camino de la Victoria, / a la Piedra del Letrero, / donde fueron a parar / aquellos dos potros fieros"; "vírgenes palomas, / que en Huéscar murieron".

Una de estas coplas sigue siendo muy popular aún hoy y se canta de modo espontáneo en cada momento de las fiestas:

En el cielo hay dos luceros

que relumbran más que el sol,

que son las Santas Patronas

Alodía y Nunilón.

Y llegamos al personaje clave en el desarrollo moderno de la devoción a las Santas: Juan María Guerrero de la Plaza (1829-1912), poeta, compositor, maestro de capilla, organista de Santa María y secretario del Ayuntamiento oscense.

Juan María Guerrero tomó la secular tradición poética y musical sobre Alodía y Nunilón y le dio una categoría artística desconocida hasta entonces. La importancia de la obra de Guerrero hizo que cayeran en el olvido otras manifestaciones anteriores a las que relegó en el favor popular.

Pieza fundamental es el poema "A nuestras Santas Patronas", que recoge una gran parte del legado poético de Guerrero en el tema que nos ocupa. Aunque cada una de sus partes pudo ser escrita en diferente época, el poema tiene una cierta unidad de inspiración. Fue publicado en 1906 (aunque algunos versos habían sido escritos cincuenta años antes) en un folleto que contenía además la novena a las Santas, y, posteriormente, en 1913, dentro del volumen titulado "Hojas dispersas", en el que Bruno Portillo recogió la obra poética de Guerrero, en homenaje póstumo al célebre poeta y músico.

El poema consta de cuatro partes bien diferenciadas estrófica y temáticamente. La primera parte, en octavas reales (11A, 11B, 11A, 11B, 11A, 11B, 11C, 11C), comienza con una invocación a la Musa:

¡Musa cristiana! ¡Tú que has inspirado

a los poetas místicos cantares!

¡Tú que a remotos climas has llevado

la fe por medio de revueltos mares!...

Continúa con una lírica y emocionada felicitación a Huéscar por su grandeza, que cifra en haber sido cuna de las Santas:

¡Oh tú, Huéscar dichosa, porque fuiste

cuna de Nunilón y de Alodía!

¡Tú que al verdugo sus cabezas viste

del cuerpo separar con saña impía!

¡Y tú otra vez feliz, porque tuviste

en ellas protección, en ellas guía!

...

No es el haber vencido al bravo moro

que hollaba nuestro suelo con su planta;

ni guardar en tu pecho cual tesoro

la luz de tus creencias y fe santa;

ni noble y pura ser, como es el oro,

lo que sobre otros pueblos te levanta:

el más bello florón de tu corona

patria es ser de Alodía y Nunilona.

...

¿Quién como tú feliz, que guardas pura

en tu seno la fe de tus mayores?...

...tienes contra el golpe rudo

de la desgracia en ellas un escudo.

Y finaliza esta primera parte con la descripción breve del paraje de la ermita, donde suena la campana ("esquilón sagrado") y se ven las ofrendas (aceite: "líquido sabroso / del fruto de aquel árbol que Minerva / al golpe de su lanza poderosa /hizo nacer"; "blanquísima cera, don precioso / de laboriosa abeja", etc), terminando con la invocación a las Santas:

¡Oh vírgenes piadosas! ¡Vuestra vista

no apartéis de nosotros ni un instante!...

... ¡Oh, sed vosotras en la triste vía

del mundo nuestro apoyo y nuestra guía!

La segunda parte, en octavillas italianas heptasílabas (7- 7a 7a 7b' 7- 7c 7c 7b', excepto la última) es una evocación lírica de la bajada de las Santas el lunes de Pascua:

Ya luce en el oriente

la luz blanca de aurora,

diamantes atesora

el cáliz de la flor.

La luna en occidente

se oculta avergonzada

y canta su tonada

el tierno ruiseñor.

...

Allá en el santuario

el pueblo está reunido,

el pecho fiel henchido

de júbilo y placer,

que con extraña prisa,

contrito y fervoroso,

marchara presuroso

sus Santas a traer.

...

Dios entonces piadoso

derrama desde el cielo

rocío de consuelo

en todo corazón,

porque a sus regias plantas

por mano de las Santas

fue puesta y acogida

del pueblo la oración.

La tercera parte, con variedad de metros, relata el martirio de las Santas:

¡Sus cabezas por el suelo

rodaron ensangrentadas...,

sus almas fueron llevadas

por los ángeles al cielo!

Mas no saciado el monstruo

de prodigar horrores,

dos potros corredores

después manda llevar;

y de sus largas colas

ordena a sus parciales

los cuerpos virginales

sin compasión atar.

...

Después algunos fieles recogieron

sus cuerpos, y les dieron sepultura;

y los hijos de Huéscar les rindieron

culto y veneración con alma pura.

