Fragmentos de historia oscense

LOS VILLANCICOS DE HUÉSCAR (GRANADA) (1)

Gonzalo Pulido Castillo

Según la acertada definición de Germán Tejerizo, villancicos barrocos son "aquellos poemas, generalmente anónimos y de estilo popular, con variadas estructuras métricas repartidas en un número indeterminado de estrofas, que se compusieron para ser cantados en iglesias y monasterios durante los oficios de maitines de diferentes festividades religiosas". Así pues, villancico es un tipo de canción religiosa en lengua vulgar para cantar en determinados actos litúrgicos.

La obligación de componer y preparar la interpretación de los villancicos correspondía al maestro de capilla de cada iglesia, director del conjunto de voces, del grupo de instrumentos (órgano, violines, trompas, clarinetes, a veces chirimías, etc.) y del coro de seises.

Aunque el estudio de este aspecto de la cultura española ha estado muy abandonado hasta fechas recientes, conocemos ya nombres y obras de muchos maestros de capilla, especialmente del siglo XVIII. Para profundizar en este tema pueden verse las obras de Antonio Martín Moreno y de Germán Tejerizo Robles, así como del P. López Calo.

Cansados ya de comprobar cómo la lejanía física de Huéscar sigue siendo también lejanía cultural, queremos dar a conocer en este breve y apresurado trabajo una aproximación a los villancicos oscenses, algunos de los cuales se siguen interpretando actualmente, y Dios quiera que por mucho tiempo, en la festividad del Corpus.

Tenemos pocos datos anteriores a 1769, año en que el maestro Carmona comienza su andadura musical en la capilla de la iglesia colegiata de Santa María la Mayor de Huéscar. Algunos nombres sueltos son: Francisco Rodríguez de Acuña (cantor, 1592), Lucas de Guzmán (sochantre, 1604), Alonso de Cantos (músico, 1611), Juan Aznar (músico, 1613), Francisco Muñoz (maestro de capilla, 1626). (2)

A mediados del siglo XVIII era maestro de capilla el murciano (de Totana, según unos documentos, o de Lorca, según otros) don Pedro Navarro Orzáez, casado en 1734 con una castrileña y muerto en agosto de 1776. Fue enterrado en la iglesia de Santiago, en Huéscar. Tal vez haya alguna obra suya en algún desván del pueblo, pero por ahora no conozco ninguna.

Y tras don Pedro Navarro llegamos a la importante figura de don José Miguel Carmona, cuya vida profesional se dilata hasta los años 20 del siglo XIX.

El maestro Carmona, de quien desconozco fecha y lugar de nacimiento y muerte, (3) había sido, según dice él mismo en un documento del archivo parroquial de Orce, muchos años organista de la parroquia auxiliar de san Lorenzo de Cádiz y de la colegial de Nuestro Salvador de Granada. Se presentó a cinco oposiciones: Catedral de Granada, Capilla Real de Granada, colegiatas de Osuna y Lorca, y parroquia de Caravaca de la Cruz (Murcia), obteniendo casi siempre el segundo lugar.

Posiblemente consiguió las oposiciones que se debieron convocar tras la jubilación o incapacidad del citado Pedro Navarro, siete u ocho años antes de su muerte, ocurrida en 1776, como ya se ha dicho. El caso es que en 1769 Carmona compuso los villancicos al Santísimo Sacramento y a la Virgen.

Su trayectoria siguió ininterrumpida hasta la Guerra de la Independencia (no se conserva nada de los años 1810, 1811 y 1813) y luego sigue con intermitencias hasta 1826-27 en que su rastro desaparece. (4)

Naturalmente, y como era costumbre en todas las capillas musicales, muchas de las partituras interpretadas no eran originales del maestro titular, sino que procedían de préstamos o intercambios de otros maestros de capilla. También existían compositores, algunos oscenses, cuyas obras eran interpretadas esporádicamente por la capilla parroquial. Citemos algunos: Antonio José Jaén (un poco mayor que Carmona), Simón Arroyal (que luego sustituyó a Carmona, tras su muerte o jubilación), Alfonso de Mora (natural de Totana), José García Zamora (de Caravaca), fray Vicente Valencia (de Granada), Monzón, Tornel, Osete, Moreno, Luis Escudero, Soler, José Samaranch y Ramoneda, y Jaime Balius y Villa, el excelente maestro de la catedral de Córdoba.

