Fragmentos de historia oscense


LA VIRGEN DE LA CABEZA DE HUÉSCAR (GRANADA)

HISTORIA Y DEVOCIÓN

(1)

Gonzalo Pulido Castillo

1.- INTRODUCCIÓN

Queda fuera de toda duda que la devoción a la Virgen de la Cabeza en Huéscar, como en tantos otros lugares de Andalucía y de España, proviene de Andújar. Por eso, este breve trabajo, nacido de la más profunda veneración a la Madre de Dios en su advocación de la Cabeza, quiere referirse en primer lugar a aquellos hechos milagrosos y a su repercusión en la religiosidad y en la cultura de nuestros pueblos.

En las proximidades de Andújar (Jaén) se levanta el Cerro del Cabezo, que forma parte de Sierra Morena. En su cumbre, la madrugada del 12 de agosto de 1227, se apareció una imagen de la Santísima Virgen a un pastor, natural de Colomera, llamado Juan Alonso de Rivas. Este hombre afortunado, en el momento del encuentro con la Señora, recuperó el uso de un brazo que tenía paralítico. Ésa fue la señal del prodigio.

El hecho causó gran admiración entre los cristianos de aquella zona, que habían sido liberados pocos años antes del yugo musulmán por las tropas del rey San Fernando, y dio origen a la devoción a la Virgen de la Cabeza.

Entre 1287 y 1304 fue construido el magnífico santuario sobre la cima del Cabezo que, restaurado tras su destrucción en nuestra última guerra civil, sigue sirviendo de cobijo serrano a la venerada Morenita. El último domingo de abril confluye allí en emocionada romería una inmensa multitud de devotos que hace llegar a los pies de la Virgen la plegaria de toda Andalucía y de gran parte de España. Es la romería más antigua de nuestra Patria y la segunda en cantidad de participantes.

El hallazgo de una imagen que permanece escondida durante años, e incluso siglos, y que aparece fortuitamente, no fue un hecho infrecuente en las décadas posteriores a la Reconquista. La base histórica de estos acontecimientos está en que, a partir del año 711 (más aún entre 850-860 y, sobre todo, con las persecuciones del siglo XII) los cristianos escondieron sus imágenes en donde no pudieran ser profanadas o se llevaron con ellos las reliquias de sus santos más allá de las fronteras de al-Andalus. Posteriormente, esas imágenes pudieron redescubrirse. Son conocidos los casos de la aparición de la Virgen de la Piedad entre Guadix y Baza y el descubrimiento de la Virgen de la Almudena al desprenderse un lienzo de la muralla de Madrid.

Las esculturas encontradas eran, por lo general, de pequeño tamaño, porque así lo eran entre los mozárabes, por su mayor facilidad para ser trasladadas u ocultadas en caso de necesidad. También era frecuente que los caballeros cristianos medievales que participaban en la lucha contra el moro llevaran imágenes de la Virgen (que no podían ser muy grandes) entre sus bagajes para, en los descansos de las batallas y antes de ellas, encomendarse a la Señora. Se sabe que San Femando, al entrar en la Sevilla reconquistada el año 1248, llevaba sobre su caballo una imagen de Nuestra Señora de los Reyes. No sería extraño que algunas de esas imágenes pudieran haberse escondido en los campos donde luego serían halladas. Ocultas en oquedades del terreno, en hornacinas, en muros, o en troncos de árboles, sólo las de escasas dimensiones habrían podido sobrevivir a los años de Reconquista. Por eso, es tradición que las imágenes de la Virgen de la Cabeza, y la de Huéscar sigue esa costumbre, sean de poca altura, tallas pequeñas que despiertan devoción y ternura.

El fervor despertado por el hecho milagroso de Andújar traspasó las fronteras del Santo Reino y se extendió por numerosos lugares del resto de España. Castilla, Navarra, Cataluña o Galicia cuentan con ermitas dedicadas a su advocación. En Andalucía, ciudades como Linares, Ronda y Priego de Córdoba la veneran y festejan. Motril, la bella ciudad granadina que se mira en el mar Mediterráneo, la tiene como patrona y cada 15 de agosto acude al Santuario del Cerro en procesión multitudinaria para ofrecer a la Señora su testimonio de fe y de amor.

En nuestra diócesis de Guadix, la Virgen de la Cabeza recibe culto en Benamaurel, Castril, Cogollos, Cúllar, Exfiliana, Ferreira, Galera, Jérez del Marquesado, Orce, Zújar, ... y en Huéscar

2.- LA VIRGEN DE LA CABEZA EN NUESTRA COMARCA

ORCE: La primera ermita de la comarca dedicada a la Virgen de la Cabeza fue la de Orce. Se construyó hacia 1650 sobre un cerro a la orilla izquierda del río, a 919 metros de altitud sobre el mar. Por abandono o catástrofe natural la primera ermita vino al suelo en el siglo XIX y hasta los años 50 del siguiente siglo no se decidió levantar una nueva, aunque de menores dimensiones, lo que se llevó a cabo siendo párroco de Orce el sacerdote oscense D. Isidro Martínez Moreno. Al excavar para hacer los cimientos aparecieron restos humanos y cerámicas argáricas. Comunicado el descubrimiento a los arqueólogos que estudiaban entonces el Cerro del Real de Galera, realizaron una campaña de excavaciones en 1963-64.