Un templo a sus patronas erigieron

al pie de Sierra Sagra, que en altura

se atreve a competir con la Nevada,

a cuyo fértil pie se halla Granada.

La cuarta y última parte, en octavillas italianas exasílabas, es una larga y sentimental oración cuajada de metáforas, como una letanía en la que las Santas son sucesivamente esposas del sacro cordero, virgíneas palomas, místicas flores, tiernos renuevos de árbol, estrellas lucientes, agujas divinas de acero imantado, puerto seguro, palmas que dan sombra y frescor, y eternos reflejos del sol de la gracia.

Se pide a las Santas, como protectoras de los campos y de las cosechas,

que dejen las nubes

su ceño sombrío

y fresco rocío

nos den, suplicad.

Mirad nuestras siembras

con faz bonancible,

con lluvia apacible

los campos regad.

Y por último, elevada la musa sobre las fronteras de la patria chica, se suplica la paz para España:

Rogadle nos mire

con misericordia

y paz y concordia

a España le dé.

Fragmentos de estos poemas fueron utilizados en una cantata (de fecha ignorada) y en dos partes de la novena a las Santas (tal vez de 1850), con música del mismo Guerrero, inspiradísima y devota.

En 1853 compuso Guerrero otras Coplas a las Santas para la primavera de aquel año. El coro repetía:

Ilustres patronas de aquesta ciudad,

dad a vuestro pueblo la felicidad.

Aunque el título alude a coplas, las estrofas utilizadas son cuartetas y octavillas italianas, de las que a continuación transcribimos algunos ejemplos:

Canten vuestra gloria

celestes querubes

en las altas nubes

con célico son,

y en la negra noche

y en el claro día

la fe de Alodía

y de Nunilón.

...

A sus santas patronas

Nunilón y Alodía

dirigen con fe pía

su devota oración,

y el Dios del firmamento

escucha a sus esposas

que interceden llorosas

y otorga su perdón.

De Guerrero es también una "Plegaria a nuestras Santas Patronas", estrenada en la misa del día 22 de octubre de no se sabe qué año por el entonces muy conocido y admirado cantante don Rafael Bezares, que había venido para las funciones celebradas en el Teatro Oscense con motivo de la feria.

La plegaria, breve y un poco tópica, dice así:

Sois más bellas que la aurora,

más puras que el claro cielo,

dulce esperanza y consuelo

de este pueblo en la aflicción.

 

Vida sois de nuestra vida,

almas sois de nuestras almas,

pues de mártires las palmas

aquí vuestra fe ganó.

Para terminar con la aportación poética de Juan María Guerrero al culto y devoción a las Santas, sólo queda por reseñar una composición, escrita en agosto de 1885, que lleva por título "Coplas a nuestras Santas Patronas, para su novena en rogativa de que nos libren de la epidemia del cólera morbo asiático". Es una súplica angustiosa de tres estrofas (en octavillas italianas) y estribillo:

Ya que fuisteis en la tierra

un modelo de virtud,

desde la esfera celeste,

defendednos de la peste,

conservadnos la salud.

...

Si en todos nuestros conflictos

volvemos la vista ansiosa

hacia la faz cariñosa

de Alodía o Nunilón,

si por ellas obtuvimos

siempre favores del cielo,

hoy en tan amargo duelo

pedimos su protección.

En la tercera y cuarta décadas de nuestro siglo destaca la obra de un músico, levantino de origen, director de la Banda Municipal de Música de Huéscar, que supo recoger con sensibilidad el legado de la música popular oscense y transformarla en partituras de valor permanente. Nos referimos a don Vicente García Lacal, a quien Huéscar debe, entre otras cosas, la creación de la zarzuela y del himno de las Santas.

La zarzuela, titulada "¡Al agua, Santas benditas!", en alusión a la costumbre de que los portadores de sus imágenes se introduzcan en cuantas corrientes de agua se encuentran, tanto en la bajada como en la subida a la ermita, es un juguete cómico-lírico en un acto dividido en cinco cuadros. El texto es original del abogado oscense don Conrado Iriarte e Iriarte. Se estrenó en el Teatro Oscense el año 1932.

La acción transcurre en Huéscar y cuenta la historia de Rafael, enamorado de la joven Alodía, que para mejorar de suerte se marcha a la Legión, mientras que otro pretendiente asedia a su amor. A su vuelta, y pese a todos los problemas, la cosa se arregla satisfactoriamente durante la bajada de las Santas.

La obra refleja costumbres populares: bailes de ánimas, inocentes, despertadores, romería a la ermita de la Virgen de la Cabeza, y se desarrolla en conocidos parajes de la geografía oscense: Piedra del Letrero, Rincón del Obispo, Salto del Moro, etc. El texto, en verso, se va entretejiendo con evocadoras melodías tradicionales: jotas, seguidillas, etc., que convierten esta obra en una pieza obligada y de asegurado éxito para las fiestas de primavera.