Conocemos por ahora unos cuatrocientos villancicos de José Miguel Carmona, aparte de misas, rosarios, motetes, letanías, lamentaciones, etc. Una obra ingente que deberá ser estudiada por su valor intrínseco y por lo que aporta al conocimiento del pasado cultural oscense. Cerca de la mitad de esos villancicos están dedicados al Santísimo Sacramento, les siguen los de Navidad, y, ya con menor número de títulos, a la Virgen, de Reyes y a Santos.

Veamos algunos ejemplos de los textos, si no completos, al menos fragmentados:

Uno de 1770, dedicado a la Virgen, empieza con un romancillo de sabor clásico:

Salgan las flores

al prado ameno

formando coros

de olores bellos,

y con guirnaldas

hagan obsequio

a la princesa

de tierra y cielo.

Otro, navideño, de 1790, en el que destacan las contraposiciones y paradojas:

Se muestra manso cordero

de Judá el fuerte león,

flaco el Todopoderoso,

pobre el más rico señor.


En un triste desamparo

se halla el común Salvador,

y en una suma indigencia

el más franco bienhechor.

 

Con los hijos de los hombres

sus gratas delicias son,

y ellos pagan con ofensas

tan sublime distinción.



Dueño adorado,

no llores, no,

que ya se ablanda

mi corazón.

Dame, pues eres

luciente sol,

contra mi hielo

sagrado ardor.

Un villancico de Navidad, sin fecha, cómico y esdrújulo:

Un pretendiente músico,

en el diciembre áspero,

marcha a Belén, intrépido,

solo como un espárrago.

 

En infusión de éctico,

triste, amarillo y lánguido,

va, aunque con pasos trémulos,

ligero como un pájaro.



Con una hambre máxima

quiere llenar buscándolo

del breve cuerpo mísero

los uterinos ámbitos.



Por forrar el estómago,

en lo ligero sátiro,

corre como si dándole

fuera detrás un látigo.

 

Tan roto y desnudo

que nunca me mudo

manteo y sotana,

hambriento de lana,

segundo Zaqueo,

de verte el deseo

me trae a Belén.



Mas no me convides,

pues si mi hambre mides

verás que es tan fiera

que aquí me comiera,

Señor, sin empachos,

migas y gazpachos,

caldero y sartén.

Y, por último, damos uno breve. Tampoco lleva fecha de composición. Está dedicado al Santísimo Sacramento.

Alegre el arroyuelo

al prado se adelanta,

porque con él la planta

alienta su verdor.



Así, buscando ansioso

su vida, ser y aliento,

feliz al Sacramento

camina el corazón.

Tras la desaparición de Carmona llegó la decadencia. Los siguientes maestros de capilla, si es que los hubo, se limitaron a repetir o adaptar las composiciones del glorioso período anterior. Hacia 1830 fueron dejándose de componer villancicos en todas las iglesias de España. La tradición musical de varios siglos perecía víctima de los nuevos tiempos, de la desamortización de los bienes eclesiásticos y del propio agotamiento artístico producido por la fosilización de los esquemas literarios y musicales de los villancicos.

Y, sin embargo, en 1829 nació en Huéscar quien daría un renovado impulso a esta tradición: don Juan María Guerrero de la Plaza.

Fue nombrado maestro de capilla en 1852 y organista titular en 1857. A lo largo de una dilatada vida profesional, el maestro Guerrero, que además fue secretario del Ayuntamiento oscense y apreciable poeta, compuso gran número de villancicos, aparte de misas, novenas, así como adaptaciones de obras profanas. (5)

A su inspiración pertenecen los villancicos que se interpretan actualmente en la festividad del Corpus, en las novenas de san Antón, de la Virgen de los Dolores y de las Santas Patronas Alodía y Nunilón, que cada año son interpretados por la Capilla Parroquial de Santa María, llamada en su honor Capilla Parroquial «Juan María Guerrero de la Plaza». (6)

La música de Guerrero es heredera directa del neoclasicismo dieciochesco y de la música teatral de la época, muy influida por el italianismo de óperas y primeras zarzuelas. La dulzura de sus sentimentales melodías habla directamente al corazón con expresividad romántica.