Según el ilustre arqueólogo alemán Wilhelm Schüle, ese cerro ha sido habitado desde, al menos, 2.500 años antes de Cristo, en el período Eneolítico precampaniforme. En él se encuentran restos arqueológicos argáricos, romanos, bizantinos y árabes. Las numerosas sepulturas encontradas nos han proporcionado multitud de restos, tales como cerámicas, armas de piedra y de bronce, herramientas, abalorios, objetos de plata y de oro, ajorcas, collares, pendientes, botones de marfil, etc. El Cerro de la Virgen de la Cabeza de Orce fue declarado en 1983 Monumento Histórico de carácter nacional.

GALERA: Los habitantes de Galera acudían a la ermita de Orce para celebrar conjuntamente la fiesta de la Virgen. Y así venía haciéndose durante muchos años, hasta que en 1675 hubo discusiones, enfrentamientos y malos modos entre unos y otros. Nadie aclara cuál fue el motivo de la discordia, pero el caso fue que los de Galera se vieron en la necesidad de construir una ermita en su tierra, lo que hicieron en 1732 sobre una elevación que domina la villa, donde antaño se asentó el alcázar que en 1570 echó abajo D. Juan de Austria. El nuevo edificio, que mide cerca de 50 metros cuadrados, fue mandado construir siendo alcalde D. Bartolomé Fernández, abuelo del cura y beneficiado galerino D. Marcelino Fernández, de cuya manuscrita historia de Galera hemos tomado estos datos. Se constituyó una cofradía con un total de veintidós hermanos. De Granada fue traída la imagen de la Virgen. Para que pudiera pasar la procesión se mandó cortar un trozo de la peña.

CASTRIL: No sabemos cuándo se levantó la ermita de la Virgen de la Cabeza en Castril. La primera fecha que aparece en su historia es la de1740, al citar un documento de la Diócesis de Guadix que su ermitaño era Javier de Antonio Latorre (1) En el Catastro de Ensenada (1750) se hace relación de los bienes que poseía la ermita. Estaba situada sobre una colina que da vista a la población.. El edificio se fue deteriorando progresivamente. En 1877 el Boletín Eclesiástico de la Diócesis de Guadix dice que "hacía más de veinte años había quedado reducida a solar". Se decidió su reconstrucción, lo que se llevó a cabo gracias a la buena voluntad del párroco de Castril D. Antonio Martínez Gómez y a la colaboración económica del oscense D. Juan Guillén Sánchez-Morales. Reconstruido el edificio, volvió la Virgen desde la iglesia parroquial, donde había sido alojada. Constaba (y consta) la ermita de un pequeño patio de entrada, templo de una sola nave de breves dimensiones, con bóveda de media naranja, y una reducida habitación contigua que sirve de sacristía.

La imagen de la Virgen es muy antigua, tal vez del siglo XVI, y la corona, de plata sobredorada, de la primera mitad del XVIII. Es la única imagen de la Virgen de la Cabeza en la comarca que ha sobrevivido a las revoluciones anticlericales y a los desastres del tiempo. Ha sido retocada en varias ocasiones, no siempre acertadamente, y está bastante deteriorada.

En la guerra de 1936, un vecino de Castril oyó que se pretendía destruir la sagrada imagen. La escondió en el pajar de su casa y pudo sobrevivir a la devastación general. Actualmente, al igual que en el pasado, la fiesta se celebra el último domingo de abril.

3.- LA TRADICIÓN

Una tradición oral oscense, que cuenta ya con varios siglos, nos habla del prodigioso encuentro de la Virgen y un pastor, en similitud con lo ocurrido en Andújar. Desde antiguo han sido los pastores los destinatarios más frecuentes de las visitas celestiales. Existen varias versiones sobre el tema, pero todas coinciden en que, estando el dicho pastor apacentando su rebaño sobre los riscos de Marmolance, encontró una imagen de la Virgen (otra versión dice que, para guarecerse de una tormenta, se internó en una oquedad entre las rocas y allí se tropezó con la imagen). Quedó sorprendido por el hallazgo y bajó al cortijo (o a la ciudad) para comunicarlo a los demás. El pastor, de quien ignoramos el nombre y cualquier otro dato, fue blanco de las burlas de sus amigos y vecinos, y hasta de las autoridades. Llegaron incluso a amenazarlo con la cárcel si seguía hablando de apariciones y de milagros. Pero la Virgen, para demostrar la naturaleza sobrenatural del hecho y que era verdad cuanto decía el atribulado pastor, obró el portento de curar la mano (o el brazo) del pastor, que estaba paralizada desde su nacimiento. Al ver el prodigio, la gente se convenció de que el pastor no mentía y que allí había ocurrido un auténtico milagro. Por ello, y para celebrar perpetuamente la preferencia que había mostrado la Virgen con nuestra tierra, se acordó construir en el lugar donde había aparecido una ermita dedicada a honrar a Nuestra Señora, que, desde entonces y hasta nuestros días, es lugar de peregrinación de cuantos se siente agradecidos o solicitan favores a la Reina de los Cielos. Ese es el núcleo básico de la narración. Como vemos, casi idéntico a lo que se cuenta de Andújar. Una demostración más de que, como dije al principio de este trabajo, la devoción a la Virgen de la Cabeza llegó a Huéscar procedente de las tierras de Jaén, posiblemente pasando por Zújar, aunque antes que en nuestra ciudad arraigó en otros pueblos de nuestra comarca, como Orce y Galera.

