POEMAS DE SOR MARÍA ÁNGEL TERUEL



Prólogo


De la misma manera que en el rincón escondido del jardín cerrado florece a veces la más perfumada de las rosas y, sin que nadie lo advierta, regala allí su aroma a la brisa y al atardecer, algunos poetas sienten y expresan su inspiración calladamente, sin que sus versos trasciendan más allá del círculo de sus conocidos.

 

Sor María Ángel Teruel vive su vocación religiosa en un convento de clausura, lejos del ruido del mundo, en íntimo y constante diálogo con la Divinidad. Pero en su corazón queda siempre un pequeño hueco para la poesía. Porque escribir versos es también una forma privilegiada de expresar la fe.

 

En el silencio del claustro, Sor María Ángel oye la voz de su musa mística y compone poemas en los que expresa su nostalgia por las personas a las que quiso y que ya no están entre nosotros, su deseo de unirse eternamente al dueño de la vida, su anhelo de sentir y compartir el inefable amor de Dios, que traspasa los muros del convento y las márgenes del tiempo.

 

Son versos encendidos, apasionados, enamorados, nacidos de un corazón sensible que suspira por lo que no tiene y sueña con lo que no ve con los ojos corporales. Y aunque a veces se exalta en felicitaciones juguetonas y en conmemoraciones festivas, sus mejores poemas son profundas meditaciones sobre el misterio de Dios, que todo lo invade y lo penetra.


Obsesión de mi existencia:

abismarme en el misterio,

la Trinidad en mi vida

todo mi ser invadiendo.

 

La vocación religiosa de Sor María Ángel, aceptada y asumida en su totalidad con el fervor de quien se siente amada y escogida por Cristo, expresa su íntima felicidad con versos serenos y luminosos.

 

Cautiverio de amor es

este santo monasterio.

¡Oh, cuán felices se sienten

las que en sus redes cayeron!


Como los buenos poetas, es enemiga de mostrar en público sus habilidades poéticas, intenta disimular sus cualidades literarias; por eso sé el trabajo que le ha costado hablarme de este poema o del otro, de este verso que ha sido transcrito incorrectamente, de lo que quiso decir con determinado vocablo... Timideces excesivas en su caso, porque su obra vale la pena de que se conozca. En una futura antología de la poesía oscense, esta humilde religiosa de clausura tiene reservado un lugar de honor por su intensidad expresiva, por su emoción mística, por lo espiritual de sus conceptos, por lo escogido de su vocabulario.

 

Perdida en la inmensidad

del gran Día sin ocaso,

contemplaré jubilosa

la herencia que me ha tocado.


Tiempo habrá para que se estudie y se analice su obra poética. Ahora, esta breve y sencilla publicación quiere ser merecido homenaje a su gran categoría como persona y como poetisa, y también testimonio de mi amistad sincera.

Gonzalo Pulido Castillo

Huéscar, 8 diciembre 2003


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