En cuanto al aspecto literario, los versos de Guerrero no son tan contenidos y clásicos como los de los villancicos de Carmona, aunque sí son parejos en religiosidad y en profundidad teológica, así como en soltura métrica y riqueza de vocabulario.

Veamos algunos fragmentos de estos villancicos:

Un dúo al Nacimiento, de 1865:

En mísero establo

de un viejo portal

se aduerme entre pajas

un tierno rapaz;

más puro es su aliento

que el aura del mar,

y viene a los hombres

rendido a salvar.



Un aria de bajo al Santísimo, de 1869:

Desde la empinada cima

del Sinaí bendecido

habla a su pueblo escogido

el potente Jehová.

A su voz precede el rayo

y el estampido del trueno,

e Israel todo lleno

de temor postrado está.



Sube el Verbo humanizado

del monte Tabor la altura

y su faz se transfigura

en glorioso resplandor.

Y al escuchar del Eterno

la voz terrible y potente,

los discípulos su frente

humillan con gran temor.

Y, por último, un cuarteto al Nacimiento, de 1854:

Como la leche de la cordera

que salta y trisca por la pradera,

y cual la rosa del valle umbroso,

así es tu cara, Niño gracioso.



Tierno infante,

dulce amante,

bello hechizo

de mi amor,

no te alejes,

no me dejes

ni un instante

tú, Señor.



En los prados

sombreados

la serrana

te esperó,

cual sencillo

cabritillo

cuya madre

se perdió.

Juan María Guerrero, el último eslabón de una tradición centenaria, pero viva y creadora, murió en 1912. (7)

Después de su desaparición, como había pasado tras la del maestro Carmona, llegó la decadencia. La tradición se petrificó, enferma de rutina y falta de sangre nueva; las viejas melodías fueron cayendo en el olvido, y los versos que les servían de apoyo se perdieron en una noche sin posible aurora.

Pero aún hoy, en la mañana del Corpus y en la tarde de la Octava, cuando suenan los pocos villancicos que han sobrevivido de la obra de Guerrero, viejos restos del tiempo muerto, el corazón de los oscenses se emociona y tiembla. La voz de Cipriano, el armonio de Samuel, los sones de la Capilla Parroquial, se funden con el aroma de las hierbas olorosas, de las velas, del incienso, enmarcado todo en la bellísima luz de la primavera oscense. Y suena la canción:

Duerme, feliz criatura,

duerme en los brazos

de tu Creador,

que Él en la noche oscura

los fuertes lazos

da de su amor.

Duerme bajo el amparo

fuerte y seguro

de su poder,

que Él es luciente faro,

perenne muro,

ser de tu ser.

Y el pueblo entero, apiñado junto a la carroza donde Dios Sacramentado se muestra en la filigrana de la Torrecilla, canta en devoto acto de fe, entre escalofríos de emoción, lágrimas de nostalgia y recuerdos que no quieren morirse:

Cuando extiende sus alas

la noche triste, la noche triste,

el alma del ateo

luto se viste, luto se viste.


BIBLIOGRAFÍA.

Aunque ningún autor oscense aparece en ellos, son muy útiles para conocer la música de aquellos tiempos y para la historia de los villancicos y de sus autores, los siguientes títulos:

- MARTÍN MORENO, Antonio: Historia de la música española, tomo 4º: Siglo XVIII. Colección Alianza Música. Alianza Editorial. Madrid 1985.

- MARTÍN MORENO, Antonio: Historia de la música andaluza. Biblioteca de la Cultura andaluza, tomo 30. Editoriales Andaluzas Unidas. Sevilla 1985.

- TEJERIZO ROBLES, Germán: Villancicos barrocos en la Capilla Real de Granada. Junta de Andalucía. Editoriales Andaluzas Unidas. Sevilla 1989.