Son numerosas las alusiones a las Santas durante toda la zarzuela:

Huéscar, ciudad cariñosa,

que a las Santas se consagra,

no hay cielo como tu cielo

ni sierra como tu Sagra.

De la Sagra y sus pinares

viene el aire que aspiramos,

el agua de nuestra vega

y las Santas que adoramos.

...

Adiós, Santas de mi tierra,

Alodía y Nunilón;

al moro triste me voy,

echadme la bendición.

...

Alodía, ven acá;

Nunilón, ven que te espero,

y vendremos a juntarnos

en la Piedra del Letrero.

...

De mártires la corona

por sus virtudes lograron

y eterna dicha alcanzaron

Alodía y Nunilona.

La obra acaba con el canto de unos versos que estremecen los corazones oscenses por su absoluta y constante confianza en la protección de las Santas:

Aunque los tiempos cambiaran

faltando la Religión,

siempre a Huéscar salvarían

Alodía y Nunilón.

Es la expresión de una fe arraigada en la tradición, que aspira a lo eterno, por encima del Tiempo y de la Historia.

Del mismo maestro García Lacal es el Himno a las Santas, escrito en 1944 sobre letra de fray Angel Herrera. Es emocionante oír este himno coreado por miles de gargantas entusiastas en la Plaza, el lunes de Pascua, ante las imágenes recién traídas de la ermita serrana. Todo el pueblo, como si tuviera un solo corazón, late apasionadamente junto a sus Patronas, vitoreándolas y elevando entre lágrimas la ofrenda de su oración:

¡Santas benditas,

lirios nevados de nuestro suelo,

soles radiantes de nuestro cielo,

Alodía y Nunilón!

¡Huéscar es toda

para cantaros, lira de oro,

y para amaros, pecho sonoro

de encendido corazón!

Y para terminar este breve itinerario poético-musical sobre las Santas oscenses, una última muestra: el vibrante himno compuesto por el sacerdote don Joaquín González de la Llana, creado a mediados de los años cuarenta de este siglo:

Noble pueblo, que a tus Santas

elevas fervientes preces

y de hinojos a sus plantas

de santo amor te estremeces,

y lloras cuando las cantas,

cántalas, pues, a porfía,

y teje bellas coronas

a Nunilón y Alodía,

flores de la serranía,

nuestras excelsas patronas.

 

Sois nuestro orgullo, Santas benditas,

por eso Huéscar con devoción

corre al abrigo de vuestra ermita

y allí su pecho, que amor palpita,

os hace entrega el corazón.

¡Gloria a las Santas!, con gozo grita.

¡Viva Alodía y Nunilón!

Estas son las principales expresiones líricas con que el pueblo de Huéscar se ha dirigido a sus Patronas a lo largo de los siglos. Son testimonios de la perennidad de una devoción que está en la esencia misma del carácter oscense. Difícilmente se encontrará población alguna en donde la inspiración poética y musical, al servicio siempre de la fe y de la religiosidad, haya producido tantos y tan valiosos frutos artísticos. Porque toma sus fuerzas del profundo hontanar de las tradiciones, Huéscar ha sabido aunar cultura y religión con la vieja sabiduría de los pueblos antiguos: sin estridencias, sin malentendidos, sin choques. Y ello ha sido posible gracias a la protección fecunda de nuestras Santas Patronas Alodía y Nunilón.

 

BIBLIOGRAFÍA:

- GUERRERO DE LA PLAZA, Juan María: Hojas dispersas. Recopilación y edición de Bruno Portillo. Huéscar, 1913.

- EULOGIO DE CORDOBA: Memoriale sanctorum, lib. II, cap. VII, 2. Edición de Rafael León. Málaga, 1965.

- Pasionario de Cardeña (folios 30 a 35 vtº). Edición de Rafael León. Málaga, 1965.

- Breviario toledano de 1483: Lecciones del oficio litúrgico de las santas Nunilo y Alodia. Edición de Rafael León. Málaga, 1965.

- Códice de Silos: Himno para el día de las santas Nunilo y Alodia. Edición de Rafael León. Málaga, 1968.

- MOLINA PIÑEDO, fray Ramón: Las santas Nunilo y Alodia en la crónica legerense. Diputación foral de Navarra, 1972.

- Música oscense: tomos X, XI y XII. Manuscritos inéditos preparados y recopilados por G. P. C.

- GUERRERO DE LA PLAZA, Juan María: Textos de sus obras religiosas. Manuscritos inéditos preparados y recopilados por G. P. C.

1. Publicado en el boletín nº 4 del Instituto de Estudios "Pedro Suárez", de Guadix. Año 1991.

 


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