4.- LA ERMITA

Lamentablemente, son escasos los datos históricos referentes a la construcción de las ermitas (la antigua y la actual) que han llegado hasta nosotros. La desaparición de los libros de la hermandad anteriores a 1939 nos han privado de conocer las circunstancias y los detalles de quiénes levantaron los edificios, quiénes tallaron las imágenes, cuánto costaron las obras, cuándo se destruyó la primera ermita, etc.

Sobre la alta cumbre de la Sierra de Marmolance, batida siempre por los vientos e inaccesible por su parte oriental, se levantó un pequeño templo en el lugar donde la Sagrada Imagen fue encontrada. La piedad popular, tan viva en aquellos siglos, no dejaría pasar mucho tiempo sin que la Señora tuviera un hogar desde donde recibir el homenaje y la devoción de los oscenses. Cerca de ese lugar manaba, y sigue manando, una pequeña fuente de agua clara, suficiente para calmar la sed de aquellos romeros que subían desdeñando el cansancio y de los pastores que soportaban el calor del verano mientras sus rebaños sesteaban. La reducida cuenca que forman unas peñas permite que brote un manantial que muchos han considerado sorprendente. No lejos de allí se observan unas estructuras que pueden ser medievales, e incluso de la Antigüedad tardía, a juzgar por los trozos de cerámica aparecidos. La amplitud del perímetro y el grosor de los muros, aunque sólo quedan algunos cimientos, nos hablan de una obra de cierta magnitud. Lo que indica que la cumbre de Marmolance ha sido un paraje visitado (y tal vez habitado) con más frecuencia por los hombres de épocas antiguas que por los de hoy.

El gremio de labradores se comprometió a correr con los gastos de la erección, la ornamentación y el culto de la futura ermita. El arzobispo de Toledo, D. Pascual Aragón, concedió licencia para poder celebrar Misa en ella el 15 de septiembre de 1667. Se sabe que en 1672 aún no se habían terminado las obras, porque el vicario y visitador D. Tomás Bueno Barragán, de acuerdo con sus superiores jerárquicos toledanos, mandó el 28 de abril de aquel año que la imagen de la Virgen de la Cabeza quedara en la ermita de la Victoria mientras se acababan los trabajos. En un momento indeterminado entre 1672 y 1683 se destruyó esta ermita, sin que sepamos la causa. En este último año citado, siendo arzobispo de Toledo D. Luis Manuel Hernández Portocarrero, se comenzó la construcción de una nueva, esta vez en la falda del monte, por la parte de levante. En 1697 se hizo el traslado. En el acta de cabildo de fecha 18 de abril de 1698, el beneficiado y mayordomo de la hermandad, D. Bernardo Astor, solicitaba al Ayuntamiento el permiso necesario para cortar 400 pinos blancos "para la obra, para la casa de la ermita de Nuestra Señora de la Cabeza"; el mismo Astor volvió a pedir el 17 de agosto de 1716 130 pinos blancos más para levantar y techar la capilla mayor de dicha ermita. Esa ermita es la que, afortunadamente, todavía se alza a la sombra de Marmolance y sirve de hogar a la Señora.

Es una iglesia pequeña, de una sola nave, con bóveda de cañón. El piso, hasta hace poco formado por la misma piedra del cerro donde se asienta, está hoy bien embaldosado gracias al desvelo de la hermandad. Forma una ligera pendiente ascendente desde la entrada hasta el frontal donde se aloja el camarín. El exterior tiene soportales sostenidos por amplios arcos en dos de sus lados y con una espadaña sobre el tejado. La puerta de entrada tiene una reducida ventana para poder ver a la Virgen desde fuera. A ambos lados de la puerta pueden leerse dos placas conmemorativas de mármol.

La de la derecha evoca una peregrinación de la nutrida Acción Católica oscense de los años 50:

"¡AVE MARÍA!

La Acción Católica Parroquial

peregrinó a este Santuario los días 8 y

15 de agosto de 1954.

Año Santo Mariano en España".

La de la izquierda recuerda que la ermita fue uno de los tres templos señalados en la diócesis de Guadix-Baza para ganar las indulgencias del Año Santo Mariano de 1987-88:

"Año Santo Mariano.

Este santuario de la Stma. Virgen

de la Cabeza fue declarado

templo especial para ganar las

indulgencias concedidas por

S.S. Juan Pablo II.

17-VI-87                                     15-VIII-88".