 

APÉNDICE 1:

Textos completos de los villancicos de Juan María Guerrero que aún se cantan:

DUERME, FELIZ CRIATURA (1874)

Duerme, feliz criatura,

duerme en los brazos

de tu Creador,

que Él en la noche oscura

los fuertes lazos

da de su amor.

No desoigas su acento

que te convida

a un gran festín

en que da de alimento

su cuerpo y vida,

a Él mismo, en fin.

Duerme bajo el amparo

fuerte y seguro

de su poder,

que Él es luciente faro,

perenne muro,

ser de tu ser.



Cuando extiende sus alas

la noche triste,

el alma del ateo

luto se viste,

que en su miopía

no ve tras las tinieblas

la luz del día. (8)


Cuando anegan las almas

mares de hieles,

sólo ostentan su calma

los pechos fieles,

que sus espíritus,

tras las tinieblas densas

ven lo infinito.


AMOR ES LA FUENTE

Amor es la fuente perenne de vida

que tiene en sus venas la inmensa creación.

Él es de la mano de Dios bendecida,

de todos los dones el más rico don.



Amor es la savia del árbol, que ofrece

maduros sus frutos de rico sabor.

Amor es el trino del ave, a quien mece

el aura su nido con leve rumor.



Amor el rugido de fiera terrible

que guarda a sus hijos de audaz cazador.

Amor la ternura de madre sensible

que guarda a los suyos de pena y dolor.



Amor es la ley que al mundo gobierna,

amor la armonía, amor la atracción.

Y de estos amores la hoguera arde eterna

de Dios en el grande sin par corazón.



ESTROFAS Y CORO AL SANTÍSIMO

A Aquél de quien el sol recibe el fuego

que vivifica la creación entera,

su inquebrantable ley la inmensa esfera,

los campos su verdor, su puro riego,



venid, venid con santa y férvida alegría

a ensalzar y a alabar en este día.



A Aquél que formó al hombre de la nada,

dotándole de un alma inteligente,

destinada a gozar eternamente

las delicias del justo en su morada,



venid, venid con santa y férvida alegría

a ensalzar y a alabar en este día.


A Aquél que hizo las flores y las aves,

los colores, la luz y los sonidos,

los frutos regalados y escogidos,

la miel, la leche, al paladar suaves,



venid, venid con santa y férvida alegría

a ensalzar y a alabar en este día.




HIMNO AL SANTÍSIMO

Desde la austral región de los polos,

de eternal cristalina blancura,

a los campos de opaca verdura

de la fértil región tropical,



no hay un ser que no cante en su idioma,

hacia el cielo elevando su frente,

en concierto armonioso y potente,

un hosanna al Creador eternal.



Desde el hombre, señor de lo creado,

hecho a imagen de un Dios infinito,

hasta aquel diminuto zoofito

de que consta el rosado coral,



no hay un ser que no cante en su idioma,

hacia el cielo elevando su frente,

en concierto armonioso y potente,

un hosanna al Creador eternal.



APÉNDICE 2:

UNA RELACIÓN INCOMPLETA DE MÚSICOS OSCENSES

APELLIDOS NOMBRE CARGO FECHA

----------------------------- --------------

Abellán Antonio     Sochantre 1815

Abellán Bernardo     Organista 1815

Abellán Blas    Sochantre 1815-1839

Abellán José     Sochantre Santiago 1852

Abellán Silverio     Teniente sochantre 1868

Abellán Marín Atanasio     Tenor de Santa María nació 9-mayo-1734

Abellán Baltasar     Sochantre nació 11-enero-1742

Abellán Sánchez-Ahumada Lorenzo     Sochantre murió 11-marzo-1844

Alijarte Ballesteros (de) Gregorio     Organista 1574

Arroyal Martínez de la Plaza Simón     nació 9-octubre-1756

Aznar Agustín     Músico 1760

Aznar Juan     Músico 1613

Cantos (de) Alonso     Músico 1611

Carmona José Miguel     Maestro de capilla nació hacia 1749

Celaya Tomás     Sochantre 1815

Delfín Juan     1629

Fernández Bertolo Pedro     Sochantre Santiago 1741

Fernández Zapata Claudio     Bajonista 1760

Ferrer Agapito     1815

Gallego Rosendo     Sochantre 1867

Guerrero de la Plaza Juan María     Maestro de capilla y organista nac.9-enero-1829