En su interior destaca un reducido coro sobre la puerta de entrada y, en el altar, al fondo, un camarín, donde se encuentra la imagen de la Virgen, adornado con un sencillo retablo de estilo neogótico y decorado en su interior con pinturas, ya muy deterioradas, que representan paisajes idealizados de los alrededores. En la pared lateral derecha del presbiterio se abre una hornacina que acoge la imagen de la Virgen que fue adquirida tras la Guerra Civil y que fue sustituida por la actual. El presbiterio tiene una particularidad acústica semejante a la de la Sala de los Secretos de la Alhambra, que permite oír con claridad lo que se dice en voz baja en el ángulo opuesto. La mesa de altar es una piedra de molino, colocada allí en 1981. De los muros laterales de la ermita cuelgan infinidad de exvotos en cera que los favorecidos por la Virgen en sus necesidades dejan allí como muestra de gratitud. Entre los objetos que se pueden encontrar en la ermita destaca una cruz, llamada "del Pastor", formada por pequeños trozos de madera tallados y ensamblados de tal manera que no necesitan sujeción ninguna entre ellos. Es parecida esta cruz a otra que se conserva en el santuario de las Santas Alodía y Nunilón. La cruz "del Pastor", el retablo del altar, el púlpito y el confesionario fueron construidos a mediados del siglo XX por Emiliano Penalva Tristante.

Por una puerta situada a la izquierda del altar se penetra en la sacristía. Desde ahí se sube al camarín y a unas cámaras donde se conservan varias ropas antiguas, algunas bordadas, con las que se vestía a la Virgen y al Niño, además de otros recuerdos que algunos fieles han dejado como testimonio de agradecimiento y de devoción.

5.- LA FIESTA

Las actividades festivas en honor de la Virgen de la Cabeza tenían, y tienen, como núcleo fundamental la novena, la procesión y la romería, el regreso de la imagen desde Huéscar hasta su ermita. Antes se celebraba en primavera, ahora, como explicaremos más tarde, tiene lugar en verano.

El día de la Santa Cruz, 3 de mayo, se reunía la Junta Directiva de la hermandad para señalar las fechas de la bajada de la imagen a la ciudad y la de la romería. Ésta última quedó señalada, al menos durante los dos primeros tercios de este siglo, en el primer domingo del mes de junio, a no ser que coincidiera con otra fiesta (Santas o infraoctava del Corpus), en cuyo caso pasaba al domingo siguiente (2).

Durante los días de novena se pedían donativos y limosnas por los barrios del pueblo para ayudar a sufragar los gastos de la fiesta. La víspera de la romería, al atardecer, tenía lugar la procesión con las imágenes de la Virgen y de Cristo Crucificado.

A la mañana siguiente se celebraba la romería. Acompañaba a la hermandad y a los devotos un grupo de unos 30 hombres, pastores y agricultores, que formaban la llamada "soldadesca" (3). Provistos de arcabuces y otras armas de fuego, realizaban constantes disparos al aire y en los breves descansos se refrescaban con vino y aguardiente. Parece ser que, como en otras fiestas populares de tantos sitios, la pólvora y el vino eran los compañeros habituales de las devociones.

Posiblemente, la fiesta de la Virgen de la Cabeza contó desde sus comienzos con una celebración de tipo militar, parecida a las de Moros y Cristianos, tan frecuente en varias zonas de Andalucía y Levante. Reminiscencias de aquello son la presencia de la flauta, el tambor, la alabarda, el paje, la bandera, etc.

Se sabe, por un documento conservado en los archivos de la Real Chancillería de Granada, que la asistencia de la soldadesca a la fiesta, "que se ha acostumbrado de tiempo inmemorial", no se pudo realizar a partir de los sucesos de 1757.

El 23 de abril de 1758, la Junta de la cofradía solicitó permiso al Alcalde mayor de Huéscar, que lo era entonces D. Gregorio de Salvador y Gómez, para que pudiera desfilar la soldadesca en la fiesta de aquel año. El alcalde se negó en redondo, argumentando que el año anterior había ocurrido un lamentable accidente con la pólvora preparada para la romería.

Tras recibir la negativa de la autoridad, D. Simón Díaz, capellán de la ermita y cura de Santa María, escribió a la Chancillería granadina solicitando dicho permiso y disimulando las consecuencias del citado accidente:

"Puestos todos a los pies de V. S. I., con toda veneración y humildad decimos y ponemos en la alta justificación de V. S. I. cómo en el día 23 del presente mes se celebró junta para señalar el cuándo había de obsequiarse a tan Soberana Princesa con la soldadesca que se ha acostumbrado de tiempo inmemorial, que se compone de 30 hombres, pastores y labradores, yendo a dicho santuario a decir misa cantada con sermón; y habiéndose determinado que para el día 21 de mayo próximo se ejecutase dicha función, pidiendo al Alcalde mayor, como siempre se ha ejecutado, licencia para dicha soldadesca. Con efecto, el hermano mayor de dicha cofradía fue a pedirla y de un todo le fue negada con el motivo de que en el año antecedente, por poca advertencia se quemó una poca de pólvora en una casa y haberse abrasado la cara dos sujetos que fueron con luz al cuarto donde estaba; y como esta negación se contempla motivo para que la devoción a la Madre de la gracia se entibie, de modo que se acabara y desvanezca la cofradía, y se privaran los pechos cristianos hacer estos cultos a la Divina Madre. Por lo que suplicamos a la piedad de V. S. I. se digne facilitar su poderoso decreto, dando la licencia y permiso para que dicha función se celebre como hasta aquí se ha ejecutado..."