Guzmán (de) Lucas     Sochantre 1604

Jaén Antonio José     1756

Martínez Ocón Marcos     Bajonista 1820/27

Mora Vidal (de) Alfonso     Músico 1769

Mora y Cabrera (de) José     1797/1807

Muñoz Francisco     Maestro de capilla 1626

Navarro Orzáez Pedro     Maestro de capilla murió 11-agosto-1776

Ortiz Felipe     Organista murió 2-diciembre-1856

Pino (del) Jerónimo     Organista 1749

Piñero Félix     Organista 1746/1758

Plaza (de la) José María     Maestro de capilla 1922

Quesada (de) Juan     Sochantre 1547

Ródenas (de) Jusepe     Cantor 1594

Rodríguez de Acuña Francisco     Cantor 1592

Román Jerónimo     Músico 1645

Ruiz Gil Félix     Organista de Santiago murió 4-abril-1789

Sáez Juan Antonio     Organista de Santiago 1820/1852

Sánchez Lucas     Organista 1725

Teruel Abellán Salvador     Organista de P. Fadrique murió 10-mayo-1800

Torres Clemente     Músico 1852

Ximénez Robres Juan     Sochantre murió 18-septiembre-1775

Zapata Pedro     Bajonista 1734

 

1. Publicado en el boletín nº 3 del Instituto de Estudios "Pedro Suárez", de Guadix. Año 1990. Para esta edición se le han añadido las notas a pie de página y el apéndice 2.

2. Una aproximación provisional e incompleta a la relación de músicos oscenses puede verse al final de este artículo, en el apéndice 2. Si alguna vez podemos publicar una obra dedicada exclusivamente a la música en Huéscar, ampliaremos esa relación, incluyendo más personas y datos, extendiéndola también a nuestro siglo XX.

3. Por fotocopia facilitada por D. Cándido Sánchez Triguero, después de escrito y publicado este estudio, sabemos que D. José Miguel Carmona murió en los primeros meses del año 1827. Por desgracia, ha desaparecido el libro parroquial de defunciones donde estaría inscrita su partida.

4. La vida y la obra de don José Miguel Carmona constituye una obsesión para el que esto escribe. Si alguna vez puede salir a la luz una antología sobre su obra, ahí se publicarán todos los datos conocidos sobre él. Baste adelantar ahora que parece haber sido natural de Motril y que vivió muchos años en el número 4 de la calle Carril.

5. Desde hace varios años tenemos a punto para su publicación un tomo con los textos de las obras religiosas de este poeta y compositor, que vendría a completar el volumen con sus poemas que con el título de "Hojas dispersas" publicó D. Bruno Portillo en 1913. Nos retiene la certeza de saber que existen numerosas piezas musicales en manos particulares, que aún no están catalogadas ni estudiadas. Por eso no nos atrevemos a publicar un libro forzosamente incompleto. Preferimos esperar a que, con el tiempo, los poseedores de "papeles viejos" nos permitan (a nosotros o a quienes nos sucedan) copiarlos y ofrecerlos a cuantos están interesados en este aspecto del pasado cultural oscense.

6. En el apéndice 1 se publican los textos de los villancicos de Guerrero que siguen cantándose en cada festividad del Corpus. Son tres: Amor es la fuente; Duerme, feliz criatura (conocido como "La noche triste" por uno de los versos del estribillo) y A Aquel de quien el sol recibe el fuego. Este último, debido a su longitud se dividió en dos: Estrofas y coro al Santísimo e Himno al Santísimo.

7. Tal vez algún día pueda hacerse realidad un sueño del autor de estas líneas: que los organismos oficiales coloquen una lápida sobre la tumba (ahora anónima) que guarda los restos de Juan María Guerrero, para que Huéscar no olvide a quien fue uno de sus hijos más esclarecios.

8. La partitura original añade en este lugar los siguientes versos:

En cambio el justo,

que en su fe descansa,

mira con alegría

llegar la eterna noche,

que es el principio

de su eterno día.


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