Fue requerido el alcalde para que informara al respecto y éste explicó su negativa con tan crudas razones que, posiblemente en bastantes años, la soldadesca se mantuvo inactiva. Por lo visto ni fueron sólo dos sujetos los accidentados ni fue sólo abrasarse las caras. No faltan en el escrito del alcalde críticas al capellán ("que se dice ser") y, sobre todo, a la cofradía, a la que pinta casi como una pandilla de juerguistas irresponsables.

"Satisfaciendo el mandato de V. I. en carta de 29 de abril, e inteligenciado de la instancia hecha a V. I. por D. Simón Díaz, capellán que se dice ser del santuario de Nuestra Señora de la Cabeza, jurisdicción de esta ciudad, a fin de que se le conceda a la cofradía el permiso de sacar la soldadesca que han acostumbrado en sus funciones, debo decir que son pocos los años que se cuentan sin desgracias originadas de este indiscreto culto, siendo el más seguro testimonio de esta verdad los muchos hombres mancos y defectuosos que se hallan en este pueblo a quienes aconteció experimentar las resultas de un festejo tan ocasionado y peligroso, que se vieron en el año próximo pasado más melancólicas que nunca, porque al ir los que hacían de cabos a distribuir la pólvora entre los soldados, con poca prevención pusieron un candil sobre el saco, y, cayendo una pavesa, se prendió, abrasando (a) cuatro personas, a quienes igualmente se pronosticó la muerte, cumpliéndose en dos mujeres la fatalidad, y liberándose los hombres casi milagrosamente, después de un penoso y largo padecer.

Estas inadvertencias y desgracias las motiva las clases de gentes que componen la cofradía y el abuso de su devoción, reduciéndose ésta a gastar cada uno de los cabos y mayordomos crecidas cantidades en vino y aguardiente con que los soldados, desde la víspera de la función, se calientan antes que los cañones que llevan sin conocimiento ni inteligencia en su manejo, lo que junto con la excesiva carga, descuido o menos condición del arma, repite las desgracias cada año; cuya experiencia me ha hecho negarles la licencia en éste para la soldadesca, procurando inclinar a los mayordomos de la cofradía a que reduzcan sus obsequios a un decoroso ornato de la Santa Imagen, de que absolutamente carece, gastando toda la pólvora de su devoción en salvas y comidas, sin la menor utilidad del santuario. Esto es lo que oculta el religioso celo del padre capellán D. Simón Díaz, y lo que me toca informar a V. I. para que, inteligenciado de ello, disponga lo que sea de su mayor agrado, en el ínterin que ruego a Nuestro Señor dilate su importante vida muchos años" (4).

6.- LA CRUZ DEL TÍO CHARRITO

En el camino que va desde Huéscar a la ermita de la Virgen, dando vista al imponente macizo pétreo de Marmolance, a la mano izquierda, puede observarse sobre una pequeña elevación del terreno una cruz de madera que corona un montículo de guijarros. Según González Barberán, Charrito era un cartero de principios del siglo XIX que fue muerto en ese lugar. Para perpetuar su recuerdo se colocó allí una cruz.

Los viandantes que pasaban por el camino, al llegar junto a la cruz, rezaban una oración y lanzaban una piedra como testimonio de piedad por el difunto. Así ha sido costumbre en muchos lugares de España. La cruz del tío Charrito es un punto de referencia en la romería del 15 de agosto. Desde ella se divisa la ermita. La Virgen ya está cerca de su casa.

Allá por finales de los años 50 se publicó el siguiente poema. En él se da una versión distinta del origen de la cruz. Pero es interesante y merece ser conservado y conocido. Fue escrito por Cándido Sánchez Triguero "Pelú de Marras", entendido en temas oscenses y buen amigo nuestro.

Tiene Huéscar una ermita

llena de encanto y belleza

donde venera una Virgen

pequeñita y morenita,

llamada "de la CABEZA".

 

Si a ella vas, peregrino,

plantado sobre un otero,

hallarás en tu camino

un carcomido madero,

retrato de aquel divino

que inmortalizó el Cordero.

 

Es una Cruz ... humilde, ... silenciosa...,

como un solitario cirio.

 

La pusieron por pena o alegría.

El ancho campo lo llena

con su Misterio y Poesía.

 

¿Quien no ha elevado al Cielo una plegarla

a la vista de estos nobles maderos

que están por toda España en los senderos

en recuerdo de algún drama sangriento

o marcando caminos o linderos?

 

Esta la Cruz que inspiró estos renglones,

que tiene como muchas su leyenda,

sobre un montón enorme de pedruscos

que, según me contaron, son ofrenda

de un leñador viejete y menudito

que tenía por mote "el tío Charrito".

 

El cual, cuando madrugaba,

detrás de su borrico hacia la sierra,

por cada Avemaría que rezaba

un pedrusco cogía de la tierra

y dentro de la alforja lo guardaba.

 

Al pasar por el lado de la Cruz

la pesada mochila descargaba.

 

Así un día y otro día

sus oraciones rezando

y pedruscos recogiendo

a la Cruz los fue llevando

y ese gran montón fue haciendo.

 

Cuando paso por la Cruz

que está puesta sobre el hito,

que con rezos y paciencia

poco a poco hizo el Charrito,

¿pienso sería en penitencia

por purgar algún delito

que tendría en la conciencia?

 

¿O es sencillamente un mito

la historia que me contaron,

y con el correr del tiempo

al Charrito le achacaron?

 

Por su origen pregunté,

lo escrito me relataron.

Si es verdad, yo no lo sé;

ni tampoco me aclararon

de aquel trabajo el porqué.

La deteriorada cruz, castigada por los vientos y los fríos que bajan de la Sagra, ha sido sustituida recientemente por los hermanos de la Virgen de la Cabeza. El día 10 de junio de 1993 le fue encargada una nueva a Pedro Ruiz Carrión. Fue construida con la madera de una vieja colaña y tiene las siguientes medidas: 270 centímetros de altura, 132 de anchura y 12 de grosor. Los extremos de la cruz han sido redondeados.

Esta cruz fue colocada en el lugar de la antigua el día 25 de junio de 1993 por el citado Pedro Ruiz Carrión, Urbano Gor Martínez y Manuel Carayol Gor. Queden aquí sus nombres para el recuerdo de la historia.

7.- EL SIGLO XX: HASTA LA GUERRA CIVIL

Poco es lo que hemos podido averiguar del primer tercio del siglo XX con respecto a la Virgen de la Cabeza y a su hermandad. A finales de los años 20, según las interesantes memorias (5) de José García Soler, que por aquel entonces era monaguillo, había la costumbre de detener la imagen de la Virgen frente a la puerta de los devotos que lo solicitaban. Se rezaba un Padrenuestro al Cristo de los Milagros y se cantaba la Salve Popular a la Virgen, casi siempre en memoria de los difuntos de la familia que, agradecida, ofrecía una limosna en grano o en metálico para el culto.

El sábado anterior a la Romería había costumbre (que se conservó hasta 1960) de salir los miembros de la hermandad, acompañados de la bandera, el pito y el tambor, y visitar las casas de los hermanos, la Casa Cuartel de la Guardia Civil, la Casa Parroquial y el convento de Madres Dominicas. A la puerta de cada uno se bailaba la bandera.

El mismo García Soler nos relata que la camarera Dª Rita Carrasco, esposa de D. Jacinto Arias, directivo de la hermandad, encontró una imagen de Cristo Crucificado en un trastero junto al camarín de la Virgen. La talla, de tamaño mediano, estaba muy deteriorada. Comunicaron el hallazgo al sacerdote D. Ramón Fernández Pla, de fino gusto artístico y encargado de las obras y restauraciones de Santa María. Éste arregló la imagen, que, tras ser bendecida, acompañó desde entonces a la Virgen. Venerado bajo la advocación de "Cristo de los Milagros", fue colocado en la pared derecha de la ermita, en una hornacina con puerta de cristal, y allí permaneció hasta su destrucción en 1936.

La misa se celebraba, como ahora, a las 12 de la mañana. Era concelebrada por tres sacerdotes, con sermón solemne y acompañamiento musical a cargo de los cantores de la parroquia. Parece ser que en aquellos años la procesión de la subasta tenía lugar a las 4 de la tarde, después de la comida de hermandad que celebraban los miembros de la cofradía y las autoridades invitadas en la cocina del cortijo. También había costumbre de repartir pan (especialmente amasado para la ocasión ) a cuantos necesitados se acercaban ese día a la ermita.

En las elecciones de 1936, las anteriores a la Guerra Civil, que dieron el triunfo al Frente Popular, se habilitó el cortijo como sección electoral (6). Meses más tarde se desató la ola revolucionaria que aniquiló imágenes, pinturas, templos, archivos y todo aquello que pudiera tener el más ligero matiz religioso. La Virgen de la Cabeza no se libró de la obsesión anticatólica y anticultural de las masas llenas de odio y de ignorancia. La imagen de Nuestra Señora fue arrastrada por los alrededores de la ermita y destrozada totalmente. La del Cristo tuvo mejor suerte, porque, aunque maltratada, fue escondida en la báscula que se alzaba cerca. La ocultación de una imagen religiosa podía suponer la pérdida de la vida para quienes lo hicieran. Terminada la guerra y restablecido el derecho a practicar el culto católico, Calixta Román y Catalina Martínez Martínez devolvieron la sagrada imagen a la hermandad. Gracias a ellas no se perdió todo lo que había poseído antes de la confrontación. El archivo con los datos históricos de la hermandad desapareció en su totalidad. Se hizo necesario rehacer de memoria los estatutos y empezar a sustituir casi desde la nada el destruido patrimonio.

8.- EL SIGLO XX: DESDE 1939 A NUESTROS DÍAS

El fuerte y arraigado componente tradicional de esta fiesta ha permitido su supervivencia sin demasiados contratiempos y que se haya adaptado satisfactoriamente a las nuevas mentalidades de la sociedad y de la Iglesia.

La antigua soldadesca no desapareció totalmente. Durante muchos años, cuando la Virgen llegaba a la ermita del Ángel, tenía lugar el disparo a unos pingorotes de gasones que se levantaban en los bancales próximos. A la voz del Hermano Mayor, que gritaba "¡Viva la Virgen de la Cabeza!", los arcabuceros disparaban sobre los gasones hasta desmoronarlos. Se celebraba mucho a los de mejor puntería. Parece ser que, por los años veinte, un hombre murió a consecuencia de un disparo de estos arcabuceros y se prohibió, ya definitivamente, el uso de armas de fuego en la fiesta (7).

En la actualidad las fiestas de la Virgen se celebran con el siguiente orden:

- Último domingo de julio: La Virgen de la Cabeza y el Cristo llamado "de los Milagros" (8) hacen su entrada en Huéscar, con procesión desde la ermita de la Soledad hasta la parroquia de Santa María.

- Del 6 al 14 de agosto: Novenario en Santa María. El texto de la actual novena fue aprobado por la autoridad eclesiástica el 17 de mayo de 1993. El día 14, tras la novena, se celebra la procesión .

- Día 15. A las 5 de la mañana, los "Despertadores" recorren la ciudad cantando sus tradicionales coplas en los lugares señalados por la tradición. A las 7, se celebra en Santa María la Misa de Alba (9) y, a continuación, el pueblo entero acompaña a las Sagradas Imágenes. Al llegar al Santo Ángel, la Virgen es despedida y comienza la romería, entre pinares y fresco aire mañanero, rumbo a la ermita. Al llegar allí, la hermandad invita a los peregrinos a sangría. A las 12, la celebración de otra Misa congrega a los numerosos fieles que han sido capaces de encontrar un hueco en el recinto. Posteriormente, la Virgen y el Cristo son llevados en procesión por los alrededores de la ermita, cruzan la acequia y regresan. Tanto el paso por ésta como la entrada en la ermita se realizan mediante el método de subasta o puja, llevando las andas aquellos que ofrecen una cantidad mayor.

En estos últimos años, la fiesta de la Virgen de la Cabeza ha conocido un nuevo y creciente esplendor, debido en buena parte al denodado esfuerzo de su Hermandad, que lucha por mantenerla en un ámbito estrictamente religioso y popular, como lo fue en su origen, y también al decidido apoyo de la parroquia, especialmente por parte de D. Francisco Domingo Lorén, párroco de Santa María durante 18 años, que ha prestado a estas celebraciones, como a todas las tradiciones oscenses, su colaboración más activa y entusiasta. Con sencillez de medios se rinde decoroso y sentido culto a la Reina de Marmolance. Las antiguas comidas de hermandad, que a veces escandalizaban tanto, han sido sustituidas por abundante sangría y sabrosos frutos secos que se ofrecen a los romeros; siguen acompañando a la Virgen los símbolos de antaño: la alabarda, el paje, el pito y el tambor que hacen sonar incansablemente su vieja y alegre melodía (10); la bandera, amplia y abierta, se tremola ("se baila", en el argot de la fiesta) con maestría; las pujas para meterse con las imágenes en la acequia o para entrarlas en la ermita todavía proporcionan los medios económicos que tan necesarios son para la vida de la Hermandad.

En 1985, y a petición de la Hermandad, el Excmo. Ayuntamiento de Huéscar rotuló con el nombre de la Virgen de la Cabeza una calle y una plaza. La calle da comienzo en el lugar donde la Avenida de Andalucía pasa a ser la carretera de Castril, junto a la antigua iglesia de San Francisco, y termina, por ahora, en la plaza del mismo nombre, inmediata a la calle Manilva.

En 1990 fue colocada en la pared lateral izquierda del interior de la ermita una gran placa de mármol para perpetuar los nombres de los miembros de la Hermandad de aquel año. Su texto dice así:

Presidente: Sr. Cura Párroco: D. Francisco Domingo Lorén

Secretario: D. Manuel Carayol Gor

Camarera: Dª María José Marín Rodríguez

Abanderado: D. Ricardo Marín Adán

Hermanos:

Desde el año 1968 dejó de salir en la procesiones la tradicional alabarda, distintivo tan característico y arraigado en nuestra fiesta. Hubo algún año en que incluso no se sacó la banderola, a causa de abandono o escasa organización. Por eso, en 1992, se acordó lo siguiente: el hermano tesorero tiene la obligación de portar la banderola al año siguiente de su tesorería; al segundo año, el cetro de Nuestra Señora; al tercer año, pasa a ser Hermano Mayor y saca el cetro del Santo Cristo; al cuarto año, lleva en procesión la alabarda; y luego pasa a convertirse en un hermano más, hasta que, pasados 12 años, pueda volver a ser tesorero.

BIBLIOGRAFÍA

- AA. VV. Mapa arqueológico de la comarca de Huéscar subdividida en términos municipales. CEP de Huéscar, 1992.

- Archivo Municipal de Huéscar.

- ABELLÁN, José Pío. Cofradías y hermandades de la vicaría de Huéscar en 1854. Manuscrito conservado en el Archivo Diocesano de Toledo.

- CARAYOL GOR, Rafael. Galera. Moriscos y cristianos. Guadix 1999.

- CARAYOL GOR, Rafael. Orce. Apuntes de su historia. Baza 1993.

- GARCÍA SOLER, José. Procesiones y fiestas religiosas en Huéscar antes de la Guerra Civil. Inédito. Huéscar 2001.

- GARCÍA SOLER, José. Memorial de los retablos e imágenes que existieron en las iglesias y capillas en la ciudad de Huéscar, antes de su destrucción a 1º de agosto del año 1936. Inédito. Huéscar 1983.

- GEA ARIAS, Andrés. Castril de la Peña. Guadix 1998.

- IRIARTE E IRIARTE, Conrado. ¡Al agua, Santas benditas! Huéscar 1932.

- Libro de actas de la Hermandad de la Virgen de la Cabeza de Huéscar (1940-2001).

- Responsorio de los curas de Huéscar a un interrogatorio del Arzobispo de Toledo (1782). Manuscrito en el Archivo Diocesano de Toledo. Transcripción en el libro "Al aire de la Sagra" (págs. 77 a 96). Huéscar 1995.

 

1. Gracias al libro de quien fue párroco de Castril, D. Andrés Gea Arias, citado en la bibliografía, disponemos de los pocos datos conservados de esta ermita, incluyendo una relación de ermitaños.

2. No siempre había sido así. Por el documento que comentamos en este mismo epígrafe, el año 1758 la romería se celebró el día 21 de mayo. Hay una tradición oral en Huéscar que afirma que la fiesta de la Virgen de la Cabeza se celebra el domingo siguiente a la de las Santas. Posiblemente haya quedado ese dato en la memoria del pueblo. También hay una letra de seguidillas en la que se unen la Virgen de la Cabeza y las Santas:

Virgen de la Cabeza,

Santas benditas,

al pie de Marmolance

tiene su ermita.

3. No es exclusiva de Huéscar la soldadesca. En Orce, durante las fiestas de San Antón y de San Sebastián, y en Galera, tienen una actuación fundamental a lo largo de las celebraciones no exclusivamente litúrgicas.

4. Archivo de la Real Chancillería de Granada. Cabina 321. Legajo 4395. Pieza nº 25.

5. Inéditas hasta ahora, pero que posiblemente vean la luz en poco tiempo.

6. Según noticia de El Defensor de Granada el día 4 de marzo, según consta en la monografía que sobre aquellas elecciones escribió Pertíñez Díaz (Las elecciones del año 1936 a Diputados a Cortes por Granada. Granada 1987).

7. Según datos comunicados a la hermandad por el estudioso oscense D. Cándido Sánchez Triguero.

8. En ocasiones llamado también "de los Cabreros". En otros documentos aparece con el nombre de "Cristo de la Guía", como sucede con los Cristos que preceden y encabezan las procesiones de penitencia. Parecer ser que ese Cristo procedía de la desaparecida ermita de Santa Quiteria, según noticia oral recogida por D. Cándido Sánchez. La ermita de Santa Quiteria, ya desaparecida, se levantaba cerca del puente sobre el río Huéscar. Más adelante se da otra versión, no necesariamente contradictoria, sobre este Cristo.

9. Desde hace ya más de una década se canta en esta Misa de Alba la llamada "Misa Oscense", adaptando los textos litúrgicos sobre músicas tradicionales del folklore de Huéscar: seguidillas, fandangos, jotas, etc.

10. El autor de la partitura de la zarzuela "¡Al agua, Santas benditas!" , D. Vicente García Lacal, se inspiró en esta melodía para componer en 1932 (con letra de D. Conrado Iriarte) aquello de

Para poder casarse

se necesita

elegir a la novia

en esta ermita.

Y está probado:

yo que hice la experiencia

ya estoy casado.

Si calla una mocita,

que ya es rareza,

hay que traerla a la Virgen

de la Cabeza;

y en una hora,

si viene taciturna,

vuelve habladora.

No deja de ser sugestiva la teoría que nos ha comunicado el estudioso oscense D. Jaime Dengra sobre la influencia de los chistularis navarros en dicha melodía. La premura de tiempo para esta edición nos ha impedido profundizar en el tema.

 


ÍNDICE: Portada / Trabajos de Historia / Mis versos / Temas literarios y musicales / Otros temas / Versos ajenos / Álbum de fotografías  / Viaje de estudios / En clase de Lengua / Apuntes de Literatura / Textos de alumnos /